Desde su infancia, Akli D ha estado arropado por la música.
Primero la de su madre, cantante folclórica; luego en el escenario de la escuela en la que estudió y, durante la adolescencia, cuando decidió utilizar la guitarra para expresarse.
A lo largo de su vida ha vivido muchas experiencias: llegó a Francia a principios de los años 80 tras fugarse de su Argelia natal dividida que reprimía las reivindicaciones de Kabilia.
Más tarde acabaría en San Francisco, una ciudad cargada de creatividad, donde sorprendió a la audiencia del Café Internacional con sus melodías desconocidas en Estados Unidos.
Sus composiciones son muy personales: música folk-country de Kabilia y Chaabi (sonido de las aldeas argelinas) pero abiertas a la vida y a otros estilos.
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