Canarias7
Carmen Delia Aranda

Reencuentro

Taller Canario revive en Teror

Después de tocar techo en Canarias, el mítico grupo Taller Canario de Canción se disolvió de forma discreta. No montaron un drama ni reclamaron la compasión de su público en una gira de despedida, tan en boga últimamente. Simplemente desapareció dejando una estela de canciones a su espalda surgidas de la reunión de un grupo de cantautores inquietos que abrieron nuevas vías para la canción popular canaria. El 1 de septiembre reaparecerán, aunque sin Pedro Guerra, en el Encuentro Teresa de Bolívar de Teror.

La insularidad, que limitaba sus aspiraciones de vivir de la música, y sus circunstancias personales y profesionales se encargaron de disolver definitivamente la formación en 1995, diez años después de formarse.

La primera deserción fue la de Marisa Delgado, que solo estuvo en el grupo un año. Luego, tras grabar cuatro discos –Trapera (1986), Identidad (1988), A por todas (1989) y Rap a duras penas (1991)–, Pedro Guerra se separó del grupo para emprender su carrera en solitario en Madrid. También Andrés Molina se exilió a la península buscando un horizonte que le permitiera vivir de su música. Las aspiraciones profesionales de Molina y el hecho de que Rogelio Botanz se dedicara a la docencia en Tenerife erosionaron la banda ya convertida en dúo. Así, aunque cumplieron el compromiso con discos Manzana de grabar otros dos álbumes; Y ahora... ¿qué? (1994) y Castillos de arena (1999), los supervivientes de Taller Canario de la Canción –Rogelio Botanz y Andrés Molina– separaron sus caminos en 1995.

«Hay una canción de Andrés Molina muy dramática: Aquí no pasa nada. Hubo también un momento en el mundo de la música en Canarias en que muchos tuvieron que irse: Pedro, Rosana, Andrés, Braulio, Caco Senante... porque aquí no pasaba nada. Si tuvimos que dejarlo fue porque no daba para más. La realidad que debía sustentar el proyecto no nos daba», explica Rogelio Botanz.

Su colega coincide con él. «Había gente que nos decía: se tienen que marchar de aquí porque aquí no pasa nada. Los abuelos se fueron a Cuba y los padres a Venezuela. Parece que nos tenemos que marchar para conseguir algo», dice Molina.

Sin embargo, los diez años de vida de taller dieron para mucho. «Queríamos tener éxito e impacto. Estábamos ilusionadísimos. Se produjo un fenómeno muy rápido. Llegamos a tocar casi todos los fines de semana, especialmente en Gran Canaria, y reconocíamos a la gente en cada concierto. Ibas a Arucas y estaban allí. A Mogán, y estaban allí y con qué entrega. Te hace ilusión cuando estableces un contacto con alguien como Donato Poveda y con Silvio Rodríguez, y vas a Cuba y grabas con él, y te ves con Joaquín Sabina. Otro día con Aute y ves que los maestros te valoran, gente que te hace temblar, los ves contigo y dices: ‘esto no es normal’. Yo también nací en el 63 (Rap a duras penas, Andrés Molina, 1991) entró en Los 40 principales, desde Palmera con Las llaves de la moto no pasaba algo así en Canarias», recuerda Botanz sobre la fulgurante trayectoria del combo. Un éxito que, reconoce, tenía mucha cocina detrás. «Estudiábamos, trabajábamos, debatíamos, analizábamos y escuchábamos mucha música», añade el cantautor vasco, autor de la versión musical del poema de Pedro Lezcano La maleta. Una canción que compuso al poco de llegar a las islas. «Era muy fuerte ser vasco, llegar a Canarias y querer hacer Nueva Canción Canaria», sostiene Botanz que descubrió a Andrés Molina en una fiesta de carácter político que conmemoraba la victoria de los guanches frente a los conquistadores en el barranco de Acentejo, en 1494. «Estaba probando sonido. Escuché su voz y todavía me estremezco. Dejé lo que estaba haciendo y hablé con él. Me contó que estaba trabajando con Pedro y Marisa», relata Botanz que, automáticamente, quiso conocerlos. Tras unos días, el germen de Taller estaba en su casa. «Pedro cantó Cathaysa y se me erizó la piel. Dije: ¡pero tíos...! Hicimos una puesta en común y, a las dos semanas, ya estábamos trabajando», afirma Botanz que recuerda que poco después grabaron el tema Endecha en un disco colectivo titulado Nueva canción canaria (1985). «Aún me pregunto cómo me dejaron participar. Mis eses escupían cuando hablaba», relata con nostalgia sobre un grupo que llegó a su tope en torno a 1992.

Lo bueno, sostiene Botanz, es que la ruptura de la banda fue dolorosa, pero respetuosa. Por eso, podrán reunirse de nuevo en Teror. El «amigo, colega y referente musical» Pedro Guerra no estará en el concierto de Teror del 1 de septiembre, la gira del 30 aniversario de su disco Golosinas se lo impide.

«Los seres humanos damos nuestra talla, no en el momento del encuentro amoroso, sino cuando nos separamos. Esto sirve –sostiene este aldeano global– para Taller Canario, para Cataluña y para todos».