Canarias7
Victoriano Suárez Álamo

«Las obras se cocinan a fuego lento»

— ¿Cómo nació esta Ana. También a nosotros nos llevará el olvido, de inspiración galdosiana?

— Este maravilloso proyecto comenzó con una llamada de Mario Vega [productor y director grancanario], en la que me habló de este bieno conmemorativo en torno a la figura de Benito Pérez Galdós. En el mismo se incluye abordar su obra desde un punto de vista teatral, lo que implica el estreno de un montaje al año, con el apoyo del Cabildo, la Fundación Auditorio Teatro y el Ayuntamiento de Agüimes, entre otros. Me plantea una libertad absoluta a la hora de crear. Que eligiese la obra que me pareciera más oportuna y el aspecto que considerase de su biografía. Lo que me dejaba claro era la fecha de entrega del texto y del estreno del montaje. Tengo que reconocer que admiro hasta el infinito a Galdós. A eso se le sumaba que se estrenaría en mi tierra y en el teatro Pérez Galdós... Me faltó tiempo para decirle que sí. Desde ese momento comenzamos a trabajar mano a mano. Me ha resultado muy fácil, porque es un ser maravilloso.

— Es la primera vez que trabajan juntos, ¿no?

— Sí, le tenía ganas desde hacía tiempo. Tenemos personas en común que me habían hablado muy bien de él.

— ¿Había visto sus montajes?

Me llamo Suleimán lo vi cuando ya trabajaba en este proyecto.

— El universo galdosiano es inabarcable. ¿Por qué optó por inspirarse en Tristana?

— Entras en un abismo. Es como si te dicen que hables del océano Atlántico y tienes que elegir una gota. Da vértigo. Hice un enorme esfuerzo por separar el estreno en el teatro Pérez Galdós, que me impone mucho, y lo que impone la propia figura de este escritor. Una de las premisas del teatro es concretar, ir a una historia concreta y su universo es enorme. Su obra es tan ingente y extremadamente buena que elegir entre tanta excelencia es muy difícil. Desde un principio tuvimos claro que el protagonista iba a ser un personaje femenino, sobre todo por la importancia que tienen dentro de sus obras.

— ¿Considera que es uno de los grandes retratistas de la mujer de su época?

— Sin lugar a dudas. Dickens era uno de su escritores de referencia y en su obra hay también mucho de él. Pérez Galdós era un amante del ser humano y como tal del universo femenino. Tenía un don que le permitía ver el alma humana y se fijó mucho en el alma de la mujer y la describió dentro de un amplio abanico.

— Quizás sea uno de los aspectos que demuestra lo adelantado que era para su tiempo...

— Desde luego. Rompió moldes. Él no era ni una persona ni un escritor al uso. Defendía los derechos humanos a ultranza y dentro de los mismos los de las mujeres. Luchó para que Emilia Pardo Bazán entrase en la Real Academia. Se me ponen los pelos de punta al ver cómo retrataba a las mujeres.

— Y llega su Ana...

— Navegué bastante por su obra y dudé mucho, hasta que me decanté por Tristana. Para mí, recoge algo que me toca muy de cerca, como es la historia del intento de liberación de una mujer a través del amor y del arte. Eso me pareció una historia maravillosa para contar. Cómo el amor frustrado y el arte te da alas y te impulsa para salir de tu zona de confort. Hay mucho de otros autores también en la obra.

— Porque Galdós es la fuente de inspiración, esta Ana es su Ana, ¿no?

— Sí, me inspiro en Tristana. Incluso mantengo los nombres, aunque Tristana ahora es Ana. Siguen Satur y a Lope. Se mantiene el grosso de la historia, como trampolín para contar lo que yo quiero narrar. Me llevo la trama a los años 60, para contar la historia de amor entre dos mujeres. Los 60 me parecen un puente maravilloso entre el antes y el ahora. Era el ecuador del franquismo, se comenzaba a caminar hacia la libertad pero aún quedaba mucho. Aunque lo veamos tan lejos, fue el otro día y en esa época la mujer tenía unas limitaciones portentosas, tanto a nivel social como jurídico. Si se la declaraba adúltera podía ser asesinada por el hombre, no tenía potestad para hacer cosas con bancos, viajes... Las limitaciones eran espantosas. Además fue la época de mi madre. Por eso entiendo esta obra como un homenaje a ella y a todas las madres. Tenían sueños y lo tuvieron muy difícil para hacerlos realidad.

— ¿En la obra hay tanto Galdós como Irma Correa?

— Hay muchísimo de Irma [ríe]. También hay mucho Ibsen. Unos años antes de que se publicara Tristana salió a la luz Casa de muñecas, que como sabes fue una revolución, un absoluto tsunami, ya que contaba precisamente la liberación de la mujer. Lo hizo en un momento en el que, en el norte de Europa y en casi todo el mundo, la mujer no tenía voz. Pertenecía primero a su padre y después a su marido. Me pareció pertinente juntar a Nora y Helmer con esta inspiración galdosiana.

