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Archivos Julio 2012

Es la frase favorita de Rajoy, una expresión de resignación que evoca a la desesperación y a la desesperanza en boca de un líder. Es lo que hay, lo irremediable, indefectible, inabarcable, injustificado... el mundo patas arriba, con nuestro destino en manos de no se sabe quién. Con la sensación de estar intervenidos sin una declaración oficial, de que son nuestros acreedores los que nos dicen cómo tenemos que vivir, qué podemos desayunar y almorzar y a qué precio.
Yo vivo en una permanente sensación de estar en el vacío, en un círculo infernal del que no podemos escapar, echando todas las esperanzas al largo plazo, a ese momento en el que, como decía Keynes, todos estaremos muertos. Vivo preguntándome a qué más tengo que renunciar mañana para que Europa y los mercados crean en este país, faciliten crédito más barato, circule el dinero y después de cuatro trimestres más de recesión se inicie una recuperación económica que, por otro lado, sólo serán cifras, porque sus efectos devastadores ya habrán hecho mella en los españoles, unos empobrecidos definitivamente y otros huidos del país.
Igual que cada fin de semana, tras el gran ajuste del viernes, sólo nos queda la incertidumbre del lunes. Manifestaciones y protestas que calientan la calle, duras críticas al Gobierno por la falta de concreción económica de las medidas, escepticismo sobre la eficacia para un futuro más o menos lejano de recuperación económica, anuncios de más recesión, de más paro, de más parálisis de nuestra economía y el temor reverencial a que mañana los mercados nos castiguen de nuevo porque siguen sin creer que seamos capaces de cumplir y pagar y en la posibilidad de crecimiento del país.
Es verdad que nos hallamos ante una situación de emergencia nacional, que no admite paños calientes. Bajar de un déficit del 8,5% a otro del 3% en dos ejercicios afrontando un ajuste de 65.000 millones, no era viable desde la demagogia de cerrar televisiones autonómicas o bajarle el sueldo a los políticos. La realidad es que los españoles nos hemos dotado de un Estado del Bienestar que no se puede financiar con los ingresos que nuestra maltrecha economía es capaz de generar en una situación de crisis. Si queremos vivir seguros, con buenos servicios, lo tenemos que hacer del crédito y generar una deuda con altos intereses. Casi 30.000 millones gastaremos en 2012 en pagar intereses, más de la mitad del ajuste total. La dura realidad es que es imposible cumplir cualquier objetivo de déficit sin estabilizar esa deuda, lo que implica meter la tijera de forma drástica en el gasto. Debemos asumir que tenemos, y debemos, vivir de forma más austera. Se acabaron los tiempos de la fiesta. Los tímidos ajustes que decidió Zapatero y los drásticos de Rajoy implica tocar los cuatro pilares de nuestro Estado del Bienestar. Rajoy ya lo advirtió: «Tendremos el Estado del Bienestar que podamos permitirnos». Ahora bien, asumir la austeridad no debe ser el pasaporte del desmantelamiento de lo que es un santo y seña de identidad de los europeos. En todo este proceso hay un trasfondo que no se nos debe escapar: el modelo de sociedad al que nos está abocando la Europa más conservadora que tiene en su ADN el gen triunfante de un neoliberalismo más descarnado.
Resolver el asunto del déficit y facilitar la entrada de crédito más barato no es el único problema de este país y sólo resuelve la credibilidad, pero el verdadero problema es que nuestra economía no genera crecimiento. Nadie mueve un duro en este país; primero, porque los bancos están en estado comatoso y no dan créditos, o los que dan son a intereses altos, inasumibles para los empresarios y, en segundo lugar, el empeño del Gobierno en no incentivar la economía y la creación de empleo, a pesar de las declaraciones grandilocuentes de la Unión Europea que es otro embudo. Rajoy, con ese «es lo que hay» sólo nos pide resignación y lo que se espera ahora del Gobierno es que abandone el funeral de los viernes, planifique el futuro y comience a dar esperanza.

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Que desastre de país. A Rajoy no le responden los mercados. En Europa se hacen los suecos y se pasan por el arco del triunfo los golpes de efecto y las peticiones del presidente del Gobierno de España. El Banco Central Europeo sigue sin soltar un euro y la alianza con Italia se desvanece porque Monti ha visto en Rajoy un rival y piensa más en su propio rescate que en salvar al Euro. Las autonomías. Incluidas las populares, se revelan ante los duros ajustes y la calle, los mortales españolitos con salario y los parados, dan las primeras señales de un cabreo irreversible. Cuatro ajustes presupuestarios en seis meses de gobierno y muchos palos al mismo perro, para el que todo son pulgas. Este ajuste, - cuya cifra coincide misteriosamente con la del rescate bancario-, traspasa la línea roja de la paciencia y la tolerancia que los anonadados españoles han mostrado durante este periodo de dura crisis.
Los propios de Rajoy en el PP comienzan a dudar de su capacidad para afrontar el estado de emergencia de la economía española. Por ahora la suerte de Rajoy es que Rubalcaba también está noqueado por la magnitud de la crisis y por el empuje del sector más duro del partido que le exige que se ponga al frente de la manifestación o que deje paso a quien sí tiene agallas para echar a la gente a la calle en contra de las políticas del Gobierno. Los sindicatos no tienen fuelle, pero el personal está tan angustiado que sólo hace falta un empujón o una ilusión para que se desborde la pasión reprimida.

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Alguien me tendrá que explicar muy bien por qué José Miguel Pérez es ahora más débil que hace una semana. El silencioso secretario general de los socialistas canarios logró que el 75% de los compromisarios apoyara su gestión al frente del partido. Pérez, sin mayor algarada, logró también que el 81% aprobara la ponencia ideológica, esa en la que los socialistas dicen que es necesario una política de pactos, esto es, no quedarse en la cueva de la oposición a la espera de que llueven los votos suficientes para gobernar sin nadie. Esta es la posición de Pérez desde siempre. Si no entiendo mal, los sociatas canarios le dijeron a su secretario general que todo estaba muy bien hecho.
Hasta aquí todo iba como una seda. Comienzan a llegar a la mesa del secretario general la venta de apoyos en la tercera votación para su elección. Los restos del juanfernandismo en Tenerife y los sin techo de Gran Canaria, más los allegados de la teoría del río revuelto, quisieron un puesto en la nueva Ejecutiva, a lo que el muy previsible y poco entendido José Miguel Pérez se negó de lleno y obligó a su gente a votar: «O conmigo o contra mí, pero con las manos libres para elegir la ejecutiva. Si me tengo que ir me voy», les dijo a los intermediarios.
Pérez se sometió a otra moción de confianza con uno de sus personales gestos de autoridad y ganó solidez para todos. En el PSC son cazurros y cuando echa un pulso no recuerdan que Pérez no vende su alma al diablo y que sería feliz limpiando escaleras, pero que si está con todas las consecuencias y autoridad.

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