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R.R. /
Santa Cruz de Tenerife
El propio catedrático de Bioquímica y Biología Molecular reconoce que en menos de año y medio ha pasado de tener alrededor de 700 personas participando en su investigación a contar con más de 7.000.
Entre los que colaboran con la investigación del profesor Meléndez-Hevia hay personas de «mucho nombre» que en privado reconocen estar tomando los polvos, bien para adelgazar -en la mayoría de los casos-, bien para mejorar dolencias como la artrosis, la diabetes o la hipertensión. En público, la doble moral de la gente con relevancia social les impide reconocer abiertamente que colaboran con el catedrático. Únicamente al ex fiscal general del Estado, abogado y magistrado en excedencia, Eligio Hernández, no le duelen prendas en admitir que toma los polvos de Meléndez y que, además, le está llevando todos los asuntos legales y administrativos relativos a su investigación, al Instituto del Metabolismo Celular y a la patente de los productos que receta.
En las fichas de resultados del profesor hay consejeros del Gobierno de Canarias, diputados, abogados, jueces, profesores universitarios, deportistas de elite..., pero también hay amas de casa, dependientes de comercios, jubilados. Todos están «encantados» con los Factores 1, 2 ... hasta el Factor 6 y con la dieta que les recomienda Meléndez-Hevia, todos han mejorado, les duelen menos las rodillas, han dejado de pincharse insulina o han adelgazado buena parte de los kilos que les sobraban.
Sólo le ponen un pequeño pero a la dieta y a los polvos: que coarta mucho la vida social porque, entre otras cosas, además de tomar los polvos o factores hay que restringir las cenas a la mínima expresión y eliminar la ingesta de hidratos de carbono.legalidad. Durante los meses en que Melendez-Hevia y su equipo de investigadores, encabezado por su hijo, David Meléndez, ha podido trabajar «sin tener que dar cuenta a los medios de comunicación», es decir, entre junio del año pasado y mediados de este mes, en que ha vuelto a ocupar portadas a raíz de la denuncia presentada por la Sociedad Española de Medicina Estética, ha intentado cerrar uno de los capítulos que tenía pendientes y por los que la Universidad de La Laguna lo invitó a abandonar sus instalaciones. Está a punto de que la Oficina de Patentes de Estados Unidos publique la solicitud de patente para la aplicación de los nutrientes que utiliza como complemento a la dieta que recomienda a las personas «que participan en nuestra investigación» y que, según afirma, «ya están todos inventados, patentados y con registro sanitario». Meléndez-Hevia cree que para febrero del próximo año estará publicada la patente de aplicación, cuya solicitud también ha presentado en la Oficina de Patentes Internacional (la patente europea). Con la publicación de la licencia, el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular asegura estar en condiciones de comercializar su producto junto con los empresarios «que ya están colaborando con nosotros», dice.«Lo más doloroso -dice Meléndez-Hevia- es que cuando se hace una descubrimiento científico parece que a todos molesta». Meléndez-Hevia se defiende de los ataques que durante meses recibió desde diferentes frentes, pero especialmente desde el universitario, a raíz del desarrollo de su investigación y experimentación con seres humanos.Meléndez-Hevia lleva 30 años estudiando las matemáticas del metabolismo y asegura que el origen de la artrosis, la diabetes, la hipertensión, la obesidad y muchas otras enfermedades degenerativas es un problema metabólico. El profesor explica que «no estamos haciendo una investigación farmacológica, sino una investigación basada exclusivamente en la nutrición, que no necesita de ningún permiso». Meléndez-Hevia sigue dando clase en la Facultad de Biología y mantiene su laboratorio de la cátedra en la ULL, aunque su objetivo a medio plazo es sacarlo fuera de la universidad porque «a día de hoy ni esta universidad ni ninguna garantizan la continuidad de los proyectos de investigación». La ciencia independiente, dice, se financia con sus propios medios porque «lo que no tiene respaldo económico se hunde». La Dirección General de Farmacia abrió en julio de 2004 un expediente de información que cerró meses después al comprobar, «con la colaboración del profesor Meléndez-Hevia», afirma Alberto Talavera, responsable de este departamento de la Consejería de Sanidad, que los productos que suministraba a las personas que colaboran en su investigación son «dos aminoácidos no esenciales que no están sujetos a patente porque no se trata de productos de invención, sino de productos naturales que ya se emplean en la alimentación».Expediente abierto. A la Consejería de Sanidad sí le preocupa que la ingesta de los polvos de Meléndez se convierta en un problema de salud pública, por eso la Dirección General de Salud Pública mantiene un expediente abierto que ahora está en fase de información reservada previa a la corrección de posibles irregularidades administrativas. Hay que recordar que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) archivó el año pasado una denuncia de la Universidad al no encontrar en las prácticas de Meléndez-Hevia ningún ilícito penal.Expediente abierto. A la Consejería de Sanidad sí le preocupa que la ingesta de los polvos de Meléndez se convierta en un problema de salud pública, por eso la Dirección General de Salud Pública mantiene un expediente abierto que ahora está en fase de información reservada previa a la corrección de posibles irregularidades administrativas. Hay que recordar que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) archivó el año pasado una denuncia de la Universidad al no encontrar en las prácticas de Meléndez-Hevia ningún ilícito penal.
