Daida I. Rodríguez
Las Palmas de Gran Canaria
Feller se ha entrevistado en estos días con el delegado del Gobierno, José Segura, y con el jefe superior de Policía. Además, visitó el centro de internamiento para extranjeros (CIE) de Barranco Seco y el acuartelamiento de La Isleta. La representante de ACNUR se muestra satisfecha por las facilidades dadas por la Administración española. Afirma que las características de ambas instalaciones son muy diferentes y resalta la limpieza y buenas condiciones higiénicas del CIE de Barranco Seco. Además, justo cuando realizaba la visita llegó un equipo médico que les informó de la buena salud de todos los internos, la mayoría «jóvenes y fuertes», tal y como Erika Feller observó.
En cuanto al acuartelamiento de La Isleta, Feller señala que es mucho mejor que la mayoría de los campos de refugiados que ha visitado. Cuentan con baños, duchas e incluso con espacios privados para cambiarse. La comida era buena «sopa, pan, carne entre otros alimentos», cuenta Feller, «además, el ambiente era muy bueno y se podía ver a los inmigrantes bromeando con el personal». Quejas pocas, «sólo pedían más ropa que la que les había dado la Cruz Roja».
Erika Feller tuvo la oportunidad de hablar con los inmigrantes. Así pudo constatar que la mayoría de los irregulares cruzaban el océano Atlántico por motivos económicos. Por eso considera que, la aplicación del sistema de información que se lleva a cabo en Gran Canaria, «no provocará un aumento de solicitudes de asilo».
hombres sin tierra. La adjunta del ACNUR sí quiere dejar clara una recomendación sobre la repatriación de inmigrantes. Según Feller hay países que no reconocen a sus ciudadanos una vez cogen un cayuco e insiste en que «se debe garantizar que las personas son devueltas a sus países y, si esto no es posible, a lugares en donde se garantice que van a ser protegidos».
Feller rechaza que las devoluciones se produzcan sin conocer la ciudadanía de los irregulares poniéndoles en situación de «hombres sin tierra», apátridas que no saben si correrán peligro abandonados a su suerte en una frontera desconocida.
A este respecto también se refiere a el uso de la Armada para blindar las costas canarias. Feller cree que es algo «a considerar» pero sí señala que la labor de la Armada debería ser humanitaria. «Es mejor rescatar a las personas que dejarlas morir en el mar», sostiene, «pero sobre todo hay que respetar la salud y dignidad de las personas implicadas». Una vez interceptados, Feller señala que deben ser advertidos de sus derechos y sus posibilidades de pedir asilo si lo consideran necesario. «Sólo pueden ser desembarcados allí donde reciban ayuda y sus derechos estén garantizados», sostiene, «no hay que olvidar la responsabilidad de quienes les han recogido, hay que cumplir las leyes del mar», añade.
Sobre los planteamientos de grupos como el Partido Popular que señalan la posibilidad de que criminales crucen la frontera en una patera, Erika Feller señala que «no puedo hablar con autoridad». Sin embargo, sí considera que «es una muy mala idea mezclar terrorismo con refugiados» y recordó que, según el Estatuto de los Refugiados de 1951, «no se puede penalizar a los inmigrantes irregulares por el simple hecho de serlo».
Erika Feller, adjunta del ACNUR, considera que la sofisticación del sistema español abre una brecha entre el mismo y el entendimiento de los inmigrantes. Advierte que el acceso a la asistencia legal especializada debería mejorar en Fuerteventura y Tenerife.
Erika Feller quere destacar que se ha de «mantener la perspectiva» a la hora de referirse al fenómeno de la inmigración. Señala que se ha de tener cuidado de no magnificar este problema porque puede provocar un grave rechazo por parte de la sociedad. «Hay que recordar que la gente que llega es muy poca si tenemos en cuenta la cantidad de inmigrantes irregulares que llegan a través de puertos y aeropuertos» sostiene. «No se debe sacar fuera de lugar, no es más ni menos de lo que es», añade. Feller destaca el importante papel que juegan las administraciones locales en este punto.