Canarias7
Ingrid Ortiz Viera

A quien le importe

A propósito de las segundas partes

Hollywood se ha instalado definitivamente en la pereza, y no creo que sea una sensación personal a juzgar por los últimos estrenos de la temporada. Quizás me he vuelto demasiado puntillosa a la hora de valorar la calidad de una película, pero pocas suelen pasar del 7 en mi filtro (a veces, siendo generosa). El riesgo y la novedad son cada vez más difíciles de encontrar en esta meca del cine que, en los últimos años, ha apostado por buscar la rentabilidad inmediata a base de cintas de superhéroes, remakes y secuelas.

«Si produces una cantidad equis, alguna saldrá buena. Es estadística, no cine»

Antes de que los lectores cinéfilos comiencen a rebatir este planteamiento, déjenme decir que no estoy absolutamente en contra de las segundas partes. Hay excepciones, empezando por El padrinoII o Regreso al futuroIIe incluso El caballero oscuro o Buscando a Dory (Pixar, que en sus orígenes afirmó que nunca haría continuación de ninguna de sus cintas, también terminó entrando por el aro). La cuestión es que si produces una cantidad equis de segundas partes, alguna tiene que ser buena. ¡Es estadística, no cine!

Hasta ahora, la fórmula funcionaba, pero la paciencia del espectador, que cada vez es menos fiel y demandante, está a punto de colmarse. Y ya no sólo se trata del cine concebido para la gran pantalla. Los productores han visto en el nuevo resurgir de las series de televisión la gallina de los huevos de oro. Y lo que podría quedarse en un producto de altísima calidad a menudo se diluye en temporadas enteras sin cohesión. Esa sensación de impotencia y desasosiego me invadió ya en su momento con Prison Break, aquella serie en la que Wentworth Miller ingresaba en prisión tatuado hasta las cejas para sacar a su hermano de la cárcel. Una vez fuera, hubo que volver a capturarlo varias veces (e incluso resucitarlo en dos ocasiones) porque el interés de la audiencia había decaído. Recientemente, también me ha pasado algo similar con la segunda temporada de Westworld. La producción –de por sí un remake de la cinta de Michael Crichton– explotó mi cabeza el año pasado con su historia sobre el despertar de la conciencia artificial y una banda sonora a base de Radiohead. Mi ilusión de haber encontrado «la serie» de repente se desplomó en una segunda con la que no empaticé hasta el capítulo siete.

Todo esto viene a cuento, en realidad, por los rumores de que habrá continuación de otra mini serie a la que he cogido especial cariño estos días y que este lunes emite su último capítulo (Heridas abiertas). A falta de haberlo visto, ya predigo que no hará falta. Estimados productores: rogamos absténganse de las segundas partes. Los espectadores demandamos calidad, y eso, al menos en mi caso, viene de la mano del guión.