Canarias7
Santiago Gil

Psicografías

Librerías

Hay un adagio que recuerda que lo que regala el azar el mismo azar se lo lleva. Lo casual no vale si no se ha asentado previamente el camino. Se parece a esos azucarillos que se derriten en la taza de café o a esos castillos de arena que construíamos en la playa. Mucha de la metafísica que intuimos la descubrimos sin darnos cuenta construyendo esos castillos en nuestra infancia costera. Siempre soñábamos que serían eternos y que con dos o tres muros de contención podríamos vencer a las olas. Y esas olas siguen llegando aunque nosotros ya no bajemos a la orilla a soñar con construcciones eternas. Con el paso de los años aprendes a construir castillos en el aire, y entonces cada cual se cuida de que sean eternos o de que desaparezcan como desaparecen tantos sueños sin que nos demos cuenta.

Pero hay otro azar que sí depende de nosotros, o más que de nosotros de lo que tenemos delante, de todo aquello que nos ofrecen y que nos permite luego seguir. No siempre acertamos, y a lo largo de nuestra existencia nos equivocamos muchas veces. Ya luego sí aprendemos a rehacer los sueños a partir de esos errores en lugar de lamentar las equivocaciones. Siempre estamos aprendiendo, en los éxitos y en los fracasos, y con el tiempo sí descubres que todo lo acontecido era inevitable. Yo escribo esta columna y escribo libros porque una vez entré en una librería, y porque luego, en mi juventud de búsquedas, sin vocación definida, fui encontrando libros que me fueron llevando sin que me diera cuenta a la literatura. Pero todo eso sucedió porque existían librerías en muchas calles por las que pasaba a diario: entrabas, hojeabas libros, buscabas, alguien te recomendaba y empezabas esa aventura en la que una novela te lleva a otra novela como si todo fuera un juego borgiano. Ahora cada vez quedan menos librerías, y por tanto ese azar será menos propicio para los que estén buscando su destino. Estos días, sin embargo, he leído un libro de Jorge Carrión titulado Librerías que me ha devuelto la esperanza. No solo recuerda muchas de las librerías más importantes del planeta, las influencias que han tenido en muchos escritores o en el propio desarrollo cultural de las ciudades,sino que también deja abierta una puerta a la esperanza que dependerá de cada uno de nosotros. Las librerías son espacios casi sagrados en donde todavía podemos elegir nuestro destino siguiendo el rastro de las palabras; pero para ello debemos entrar en las pocas que van quedando y en las nuevas que van naciendo con un concepto cada vez más especializado y un trato mucho más cercano. Les invito a que se adentren en las librerías y a que se dejen llevar por los libros que les están aguardando. Solo así contribuiremos a cambiar nuestra suerte y a que la suerte de los que vengan luego sea más propicia y cuente con más asideros y más anaqueles donde poder salvarse.