Canarias7
Javier Darriba

Vecinos de Tafira piden paralizar la ampliación de un colegio

Un grupo de vecinos de Tafira, respaldados por la asociación Bandama Tafira Alta, ha presentado cuatrocientas firmas al Ayuntamiento para que revise el proyecto de expansión que tiene en marcha el colegio Oakley en el barrio y que se le retire la licencia de obra.

En estos momentos, el centro educativo tiene en marcha dos iniciativas en Tafira Alta: la creación de un parque deportivo en una parcela de 5.000 metros cuadrados en Los Lagares, que ya está en marcha; y la construcción de un nuevo edificio educativo sobre las canchas que tenía el antiguo colegio Jaime Balmes en el barrio. En este caso, se trata de un inmueble que tendrá doce aulas, comedor, cocina, gimnasio y zonas de recreo. En principio, no estará listo hasta el curso 2019/20. Los dos proyectos tienen un coste total de dos millones de euros, según la información que facilita el propio colegio en un boletín informativo, Oakley News, publicado en junio.

«Los vecinos del barrio de Tafira convivimos en este momento con tres establecimientos del colegio Oakley, repartidos por nuestro barrio, que acogen a más de quinientos alumnos que deben llegar a las instalaciones educativas desde fuera del barrio por unos accesos que no están preparados para ellos», exponen los afectados en un escrito, «con los nuevos proyectos, serían cuatro establecimientos de la mercantil en un mismo barrio y en un radio que no llega a los quinientos metros».

Marta Plasencia es una de las residentes que ha promovido la recogida de firmas entre los vecinos de Tafira Alta. «Hoy en día, estos colegios generan un caos de tráfico en un barrio que no está preparado para soportar tal volumen de tráfico», señala la vecina, «no es que no queramos el colegio, es que ya tenemos dos».

Los vecinos presentaron una carta exponiendo sus preocupaciones al alcalde, Augusto Hidalgo, pero fue derivada al área de Urbanismo. Su concejal, Javier Doreste, aseguró que «no he recibido comunicación alguna de los vecinos», pero aclaró que «la licencia del colegio Oakley es legal» y, por tanto, nada puede hacerse.

Pero esto no para a los vecinos. «Aunque la licencia esté bien concedida, hay que tener en cuenta que no puede darse una licencia sin tener en cuenta sus consecuencias, sin un estudio de movilidad y sin tener en cuenta el impacto ambiental». En su opinión, «estamos ante un expediente que antepone el exclusivo beneficio de una entidad mercantil, en sus obras d e nueva edificación, al perjuicio evidente para el patrimonio histórico presente en el entorno urbano inmediato y a la propia urbanización residencial en que ésta desarrolla su actividad».