C.J. Palacios
Puerto del Rosario
La Fundación Twinkle de Surrey, Inglaterra, recibe el nombre del primer gato al que ayudaron en Caleta de Fuste hace una década. Desde entonces acude dos veces al año a la Isla para esterilizar a más de 200 animales que viven en las zonas turísticas. Esta acción desinteresada permite que no nazcan unos 2.000 nuevos gatos al año.
Su última iniciativa consiste en instalar Cat Cafés, comederos techados para los gatos, donde se garantiza su supervivencia y favorece la captura de ejemplares reproductores. El proyecto cuenta con el apoyo de las empresas hoteleras, pero carece de autorización municipal y de control veterinario.
Protestas. Varios veterinarios de la Isla han protestado por la actuación de ésta y otras asociaciones benéficas, a las que acusan de competencia desleal. Sin embargo, lo verdaderamente grave es el desinterés institucional por estos animales. Porque existen perreras municipales, pero no gateras municipales, lo que impide recoger a los gatos abandonados. Porque se vacunan todos los perros contra la rabia pero no se hace lo mismo con los gatos. Porque hay censos municipales exhaustivos de cánidos pero no existen de felinos.
En el caso majorero el problema es aún mayor, pues los gatos salvajes ponen en peligro a la fauna autóctona.