Canarias7
Rebeca Díaz

El cerdo que mantiene su sonrisa

La jubilación de Hartwing Hansen, que durante casi medio siglo llevó las riendas del restaurante El Cerdo que ríe -y de su vecino El Gallo feliz- desató los rumores de cierre de un establecimiento vinculado al paisaje del paseo de Las Canteras, que nació enfocado a una clientela extranjera y que acabó ganándose al público local.

Sin embargo, lejos de despedirse, el negocio afronta una nueva etapa de su historia de la mano de Arash Deldar, un empresario de origen persa y nacionalidad sueca que hace un año y medio decidió dejar el país en el que llevaba 40 años viviendo para establecerse en Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad que conocía bien porque «venía regularmente de vacaciones».

Asegura que ha estado «en las cocinas desde hace 33 años» y precisamente esta larga experiencia en la restauración le ha llevado a abrir tres negocios en la plazoleta de Farray en el tiempo que lleva residiendo en la capital grancanaria.

Apunta que tomar el relevo de Hartwing Hansen al frente de El Cerdo que ríe es «un reto» y que es mucho «el riesgo» que corre, sin embargo confiesa que no dudó en hacerse con el traspaso del local «por la historia del lugar, porque tienen una historia propia», dice al referirse al que hace el número 36 de los establecimientos que ha gestionado a lo largo de su trayectoria profesional.

Explica que ha adquirido un complicado compromiso «con el señor Hansen, el de mantenerlo abierto otros 50 años». Para ello considera imprescindible conservar al equipo humano que ha hecho de este restaurante un espacio apreciado por unos clientes que, en muchos casos, han acabado siendo amigos de la casa. Por eso, mantiene a todo el personal, incluido el maître, Felipe Brito, «que lleva 43 años y es la historia de este local», reconoce.

Además, va a conservar prácticamente la misma oferta gastronómica de estos años, ya que responde a una cocina nórdica que conoce en profundidad. Sin embargo, aclara que esto no significa que no vaya a haber ningún cambio, y explica que además de alguna variación en la decoración, su idea es introducir en la carta una serie de platos propios de la cocina típica canaria, algo que entiende puede ser del agrado del público mayoritariamente extranjero que acude al restaurante, pues considera que puede ser una manera de acercarlos a la cultura local.

«Espero escribir un capítulo nuevo de un mismo libro», dice en referencia a la idea de continuidad que piensa desarrollar en un negocio del que quiere «mantener su esencia» y «la fidelidad de su clientela», ya que ha sido un pilar fundamental de un establecimiento que ha sabido «convertir a muchos clientes en amigos», hasta el punto de que incluso «algunos celebraron aquí su boda», como apunta, Thorbjoern Hansen, uno de los hijos del ya expropietario.

Deldar asegura que «está empeñado en sacar adelante» un negocio al que, asegura, siempre «será bienvenido el señor Hansen», su alma máter durante tanto años junto a un socio español con el que abrió un restaurante al que se le dio un nombre peculiar «para que la clientela que venía de un año a otro lo recordara», explica Thorbjoern Hansen.

Asimismo, el nuevo propietario explica que este traspaso es «el testigo» que la familia Hansen le entrega. Y añade que esta cesión se escenificó de una manera simbólica.

Así, cuenta que una de las señas de identidad del local son las muchas figuritas que representan cerdos de todos los tamaños elaboradas en los materiales más diversos, que ocupan una estantería que bordea el perímetro del comedor, formando parte imprescindible de su decoración. Son en su mayoría regalos de clientes que han querido dejar de esta manera su huella en el establecimiento, y la última de esta aportaciones ha corrido a cargo de la esposa del expropietario, la señora Hansen, que ha entregado al nuevo dueño un cerdito de cristal para que continúe la colección.