La candidatura de Ana Oramas va en serio, pero a destiempo. La diputada nacionalista ya no esconde sus aspiraciones a suceder a Paulino Rivero dos años antes de que se abra el debate. O lo tiene muy claro y ha descifrado y atado muy bien los apoyos o se ha colocado la soga al cuello. Por principio, Oramas debería saber que dos años es mucho tiempo en política y que en su partido un día es una eternidad y que lo que hoy es blanco mañana es negro. Oramas promete una muy anticipada precampaña en la que habrá muchos sobresaltos si no queda descabezada en el primer asalto o víctima de sus patrocinadores.
CC en Tenerife sigue en su estrategia para colocar las piezas de cara a la candidatura. Han echado a Oramas a los leones antes de tiempo y siguen introduciendo debates públicos que cuestionan las líneas estratégicas del presiente del Gobierno, como el asunto del petróleo. Canalizan, aglutinan y lideran el malestar que se hizo presente en el último Congreso Nacional.
Están cometiendo el mismo pecado del pasado, creer que es Tenerife quien debe liderar a los nacionalistas, obviando la fuerza de los palmeros, de los conejeros o de los majoreros, o el peso que tiene Gran Canaria en la estructura orgánica. Se olvidan que hay líderes de las periféricas con muchas aspiraciones y posibilidades para presentar una candidatura y me da la impresión de que Oramas se ha lanzado al ruedo sin tener muy amarrado este asunto, con la promesa firme de los suyos y bagatelas del resto que harán, como siempre, lo que más les convenga.
No tengo dudas de que Oramas era la mujer elegida por CC de Tenerife, incluso por el sector de Paulino Rivero. De hecho hace el mismo máster que Rivero para la presidencia, salvo liderar Coalición Canaria. Fue alcaldesa, diputada en el Parlamento de Canarias y el postgrado lo hace en el Congreso de los Diputados para conocer por dentro la política nacional y la estructura del Estado. Una presidenta en potencia. Es una mujer preparada, pero en un partido complejo y difícil que hay que conocer muy bien porque está entretejido por intereses dispares, pasiones, aspiraciones y ambiciones desmedidas que Paulino Rivero sí conoce a fondo y sabe manejar a la perfección para mantener ese ajustado equilibrio con el que sobreviven.
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La Candidata
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