Canarias7
Ramón Orosa (Efe) / Lagos de Covadonga (Asturias)

Movistar en su laberinto

En la carrera, parece claro que es el colombiano ganador de una Vuelta, un Giro y con otros cuatro podios en las grandes vueltas por etapas es el líder.

Pero las clasificaciones de cada etapa importante y la general dicen lo contrario: que Valverde, también ganador de una Vuelta, de otras muchas carreras de prestigio y con otros siete podios en las carreras de tres semanas, está más fuerte.

El murciano fue cuarto en meta este domingo y es segundo en la general, a 26 segundos del británico Yates; Nairo fue séptimo en Lagos, a dos segundos de Valverde, y es tercero en la general, con 7 segundos perdidos respecto a su compañero.

Viendo esos números -prácticamente insignificantes- se puede decir que ambos están muy parejos. Pero viendo lo que va de Vuelta, las sensaciones que emiten uno y otro son diferentes.

Valverde llegó a la Vuelta liberado de la jefatura de filas, "con libertad" y a "la expectativa", según sus propias palabras. En las que se interpretaba que, además de en la Vuelta, pensaba en un Mundial en el que buscará el oro que redondearía una carrera con hasta seis veces en el podio, aunque nunca en el peldaño más alto.

En esa tesitura, el de Las Lumbreras sumó ya dos etapas y acumula una presencia en el podio casi perenne durante toda la carrera. Y la Vuelta se dirige ya a su tercera, última y decisiva semana.

Quintana inició la carrera como líder de un Movistar con dos bazas, pero la primera claramente la del de Boyacá.

Pero cuando tuvo que confirmar ese liderato casi indiscutible a Quintana le fallaron las fuerzas. En La Covatilla y en Les Praeres amagó. Este domingo en Lagos de Covadonga, a priori su gran etapa, ni eso. Le falta un punto para el ser el gran Nairo de sus mejores días.

En las tres amagó, pero en ninguna acabó de dar. La Covatilla es una subida dura pero no de las que marca una carrera; Les Praeres, como un día antes La Camperona, ascensión brutal pero corta. De las que no le van demasiado al de Tunja.

Al que se le esperaba este domingo en una subida para sus características. Un puerto largo y duro donde presentar definitivamente su candidatura. Y tampoco puedo ser.

Hasta el punto de que entró en meta por detrás de sus grandes rivales, Yates, que hasta se enfadó con él por su "colaboración cero" en la parte final del mítico puerto asturiano, y Supermán López, la rueda con la que parecía obsesionado.

Pero también llegó Quintana por detrás de un Valverde que no paró durante toda la subida de tapar huecos, de aguantar los hachazos de Yates cada vez que llegaba al grupo de los mejores cuando se había descolgado con Steven Kruijswijk, que tuvo los arrestos de tirar en cabeza a cada ataque rival y al que aún le quedaron fuerzas para un esfuerzo final a rebufo de Yates y López.

Solo una vez le dijo a su compañero que necesitaba aire, justo tras enlazar tras haberse descolgado.

Tras un día así y ya con solo seis etapas por disputarse -cinco, si se descarta el homenaje al ganador del domingo en Madrid-, Movistar deberá despejar definitivamente quien es su baza.

A ello seguro le ayudará la crono del martes entre Santillana del Mar y Torrelavega, los 32 kms. completamente llanos sobre los que no está claro quién se puede desenvolver mejor. Si un Quintana un tanto a menos en la especialidad o un Valverde mejorado en los últimos años y animado por verse donde quizás no esperaba.

Si para Valverde quizás es algo agradablemente inesperado para el Movistar es un laberinto con dos salidas: la suya y la de Quintana.

En acertar la elección estarán las todavía serias posibilidades del equipo telefónico de ganar la Vuelta. Una carrera que, no obstante, por el momento es de un Yates que supera a ambos en medio minuto. Y que se muestra con las ideas más claras.