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Información complementaria

Cómo llegar

Mejor desde Ayacata. Después de la parada en Casa Melo, seguimos en coche dirección a Tejeda hasta la desviación de El Toscón, El Carrizal y La Aldea. Como la carretera se encuentra cortada por derrumbamiento,
seguimos hacia Artenara y de ahí a la Presa del Parralillo por la carretera de La Aldea.

Tres cosas a tener en cuenta

Vegetación. En el barranco del Siberio convive el cañaveral con especies tan diversas como tabaibas, tajinastes, escobones, retamas, tarajales, pinos y otras propias de climas más húmedos como cerrajas, setas y líquenes. Los amantes de la naturaleza disfrutarán mucho de la visita.

El roque Palmés. El origen de este roque puede ser el volcán que se cree que existió en la zona de la cuenca de Tejeda hace millones de años. La explosión de este volcán daría lugar a la abrupta orografía del terreno que hoy conocemos en el centro de Gran Canaria. Tenía más de 3.000 metros de altura y cuando desapareció, sus columnas de lava formaron, entre otros, roques tan emblemáticos como el Bentayga y el Nublo.

Los Galgares. A mediados del siglo XX un gran derrumbamiento a los pies de la meseta de Pajonales despertó a los habitantes de los pagos de El Toscón, El Carrizal y Taiguy. A partir de ese día, esa zona cuyo nombre original se pierde en el tiempo, comenzó a ser conocido por Los Galgares, por el desplome de tierra.

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...Esther Pérez Verdú

Siberio el camino de los extremos

Cuando caminamos por el barranco de Siberio parece que el tiempo se para. Naturaleza en estado puro y algunas reminiscencias etnográficas del pasado hacen que el paseo por esta escarpada orografía sea inolvidable.

Esther Pérez Verdú

Al barranco del Siberio no se llega por casualidad. Hay que querer bajar hasta él para disfrutar de lo que queda del camino que llevaba hasta 1974 a La Aldea. En ese año comenzó a construirse la presa del Siberio, que fue concluida en 1976 y no tomó nada de agua hasta 1979, momento en el que una riada llenó instantáneamente su vaso, quedando prácticamente inutilizada desde entonces.

Al dejar de ser zona de paso, el pequeño caserío que aún se adivina a mitad del recorrido comenzó a abandonarse paulatinamente. La última familia que habitó el caserío de forma estable lo abandonó en 1980. Uno de los últimos propietarios recuerda que llegaron a habitar hasta 47 personas a la vez, incluida una señora con fama de gran zahorina y sus siete hijos.

Hoy en día, caminar por el barranco del Siberio es una experiencia que requiere algo de forma física y especial cuidado con la temporada en que se hace. Una riada apocalíptica en invierno y 47º de temperatura en el verano del mismo año son algunos de los extremos que nos podemos encontrar. Por eso conviene ir con alguien que conozca la zona.

Parte del camino transcurre a través de un sendero abierto por el hombre bajo las cañas. Pero la mayor parte del tiempo caminamos a cielo descubierto por el cauce del barranco, sorteando grandes piedras y zonas arenosas. Nos acompañan los habitantes del entorno, a los que más que ver, escuchamos. Aguilillas, mirlos, alguna garza real, libélulas, abejas, ranas y un vestigio del antiguo ganado guanil que campa a sus anchas por las laderas más abruptas del barranco. Un lugar de gran fragilidad que merece ser conservado.

HISTORIA DE UNA MESA

Cuevas. Hermana y vecina de la Mesa de Acusa, la Mesa del Junquillo preside majestuosa el barranco del Siberio destacando entre todas las formas geográficas de la zona. Fue utilizada por los aborígenes canarios como asentamiento estable y lugar de enterramiento.

De lejos puede distinguirse la entrada de alguna de las cuevas más grandes, a las que hoy no se puede acceder a pie. Algunas de estas cuevas siguieron siendo utilizadas hasta el siglo XX, haciendo que pervivieran topónimos tan sugerentes como La Cueva de las Brujas, donde se dice que vivía la adivina del lugar junto a sus siete hijos.

 

Agua. Actualmente se mantienen bastantes topónimos que hacen referencia a los distintos usos del agua por parte de los habitantes del antiguo caserío. Tal es el caso de El Charco del Buey, lugar donde los pobladores lavaban a las reses, o los tanques de La Casilla y La Mareta, que aún hoy canalizan el agua de riego de los cultivos en explotación. El barranco fue lugar de paso para los caminante a La Aldea.

Anguilas. El barranco, antes de ser cerrado por el muro de la presa del Siberio, conoció la subida anual de las anguilas, hasta llegar prácticamente los pies del roque Palmés.

El camino. Para llegar al barranco de Siberio pasamos por la Mesa de Acusa, donde el trabajo agrícola y ganadero está presente como esta aventada de grano. Seguimos hacia la presa del Parralillo, al pie de la Mesa del Junquillo, que aún conserva las aguas del invierno pasado. Desde El Molino podemos disfrutar de una bonita vista de la presa, antes de seguir por una carretera en zigzag que nos lleva a la falda de la mesa. Tenemos que estar atentos para no perder la entrada de tierra que lleva al barranco.

El interior. El acceso rodado al barranco se hace a través de una pista privada y es muy complicado para vehículos que no estén preparados para caminos de tierra. Una cadena a mitad de trayecto nos obliga a dejar el coche y seguir a pie hasta el fondo del barranco. Una vez en el cauce, el cañaveral es el protagonista y a su sombra es posible encontrar restos de humedad. Muchos de los tramos discurren bajo el sol, por lo que conviene ir preparado con ropa adecuada y agua potable suficiente para el camino.

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