Canarias7
Eduardo Reguera

Una guía centenaria

Tiene 150 páginas, más de 35 anuncios publicitarios, 41 fotograbados y 3 mapas desplegables. Fue impreso en Barcelona, en la imprenta de Juan Vidal.

Recuerdo como llegó a mis estantes. Todo comenzó con una preciosa mesita de costura de factura italiana que tenía una particularidad. Si levantabas el tablero accedías a un compartimento y sonaba la canción de cuna de Brahms. Una decorativa pieza que puse a la venta y fue a parar a manos de un coleccionista con buen gusto, que al conocer mi pasión por la historia me obsequió con esta escasa y curiosa guía de principios del siglo XX, que como reza su portada, se podía adquirir en la librería de Rafael Enríquez Padrón, situada en la calle Remedios.

El curioso volumen despertó mi curiosidad desde el primer momento, y ahora que he vuelto sobre él, me encuentro atrapado en un punto intermedio, entre la sección de anuncios y uno de sus delicados mapas desplegables. La ciudad en dos dimensiones se extiende ante mí como un evocador teatro de operaciones donde me muevo a mi antojo. Sobre el papel soy un viajero que se deja llevar por su imaginación.

Sobrevuelo el mapa con mi dedo y me detengo en el acreditado comercio de Luis Rivero, en la calle Remedios número 1. Según revela la guía posee un amplio surtido en tejidos, pañuelos y maletas de mano. Es un buen sitio para comprar un paragüas de calidad, confeccionado en Las Palmas. Paso página y me desplazo a Triana 39, donde se halla la relojería alemana de Juan Pflüger. Dice tener precios moderados, y recibir cualquier trabajo de compostura relacionado con el ramo. Precisamente tengo un reloj de bolsillo que se paró hace tiempo. Quizá puedan resucitarlo. Deslizo la hoja y llama mi atención otro reclamo. El de un almacén de comestibles llamado Puerta del Sol, en Doctor Chil, 26. Aquí venden el célebre anís Pensamiento y la sidra champagne marca El Gaitero. Llevaré una botella de cada. También hay fruta cristalizada, turrones de todas clases, quesos de bola y de plato. Volvemos a Triana. Esta vez el papel me lleva al número 87. La librería papelería High-Life es especialista en postales. Compraré unos cuadernos y una de esas vistas de Vegueta que tanto me gustan. No muy lejos de aquí, en el número 48, está la sombrerería de Manuel Pérez Jorge. Una buena ocasión para reponer el sombrero que perdí en el artículo del París Garage. Me ha entrado apetito. Comeré algo en el English Bar, en la plaza de la Constitución número 10. Se sirven cenas con prontitud y esmero. Justo lo que necesito.

El timbre del teléfono acaba de romper el encantamiento. Atiendo la llamada. Es uno de mis contactos. Me cuenta que han aparecido unos murales en las paredes de una casa que están reformando en Vegueta. Un nuevo caso. Es en el piso que está justo encima de aquel local donde aparecieron símbolos masónicos tras el papel pintado. Anoto los datos en mi cuaderno y cuelgo el auricular. ¿Por dónde iba? ¡ah, sí! el English Bar... Retomo la guía de Las Palmas de 1911 y me reclino en mi butaca. Es una noche cualquiera de septiembre, y sin darme cuenta vuelvo a sumergirme en mi querida ciudad, tal cual era a principios del siglo pasado, y sin salir de mi gabinete.