Canarias7
Blanca E. Oliver / Telde

Los Marinos culmina su única rehabilitación en 45 años de vida

En tiempo, en forma y en presupuesto. A la rehabilitación de los seis edificios de Los Marinos, en Melenara, le queda medio telediario. De hecho, sólo falta dar cumplida cuenta de los remates. Esas deficiencias de última hora que detectan los vecinos cuando revisan la obra y que se van subsanando sobre la marcha.

Carmelo Ramírez, gerente de Fomentas, la empresa municipal de vivienda y suelo que se ha encargado de supervisar el proyecto, asegura que, aunque para estas últimas tareas no hay un plazo previsto, lo habitual es que en dos semanas o, como muy tarde, en un mes, esos detalles estén zanjados.

Así, después de una década en la que se hacían arreglos puntuales pero no se atacaban los problemas de fondo de este complejo de edificios, Ramírez afirma que se ha ejecutado un trabajo completo y profundo, que hará que los inmuebles no requieran más reparaciones hasta dentro de, al menos, siete u ocho años.

La dirección facultativa, es decir, el control técnico de la obra, ya se ha hecho y se ha comprobado que la empresa adjudicataria, Pinturas y Reformas Montelongo. ha ejecutado satisfactoriamente todos los trabajos que estaban proyectados. Los flecos pendientes son, finalmente, lo de menos.

De esta forma, se acaba con las penurias de unos edificios que ya soportan 45 años de vida en sus fachadas y a los que se les ha dado algún que otro lavado de cara que, además, nunca ha satisfecho a los habitantes de sus 132 viviendas.

Pero esta vez sí.

Las obras definitivas comenzaron en noviembre del año pasado y, tras once meses de trabajos y una inversión de cerca de un millón de euros procedentes del Fondo de Desarrollo Económico de Canarias (Fdcan), hoy se puede afirmar que los edificios de Los Marinos están completamente rehabilitados.

Recompuesto.Cuando el Ayuntamiento decidió meter maquinaria y obreros en Los Marinos, se enfrentó a inmuebles llenos de humedades, grietas y desconchones, y con la imperiosa necesidad de recomponer sus zonas comunes.

De hecho, se barajó la posibilidad de tirarlos y levantar otros nuevos, pero la situación económica no lo permitió. Por eso, cuando se contó con los fondos del Fdcan, la iniciativa fue imparable.

Con esas mimbres, se han renovado las fachadas, en las que incluso ha habido que sanear hierros y reconstruir vigas, y se han restaurado los espacios comunes con instalaciones eléctricas, sistemas de abastecimiento de agua y porteros electrónicos nuevos.

Además, se ha reparado la urbanización circundante, tanto la zona de skate como el campo de fútbol sala.

Incluso el capital disponible ha permitido mejorar calidades y se ha aplicado pintura lavable, se han colocado luminarias de led y se han instalado pasamanos y barandillas.

Y es que ya se sabe que vivir junto al mar es maravilloso para todos, excepto para los edificios.