— ¿Tuvo voz en la confección del reparto de Ana?

— No.

— Pero tengo entendido que sí que ha acudido a muchos ensayos...

— Sí. Esto se concibe como un laboratorio, lo que implica un proceso de creación. No ha sido un trabajo compartimentado. No he trabajado aisladamente. Mario Vega tampoco. Todo el equipo ha estado en continua comunicación. Cuando empezó a darle vueltas al reparto, me lo fue comunicando.

— ¿Mientras ensayan la Ana que usted escribió ha sufrido cambios?

— Por supuesto. Hay un texto cerrado pero se trabaja sobre el mismo. Me refiero a lo que se llama el hecho escénico, en el que participan muchas personas. El texto es una parte más. Ni más ni menos importante que los restantes elementos y, como éstos, está sujeto a cambios.

— ¿Había trabajado antes así?

— En alguna ocasión, sí. Para mí es lo más sabio y enriquecedor. Montar una obra de teatro requiere de muchas personas que tienen que comunicarse constantemente. Es como si entre todos pintáramos un cuadro.

— Pero el punto de partida es usted sola escribiendo en casa...

— Eso no te lo quita nadie. Entras en una batalla contigo mismo durante meses.

— ¿Cuántos para Ana?

— Empezamos en enero y entregué en junio la primera versión. Es poco tiempo, lo reconozco. Escribir una obra de teatro requiere mucho tiempo. Tienes que ir de lo general a lo concreto. Se tiene que cocinar a fuego lento, para que los personajes hablen.

— Se crea un mundo.

— Sí. Pones mucho de ti y tienes que dejar que los personajes nazcan y se desarrollen. Es un proceso muy bello, pero muy solitario. Le hablas a los personajes y hay días en los que ellos no te hablan. Ese día no hay nada que hacer. Después hay otros que avanzas mucho, o eso crees. Días después lo vuelves a retomar y ves que no te vale y empiezas de nuevo. Los personajes al final siempre te hablan, se manifiestan, es algo muy Pirandelliano.

— ¿Sueña con sus personajes?

— Siempre y me los llevo a todos lados. Me obsesiono con ellos, en el buen sentido de la palabra.

— ¿Mientras escribe sigue leyendo a los clásicos en busca de inspiración o los aparca y se centra en lo que está diseñando?

— En el proceso creativo te tienes que aislar, pero un artista bebe del mundo y el arte es parte del mismo. No dejo de ir al teatro, al cine o a exposiciones mientras escribo. Nunca sabes de dónde sale algo... puede ser de una lectura, del gesto de un actor, de un cuadro... Nunca sabes. Te lo tomas todo como señales. Es un proceso fascinante. La creación de un texto viene de muchas fuentes, de una música, de una película, de otras lecturas... no sale de la nada. Y de la calle, por supuesto. Al igual que Galdós paseo mucho por Madrid y observo mucho sentada en un banco. Creo que la vida y las historias están en la calle. Los héroes y antihéroes de hoy están en la calle, pero no les prestamos atención.

— Al igual que Galdós, usted es una grancanaria que se ha asentado profesionalmente en Madrid. Imagino que el camino no ha sido fácil.

— No lo ha sido. Pero tengo que decir que me siento muy privilegiada. No me puedo quejar.

— Se ha asentado en el mundillo de la dramaturgia nacional muy rápido.

— Sí. Tengo que decir que ayudan mucho los premios. También no desfallecer y trabajar constamentente. A eso le sumo creer en lo que hago y el amor por el teatro, por contar historias, que es lo que nos motiva a los que nos dedicamos a esto. Es una pasión y una necesidad vital.

— ¿Le ayudó ser actriz?

— Sí, por supuesto.

— Por esa vertiente entiende usted mejor a los intérpretes mejor que cualquier dramaturgo que nunca se haya subido a un escenario...

— Entiendo mejor las dificultades que pueda tener con ciertos personajes y situaciones que yo haya escrito. Tengo otra perspectiva. Sobre todo, da una manera distinta de crear al personaje. Lo creas desde dentro, desde las vísceras... hay otro latir en la creación actoral, que parte del juego, de la sorpresa y de la emoción pura y dura. Cuando se tiene ese bagaje y se escribe, todo eso está inherente. Es como cuando un actor también dirige. Se retroalimenta.

— ¿Mientras escribe los personajes se ha visto a sí misma sobre el escenario dándoles vida?

