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«... Y esto no ha hecho más que empezar»

La realidad pura y dura, y aunque leerlo en frío parezca una bestialidad (que lo es), a estas alturas de la película ya da lo mismo que ardan 26 o que ardan 260 coches. Ese, aun siendo un problema gravísimo, no es la verdadera lacra de Jinámar.

Quienes conocen el lugar desde sus raíces, porque lo llevan en las venas, tienen la desagradable obligación de recordar que este no es el primer desmán... ni siquiera el duodécimo.

Suso Santana, un histórico activista con nada menos que 35 años como agente social en el barrio, su barrio, vaticina lo peor: «Ya lo advertí en enero y así estamos ahora... Y esto no ha hecho más que empezar».

No es preciso remontarse muy atrás para dar con los ejemplos de barbaries más recientes. Hace sólo dos semanas, tres coches quemados. Hace ocho días, dos taxis destrozados en Eucaliptos I. Cada dos o tres días, contenedores en llamas en cualquier esquina.

¿Seguimos...? No hace falta.

En busca de un símil suficientemente visual, la situación actual de Jinámar se asemeja a ese vagón que está llegando a lo más alto de la montaña rusa y avanza lentamente hacia esa caída vertiginosa que augura un final poco menos que mortal.

Y todos los que tienen en su mano activar la palanca del freno para que miran ese vagón desde abajo, tranquilos y fuera de peligro y, lo que es peor, impasibles.

Hoy, contra Jinámar han hecho piña dos asesinos de la tranquilidad y el desarrollo: la presencia de muy malos hábitos y la carencia de actuaciones.

Santana tiene una visión bien argumentada de lo que está ocurriendo. Y es que ya son muchos años de experiencia.

«Existe un consumo al alza de sustancias muy peligrosas, drogas que se habían erradicado y que han entrado de nuevo en el barrio. Damos pasos atrás. Volvemos a los años 80 e incluso los picos de delincuencia de entonces podrían superarse. Y aunque todos los que pueden evitarlo lo saben, nadie hace nada. Y no me refiero sólo el Ayuntamiento, porque muchas veces se ve superado. Aquí deben actuar el Cabildo y el Gobierno de Canarias. Es preciso que todos estén en primera línea o esta batalla la vamos a perder».

Carente de casi todo. La triste realidad que describe Santana es que Jinámar, «una ciudad dentro de otra», como la califica, soporta gravísimas carencias.

La lista parece interminable:

No hay política social y la poca que se emprende no resulta efectiva, porque a pesar de los esfuerzos de quienes lo intentan, los resultados no cuajan, terminan diluyéndose.

No hay centros de drogodependencia.

No hay talleres ni actividades para la juventud, que se encuentra sin alternativas positivas.

No hay comisaría. La hubo, pero la cerraron.

No hay control ni vigilancia ni por parte de las fuerzas policiales, ni de la Local, porque carece de efectivos; ni de la Nacional, porque no se atreve a entrar.

No hay locales sociales y todos los centros cívicos están cerrados: la Casa de la Condesa y la Gerencia, las canchas deportivas, los edificios propiedad de las instituciones o están cerrados, o abandonados o tomados por okupas.

La lista de necesidades también es larga y Santana la conoce bien: «Es preciso poner en marcha una unidad de trabajo social que atienda y que dé cobertura y atención a toda esa gran cantidad de población en situación de vulnerabilidad que vive en un barrio al que, además, las instituciones tienen totalmente descuidado y desprovisto de las atenciones básicas».

Y a la dejadez institucional Santana agrega las peleas internas entre las administraciones.

«Aquí hay casi 30.000 vecinos y los dos ayuntamientos que se reparten el barrio no se entiende. ¿Cómo van a arreglar algo de esa manera? Será mejor que todos empiecen a trabajar unidos, porque van a tener que actuar rápido, antes de que a esto ya no se le pueda poner remedio».