J.Darriba
Las Palmas de Gran Canaria
Su casa está en la calle Kant, justo al lado de la plaza de Farray, donde se constató por vez primera la acción del escarabajo en Gran Canaria y donde el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se vio obligado a talar todas las palmeras para intentar frenar la expansión de la plaga más peligrosa del mundo para las palmeras, en especial para las canarias.
Los residentes de esta zona estaban ya en alerta. El pasado viernes, la vecina que vive puerta con puerta con Merci Espino recogió otro, sólo que al intentar atraparlo con un paño lo escachó y sólo pudo entregar a Gesplan el escarabajo muerto. Esta vecina asegura que cuando vuela, el picudo «hace un ruido muy fuerte con las alas, como si fueran de plástico duro».
inspección. Los vecinos reclamaron que hicieran una inspección en la zona, no sólo en la plaza de Farray sino en el nuevo parque de Pino Apolinario, que tiene varios ejemplares de palmeras y que está a pocos metros de las dos viviendas en las que han entrado picudos rojos en los últimos días. «Esperamos que las palmeras de Pino Apolinario no estén afectadas», dijo Merci a su vecina, «porque son las únicas que nos quedan ya en el barrio».
Los vecinos del entorno de Farray critican «tanto oscurantismo». Aseguran que «si -las instituciones- hubieran informado de este problema, la gente colaboraría más».
campaña. El portavoz de la asociación Tajalague para la defensa de la palmera canaria, Eduardo Franquiz, se sumó ayer a estas críticas y anunció el inicio de una campaña de información y concienciación ciudadana para subsanar el vacío que no cubren las instituciones.
En este sentido, Franquiz lamentó que «todavía no se haya puesto en marcha un plan de acción rápido, viable y eficaz contra el picudo rojo ocho meses después». «Todavía estamos esperando que los responsables de las consejerías de Medio Ambiente y de Agricultura del Gobierno Autónomo de Canarias se pronuncien al respecto después de haber dicho que la plaga estaba controlada», prosiguió el especialista en palmeras, «al igual que el Cabildo de la isla de Gran Canaria».
El portavoz de la asociación Tajalague para la defensa de la palmera canaria habló de «descoordinación» entre las diferentes áreas del Gobierno canario, así como con el resto de las instituciones ya que no se ponen de acuerdo en la colocación de trampas ni en su diseño.
Los vecinos de la calle Kant temen que el barrio se pueda quedar sin palmeras canarias como consecuencia de la extensión de la plaga del picudo rojo, la mayor amenaza que pesa sobre las palmas a nivel mundial. El pleigro es más patente para ellos, quizás, que para el resto de los ciudadanos: ellos han visto caer todos los ejemplares que había en la plaza de Farray, más otro en la calle Franchy Roca, y ahora temen que el parque de Pino Apolinario sufra el mismo destino. Este espacio libre, abierto en el solar que antes ocupó la escuela de artes y oficios, ha sido cuidado y defendido por los propios vecinos. Por eso, su temor de que se vea afectado por el picudo rojo es tan grande. «Es un parque autogestionado», aseguran los residentes de la zona, «nosotros plantamos, nosotros regamos...». Critican la dejadez del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con esta zona verde: «La alcaldesa Pepa Luzardo adquirió el compromiso de asumir el parque pero lo único que ha puesto ha sido media valla y el agua». Eso sí, el pequeño jardín carece de luz. «No podemos seguir así, no podemos esperar porque la alcaldesa no hace nada», prosiguieron. Por su lado, el portavoz de la asociación Tajalague para la defensa de la palmera canaria, Eduardo Franquiz, recordó que la zona de Farray es el epicentro de un sismo que ha afectado también a Franchy Roca y a Santa Catalina. «Esperemos que no se extienda más».