Canarias7
Paz Bernal / La Aldea

La familia se ‘encharca’

La familia ha sido el eje central de la fiesta de El Charco 2018, en una jornada que ha transcurrido sin incidentes, con un cielo y un mar azul que destacaba sobre los riscos y acantilados de esta zona de la isla.

A la espera del volador que dio el pistoletazo de salida para que aldeanos y visitantes se encharcan en busca de la lisa, padres, hermanos, tíos sobrinos de todas las edades y, sobre todo patriarcas, que presidían las mesas improvisadas en el parque de Rubén Díaz, pasaban el día desde bien temprano a la espera del momento álgido.

Con tres días de fiesta a la espalda y sus correspondientes parrandas, algunos de los más de 8.000 personas que se concentraron junto al Charco, dormitaban para recuperar algo de fuerza mientras que la gran mayoría te ofrecía viandas de todo tipo, «la carne mechada de mi madre no podía faltar», explicaba Cristina, mientras sus familiares insistían en que había que tomar «alguna pesetilla» para poder mantener el ritmo, es decir, beber de un trago el contenido del tapón de una botella de ron miel.

Este ambiente tranquilo y de muchas ganas de disfrute se mezclaba con la unanimidad a la hora de valorar en positivo la apertura del tramo de carretera que ahora convierte en un paseo de una hora de coche, minutos arriba o abajo, la tortura de curvas de hace no mucho tiempo.

El consenso se acaba, eso sí, cuando algunos aldeanos creen que «ahora viene más gente y podemos vivir mejor y poner algún negocio», aseguran, frente a otros que no tienen muy claro que la contaminación que resulta de este contacto con el exterior pueda perjudicar nuestra forma de vivir y nuestras tradiciones».

Respeto. Entre bares repletos, neveras y bolsos y algún que otro remojón en el playa, los aldeanos no olvidan advertir al foráneo de lo que hay que hacer en un día como éste, el más emblemático de sus fiestas patronales, cuando se va acercando las cinco de la tarde.

«Si alguien se atreve a meterse en el charco antes de que suene el volador, le tiramos piedras para que no lo vuelve a hacer más», asegura la familia de Manuel González, uno de los patriarcas. «Además», continúan, «hay que ir vestido adecuadamente, nada de bañador, y con sandalias porque te puedes hacer daño con las piedras del fondo».

A pesar de ser martes, día laborable, «y que las clases ya han empezado y los niños deben estar en ellas, los aldeanos nunca nos perdemos esta fiesta y todos hemos pedido el día libre», comentan entre risas algunas de estas familias.

Los más disfrutones se colocan alrededor de una buena parranda, cantan hasta la extenuación, protegidos con gorros y gafas de sol y muy atentos a la Banda de Agaete, que, como el Flautista de Hamelín, va atrayendo a todos los asistentes camino de El Charco, a paso lento pero con un jolgorio imparable.

La imagen de miles de aldeanos dentro del agua, buscando el premio gordo de una lisa en su cesta, cierra el gran momento.