— Nunca he escrito personajes para interpretarlos yo misma. Jamás he pensado en mí a la hora de escribir un personaje. Pero creo que igual ha llegado el momento de escribir algo para que sea yo el que lo interprete [risas]. Cuando los escribo les pongo cara y cuerpo, pero hasta ahora nunca he sido yo.

— ¿Revisa sus obras anteriores, las vuelve a leer? De Sanedrín 54 a lo que escribe hoy ha pasado un mundo...

— No las vuelvo a leer, salvo que me pidan que las revise para un nuevo montaje. Es algo extraño leerte de nuevo. Es como leer tu diario. Es una parte de ti que quedó ahí.

Desde lo invisible supuso un salto importante en su trayectoria madrileña, ¿no?

— Sí que lo fue. Nació de un trabajo en equipo. Fue un proceso maravilloso, tanto artístico como humano, como está pasando ahora con Ana. A eso se añadió el hecho de que nos dieran el premio Max. Eso hizo que la gente comenzara a preguntar quién era yo. Pero eso dura dos días. Después te sostienes tú. Eso es un empujoncito y un abracito.

— Estrenar Hablando (Último aliento) en el Centro Dramático Nacional, en 2017, también fue un nuevo espaldarazo.

— Llevo dos años en los que no paro. Tras el estreno en el Centro Dramático Nacional he comenzado a trabajar con la Joven Compañía, que es algo que me fascina. He hecho para ésta una versión de En la fundación de Antonio Buero Vallejo, que se estrenará en el festival de otoño. Ahora me esperan también otros proyectos muy bonitos.

— ¿Con el CDN?

— Con ellos tengo más proyectos, pero aún no se pueden avanzar. Puedo adelantar que el director de la Joven Compañía va a montar El viejo, el joven y el mar, que escribí sobre el destierro de Unamuno en Fuerteventura. Se estrenará en Washington en febrero de 2019. En marzo también verá la luz un proyecto sobre un clásico, pero no puedo adelantarlo. En octubre, tengo dos reestrenos. Uno es Desde lo invisible, que estará en el teatro Pavón Kamikaze de Madrid y el otro es En la fundación, que estará un mes en Conde Duque.

— ¿Ana nace con vocación de girar y no nacer y morir en el teatro Pérez Galdós?

— Sí, claro. No solo va a girar en Canarias, sino también en la península y en Latinoamérica. Va a ser algo absolutamente maravilloso. Estoy deseando que la gente lo vea.

— Dejando a un lado nacionalismos y chovinismos, está claro que Canarias tiene actualmente, tanto en las islas como en Madrid, una voz autoral dramática potentísima.

— Como nunca antes.

— ¿Es casual?

— En Madrid están José Padilla, Antonio Tabares, los hermanos Bazo... Aquí Luis O’Malley, Victoria Oramas...Tenemos un nivel de excelencia que llama la atención en Madrid y desde hace tiempo. Tabares ha estrenado dos veces en La Abadía, Padilla no para de trabajar... A eso se junta que son unos seres humanos maravillosos.

— Pero el universo creativo de cada uno es diferente. Son isleños pero cada uno con una voz autoral diferenciada.

— Sí, somos muy distintos. No existe un sello canario. Lo local es universal. Lorca, cuanto más local, más universal es. Con Galdós sucede otro tanto. Creo que todos tenemos algo que nos lleva a hablar de nuestra tierra. Canarias está por algún lado. Eso nos define y nos agrupa. Nos sentimos parte de algo y lo comentamos cuando nos juntamos en Madrid.

— ¿Percibe la existencias de brotes verdes en el sector tras los años más duros de la crisis?

— El teatro siempre ha estado en crisis, pero entendida desde un buen sentido de la palabra. Crisis como regeneración. Es cierto que la crisis tan brutal, que nos dio tan duro, estuvo a punto de hundirlo todo. Estuvimos naufragando a la deriva. Pero creo que nos hizo más fuertes. Cuando la crisis monstruosa cayó sobre nuestras cabezas, nos convirtió en supervivientes. La necesidad de contar historias, de la que te hablaba antes, se convirtió en un hálito de vida. A día de hoy puede parecer que tenemos más recursos, pero eso no es cierto. El dinero que se destina en este país es irrisorio y frustrante. Somos una profesión de héroes.

— ¿La crisis se ha llevado a mucha gente por delante?

— ¡A muchísima!

— Sobre todo entre los que no están sobre el escenario...

— ¡Y encima del escenario! Han cerrado compañías, salas de teatro... Ha sido algo espantoso. Pero ahora se ha creado grupo para sobrevivir.

— ¿Se puede vivir de la dramaturgia en este país?

— También doy cursos y ahora voy a retomar mi carrera de actriz. Vivir solo de la escritura es casi ciencia ficción.

— ¿Nos puede adelantar algo de ese retorno a la interpretación, será en el teatro o en el cine y la televisión?

— Todavía, no [risas].