Canarias7
José L. Reina

El pipican de La Ballena se queda sin perros

Vanesa Moreno, Esther Ramírez y Mari Ángeles Martínez han dejado de ir al parque para perros de La Ballena. No aguantan más la suciedad, inseguridad y precariedad de las instalaciones. Vanesa incluso tuvo que ir al médico por las numerosas picadas de pulgas que recibió en una de sus últimas visitas. La mayoría de los usuarios que comenzaron a utilizar esta instalación «han dejado de ir. El mal estado del parque hace que los perros cojan enfermedades, y nosotras nos llenemos de picaduras de pulgas»

En verano, misión imposible

Además de la existencia «de un foco de infección», como denuncian las vecinas, las instalaciones con las que cuenta el pipican hacen que en días de mucho calor sea imposible llevar allí a las mascotas, porque «no hay ni un solo lugar de sombra, y el agua para los perros está ardiendo». Carecen de información sobre el uso y normas del parque, no cuentan con baños, la seguridad es inexistente, al igual que el alumbrado, «para hacer esto, mejor no haber hecho nada».

Un pipican con «botellas rotas y jeringuillas»

Muchas familias han borrado del mapa este parque, sobre todo por el peligro que conlleva para los niños. Vanesa Moreno afirma que «hemos encontrado botellas rotas y hasta jeringuillas, muchas personas lo utilizan para beber y drogarse por la falta de vigilancia». Ante la falta de medidas tomadas, los vecinos y sus mascotas se han trasladado al barranco, fuera del complejo, algo que no entienden porque lo único que solicitan es más espacio en un parque que es el más grande del municipio.

Piden una solución «urgente» ante un problema real

Los afectados, unidos a través de una asociación, afirman que «mientras que en otros municipios o en otras islas se han creado parques para perros en condiciones y realistas, aquí parece que no son conscientes de que las mascotas forman parte de la familia de miles de personas». La principal pregunta que se hacen es de quién es la competencia de estos parques especiales, porque desde el Ayuntamiento no les ofrecen una respuesta clara.

- Esther Ramírez, Vanesa Moreno y Mari Ángeles Martínez.
«No somos delincuentes»

Desde que salieron del pipican para frecuentar el barranco con sus mascotas, donde sí cuentan con espacio suficiente para correr y jugar, las vecinas se encontraron con un nuevo problemas, las multas policiales. A veces «parecía que vendíamos droga o éramos unas delincuentes. Los perros no son asesinos, y si no quieren que estemos en el barranco, que hagan un parque en condiciones».