La familia de Fernando Rubio supo de la existencia del profesor Enrique Meléndez-Hevia bastante antes de que saltara a la opinión pública que en su investigación sobre la relación entre las enfermedades degenerativas y la nutrición estaba experimentando con seres humanos. La nieta de Fernando, Adriana, que desde pequeña tuvo problemas respiratorios que le provocaron retención de líquidos y sobrepeso, fue la primera que comenzó a tratarse con Meléndez-Hevia. Adriana y su familia fueron a la Facultad de Biología a buscar a Meléndez-Hevia, «vimos su investigación, su laboratorio... y nos pareció serio». Detrás de Adriana, que ha bajado 14 kilos en 18 meses, han pasado por el laboratorio de Meléndez-Hevia su abuelo Fernando, que es el que ha sufrido un cambio más espectacular, su abuela María Jesús y su tía, también María Jesús. Fernando ha pasado de pesar 118 kilos a estar entre los 86 y los 89 «tomando el Factor 2, pero haciendo dieta porque esto no es milagroso, funciona pero con mucho sacrificado». María Jesús, madre, ha perdido 19 kilos pero, además, toma el Factor 1 «para los huesos: se me ha parado la formación de dedos de martillo y los problemas de cervicales han desaparecido». María Jesús, hija, ha bajado alrededor de ocho kilos y asegura que gracias al Factor 2 ya no tiene problemas de sobrepeso, «porque siempre he tenido tendencia a subir de peso». Los cuatro defienden los métodos de Meléndez-Hevia.
Moisés Díaz-Estévanez tiene 78 años y ya sólo toma medicación para la próstata. Hace alrededor de seis años entró a formar parte, como él dice, del Club de la pastilla, el de los hipertensos que tienen que tomarse una pastilla al día para controlar la presión arterial. «No me encontraba mal, pero allá por el mes de mayo del año pasado me estaba ya poniendo gordo y me empecé a preocupar por la tensión». Su relación con Enrique Meléndez-Hevia surgió cuando «un amigo que es analista y farmacéutico», con el que coincide en una tertulia de radio, le recomendó visitar al catedrático. «La primera entrevista la tuve en junio de 2004, unos días después de que en una reunión de antiguos alumnos de mi mujer coincidiera con un científico conocido y le preguntara por él; me dijo que como científico si no el que más, sí era de los que más sabían de metabolismo celular, y eso ya me convenció». Moisés asegura que Meléndez-Hevia nunca le dijo que dejara de tomar la pastilla para la tensión «pero si cuando me toman la tensión no tengo, para qué voy a seguir con la pastilla». Dejó de medicarse para la tensión hace alrededor de 10 meses. Además, «estaba en los límites de la diabetes, porque soy un goloso empedernido, y ahora estoy perfectamente», explica Moisés, que toma una cucharadita de las de café del Factor 2, «que es muy amargo», dos o tres veces al día y del Factor 1, «que es dulce», dos veces al día. En 14 meses también ha bajado 11 kilos de peso.