Canarias7
Rebeca Díaz

La última promoción del Generalísimo

El actual Ceip Las Canteras cambió la denominación de Generalísimo Franco que mantuvo desde su entrada en funcionamiento como centro educativo en el curso 1942-1943, por la de Colegio Público Las Canteras en 1989. Este año cumple su 75º aniversario bajo el nombre que finalmente adoptó en 1996. «Era necesario cambiarlo», explica Paco Pelayo, que fue profesor de Lengua y Literatura del centro durante 28 años, 22 de ellos bajo el cargo de director.

«Se barajó el nombre de Alfredo Kraus, pero finalmente se optó por el de Las Canteras porque era el entorno más cercano al centro», explica en una visita a las instalaciones del colegio que se ubica entre las calles Américo Vespucio y Faro del barrio de La Isleta, junto a un grupo de alumnos pertenecientes a la última promoción previa al cambio de denominación, entre los que se encuentran dos integrantes del Consejo Escolar que abogó por ese cambio, Daniel Cuadra y Daniel Navarro. «Llevamos el cambio de nombre al Consejo», explican.

Recorriendo las dependencias del centro, estos adultos que pasan de los 40 regresan a los cinco años con los que se conocieron «en parvulitos». Anécdotas, travesuras y una infinidad de recuerdos surgen en cada rincón. Todos ellos desde el «cariño» que aseguran les despierta regresar a un espacio que solo Leonardo Cuadra vivió como CP Las Canteras, «porque repetí», y que había vuelto a pisar porque «con 21 años hice aquí la objeción de conciencia».

Mientras charlan con quien asumió la dirección del centro hasta 2011, se les viene a la mente nombres como los de Begoña, Olga, Susi o Pepa, miembros de un profesorado que formó parte de sus vidas hasta los 14 años y para el que solo tienen buenas palabras.

«Teníamos muy buenos profesores que se preocupaban por nosotros», afirma Fran Menacho, delegado de su clase en esos años y uno de los culpables de que el grupo volviera a reunirse en 2013 después de muchos años. «Algunos hacía 25 años que nos no veíamos», explica quien se ha preocupado por crear un grupo de Facebook para compartir recuerdos y mantener el vínculo.

Además de los nombres de un profesorado «que iba más allá de sus funciones porque estaba muy pendiente sobre todo de los niños que tenían más dificultades», como señala Daniel Cuadra, y que, «incluso, como Paco ponía dinero de su bolsillo para hacer las fotocopias de los exámenes, porque era una época en la que el centro tenía muchas carencias», corrobora su hermano gemelo Leonardo, surge la figura de Reyes, la portera del centro «y nuestra segunda madre», recuerda Menacho, y de la que este grupo de antiguos alumnos solo guarda buenos recuerdos.

«Cuando nos reunimos volvemos a esa época», explica Elena Félix al referirse a los compañeros de un centro en el que también estudiaron «mis hermanos y mi padre» y a los que en muchos casos no había vuelto a ver hasta el encuentro del año 2013, «porque estuve viviendo fuera».

Yolanda Delgado reconoce que era una de las más traviesas y que mucho del tiempo que estuvo en el colegio lo pasó «penada en el banco del pasillo», de ahí el apelativo cariñoso que le dan sus compañeros de «lady pasillo». Sin embargo, cuanto evoca aquellos años sus palabras son de cariño.

Mientras ellos evocan su etapa escolar, Paco Pelayo explica que «eran buenos niños, revoltosos pero no daban problemas». Además, destaca el ambiente multicultural que siempre ha tenido el centro y su política de puertas abiertas a cualquier niño. Así, apunta que se llegaron a tener «hasta 20 nacionalidades», porque acudían niños gallegos, hindúes, marroquíes, saharauis o senegaleses, y que «con el boom de la construcción» empezaron a llegar «ecuatorianos, colombianos, argentinos, alemanes y algunos nórdicos».

Los propios exalumnos se recuerdan como una centro que no excluía a nadie. «Éramos el único colegio que aceptaba a todos los niños», indica Menacho.