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Gaumet Florido

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Sanidad de beneficencia

Gaumet Florido

Con la salud pasa como con Santa Bárbara, que uno solo se acuerda de ella cuando truena, o lo que es lo mismo, cuando la pierde. Y en el caso de Canarias, a la lógica y entendible inquietud que siempre genera que uno no se encuentre bien, se le añade la sensación de desprotección de un sistema sanitario que hace aguas, por más que al consejero le anden dando premios por esos mundos de Dios. Falla desde la base, desde que uno levanta el teléfono para pedir cita con el médico de cabecera. Si el mal no es a vida o muerte, como es el caso, pero molesto y, por momentos, incapacitante, el usuario ha de hacer de tripas corazón y aguantar los cuatro días que le dan de margen para recibir la primera inspección médica. ¡Cuatro días! A mí se me están haciendo una eternidad. Luego andan los gerifaltes de la cosa quejándose por esa extraña propensión del canario a la visita a Urgencias. Supervivencia, le llamo yo. O adelantas tú los plazos o les ahorras una pensión al sistema y por la cara.

Cada vez es más frecuente que el doctor de turno, sí, el de la seguridad social, inste a los usuarios a pagarse un seguro privado.

Pero es que luego vas y te topas con salas atestadas de gente y con esperas que a veces llegan a la hora. Conclusión: que hemos vuelto a la sanidad de beneficencia. Sí, los médicos del servicio público son los mejores, sus enfermeros, los más preparados, sus instalaciones no tienen parangón... ¿Y entonces? Eso lo tienes cuando logras entrar. Cuando superas la criba del cancerbero burocracia, el que te discrimina en función de si vives en un centro de salud con hipertrofia de tarjetas sanitarias, o no; de la competencia o ineptitud del médico de cabecera, o del residente que te atiende en urgencias, que descubre o intuye lo que te pasa o te manda por donde viniste como reprochándote que le robaras su tiempo. Y si el diagnóstico de ese mal que te roba el sueño exige una prueba extra, es como ver al diablo, la lista de espera.

En fin, y si pasado todo este trance sigues vivo, entonces sí notas que el sistema funciona, y que los profesionales dan la talla. Pero no todo el mundo llega ahí. Ni a tiempo. El sistema frustra. Tanto, que cada vez es más frecuente que el doctor de turno, sí, el de la seguridad social, ande instando a los usuarios a pagarse un seguro privado. Así lograrán que la sanidad pública sea un recurso solo para pobres. Para cuando no tienes salida.