Canarias7
Rosa Rodríguez

Apicultura en el Parque Nacional

Cien millones de abejas en el Teide

La apicultura no es una explotación agropecuaria inocua para los ecosistemas, aunque a priori pudiera parecerlo, por aquello de que «favorece la polinización de las especies vegetales». Año tras año, el Parque Nacional del Teide utiliza ese argumento como justificación para autorizar que se coloquen colmenas en este espacio de máxima protección. Dentro de unos días, unos 150 apicultores llevarán sus colmenas hasta el Teide, y a bordo irán unos 100 millones de abejas domésticas.

La Apis mellifera no representa en sí misma un peligro para otras especies de abejas, pero sí se convierte en un problema cuando su densidad es tal que compite con las silvestres por los recursos florales (néctar y polen), lo que, según concluyen múltiples trabajos publicados en los últimos años, puede llevar aparejadas graves consecuencias ecológicas en el radio de acción de las abejas, que es de un kilómetro en torno a la colmena.

Y eso está ocurriendo en el Parque Nacional del Teide, donde año tras año, y pese a las advertencias y estudios de sus propios biólogos y de investigadores de otros organismos, se sigue autorizando la apicultura. En 19 de marzo, el Patronato del parque autorizó 2.709 colmenas, que se repartirán en 18 asentamientos apícolas, las mismas que autoriza desde 2014.

El negocio de la miel y la política de promoción de la apicultura de Cabildo de Tenerife, a través de su Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca y de la Casa de la Miel -que gestiona la DOP Miel de Tenerife-, parecen suficiente como para pasar por alto el daño que están provocando las abejas al ecosistema del parque.

Estudios

En 2011 el biólogo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), Alfredo Valido daba la voz de alarma con un estudio que había llevado a cabo junto a otros investigadores en el Teide entre 2007 y 2009 (financiado por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales) para determinar el impacto de la introducción de la abeja doméstica en el parque. Valido concluía que cerca de los asentamientos apícolas no solo disminuía la densidad de polinizadores silvestres, sino que se reducía de manera significativa la polinización y por tanto la eficacia reproductiva de las retamas del Teide y los tajinastes rojos. Y proponía «eliminar completamente las colmenas del parque para proteger la flora y la fauna endémica».

Los biólogos del Parque Nacional llevan desde entonces replicando el estudio de Valido y han comprobado como cerca de las colmenas hay menos semillas dentro de los frutos de las retamas, que aumentan al alejarse.

Manuel Marrero, biólogo del parque, confirmaba en las XVIII Jornadas Telesforo Bravo (2015) «los resultados obtenidos por Valido» y proponía como solución «el barbecho apícola», es decir, ir alternando la ubicación de las colmenas para minimizar el impacto. Pasan los años y el parque sigue autorizando los mismos 18 asentamientos apícolas y las mismas 2.709 colmenas.

El director del parque, Manuel Durbán, daba esta semana por toda respuesta al problema que «se han encargado estudios».

La Apis mellifera es una especie de abeja de interés económico. En eso están de acuerdo apicultores, autoridades y científicos. Las discrepancia llega cuando se habla de si es mejor o peor polinizadora que las abejas silvestres -Pedro Oromí, catedrático de Zoología de la ULL, sostiene que son «peores que las autóctonas e impiden la polinización natural»- o de cómo altera el ecosistema. Además de biólogos de prestigio, Alfredo Valido (CSIC), Manuel Nogales (CSIC) o Wolfredo Wildpret (ULL), y de los propios biólogos del Teide, otros investigadores como Jonas Geldmann y Juan González-Varoque, de la Universidad de Cambridge, sostienen que las abejas domésticas, además de competir con las especies silvestres por recursos florales y disminuir la polinización, «están relacionadas con la propagación de enfermedades a los polinizadores silvestres a través de flores compartidas». En un artículo publicado en enero de este año en Science, afirmaban, entre otras cosas, que «la apicultura es una actividad agraria que no debe confundirse con la conservación de la vida silvestre» y advertían de que «las colmenas no deben colocarse en áreas protegidas, donde es probable que causen el mayor daño a los polinizadores silvestres».