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Óscar Hernández Romano

Baloncesto

De Claret a Gran Canaria, 30 años después

No fue nada fácil convencer a la directiva y socios de la entidad claretiana. Pero la insistencia de Pepe Moriana, por entonces tanto presidente del club como de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas terminó por imponerse.

Algunos claretianos de toda la vida interpretaban, incluso, que la nueva denominación al equipo de División de Honor podría llevar a la desaparición total del CB Claret. Algunos socios solicitaron la votación secreta, pero finalmente se hizo a mano alzada, y aunque fue invalidada en principio, al final se ratificó la misma por mayoría.

El propio Moriana recuerda con detalle aquella decisión: «Me acuerdo que los profesores y socios del Claret comenzaron a comentar por entonces que no valía la pena, pero después de mi alegato, el director del colegio –el padre Zambrano– se levantó y comentó: «Dice el Evangelio que para algo nazca, algo tiene que morir», o algo así... Y hasta hoy», rescata Moriana.

Y lo justifica el que por entonces era presidente de la entidad isleña: «Por esa época era presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas, y reuní a todos los empresarios del sur de la isla para proponer hacer un equipo de baloncesto que se llamara Gran Canaria para ir a jugar un torneo que empezara por Inglaterra y terminara en Suecia; yo que era muy soñador... Ese proyecto lo presento en el Scala –famosa sala de fiesta del sur en aquella época– ante unos doscientos empresarios de turismo, con el alcalde de San Bartolomé de Tirajana y demás. Propongo que el equipo se llame Gran Canaria, aunque ya por entonces el Claret había aprobado en la asamblea celebrada en la Federación de Fútbol de Las Palmas el cambio de denominación. Yo me fui con ese proyecto al sur para ver si los empresarios me lo patrocinaban. Y así fue», relata.

En la temporada 1988-89 el club pasó a denominarse Gran Canaria nuevamente en la Liga ACB. Sin embargo, el concepto de claretiano, debido a sus orígenes, no ha dejado ni un solo día de palpitar. Ni lo dejará.