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Respuestas ante el desafío migratorio

En su balance de dos meses al frente del Gobierno de España, el presidente Pedro Sánchez anunció el pasado viernes la creación de un mando único para afrontar el desafío migratorio que vive el país. Tras la operación humanitaria que supuso permitir en junio el desembarco en Valencia de los inmigrantes recogidos por el barco Aquarius, el Ejecutivo se ha encontrado con llegada de centenares de personas en todo tipo de embarcaciones a través del Estrecho, así como el asalto masivo en Ceuta. La reacción pasó en primer instancia por apelar a la colaboración de Europa y ahora, ya en clave interna, se da el paso de crear ese mando único, cuyas competencias será clave definir para garantizar la efectividad de esa nueva figura.

Todo ello se produce en un contexto donde se ha visto al Gobierno lento de reflejos. Sorprende que un gabinete presidencial tan preocupado por la imagen no haya sabido calibrar el impacto que tiene el hecho de que los primeros en acercarse a los lugares y los profesionales que atienden ese creciente flujos de inmigrantes irregulares hayan sido el nuevo líder de la oposición, Pablo Casado, y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. Se podrá argumentar que se trata de oportunismo partidista o incluso de estrategias electoralistas, pero no es menos cierto que si algo precisan los hombres y mujeres que están a pie de costa atendiendo a los inmigrantes o conteniendo las avalanchas en las vallas de Ceuta es saber que se les tiene en cuenta, se les escucha y se atienden sus propuestas, ya que para algo son testigos directos de un fenómeno que repunta cada poco tiempo.

Respecto a la creación del mando único, bienvenido sea si esa figura consigue encajar en una España tan descentralizada como la que deriva del modelo autonómico. Más aún si le añadimos la complejidad de territorios singulares por su situación geográfica como Ceuta y Melilla o condicionados por la lejanía y la insularidad, como pasa con Canarias. Porque es evidente que el fenómeno migratorio precisa de respuestas rápidas, de una capacidad de reacción al instante para atender a los que llegan y de protocolos muy claros sobre los trámites que se sigue con ellos y la situación legal en la que quedan. Quizás sería más importante aclarar todo esto antes que designar a una persona concreta con mando en plaza en toda España.

De todos modos, habrá que esperar a ver la letra pequeña de las funciones de ese mando único y si la persona elegida y su equipo están a la altura de las circunstancias del desafío que afronta.