los blogs de Canarias7

Archivos Octubre 2011

Hay momentos negros, y este que vivimos es uno de ellos, pero también es verdad que los ha habido peores y me resisto a la jodida melancolía que padece más de la mitad de la humanidad. Tengo que hacer muchos esfuerzos para no dejarme contaminar por tanto desánimo, por la incertidumbre y por la cascada de nuevos ideales en los que dicen que tenemos que vivir en el futuro. Les confieso que dudo sobre si esta es una melancolía profesional o algo más que no me atrevo ni a nombrar. Leo muchos periódicos, oigo la radio, veo la televisión... y tengo la sensación de estar en una mala película de triste final en la que sobreviven los listos, los malos y los bufones. Como los monjes, a diario tengo que renovar los votos con letanías para evitar la inmensa masa de contaminación ideológica y afectiva que nos aplasta para convencernos de nuevo de que la tierra es plana y de que hay un orden económico y emocional que obliga a la resignación. La melancolía, la decepción, el desencanto, que lo sufren millones de empresarios, profesionales liberales y trabajadores, son las consecuencias del derribo de los pequeños mundos de seguridad que nos habíamos construido a nuestro alrededor gracias al dinero fácil, pero la burbuja es la sombra de la caverna de Platón, lo real es la crisis.
Y no es una cuestión de indignación, como la que describe Hermann Hessel en su bestseller, sino de superviviencia, emocional y cultural. Si la razón ya no rige el universo y sus reglas han creado más caos, si los Estados no protegen al hombre y sus necesidades y si el mercado no funciona de forma virtuosa por sí mismo... ¿entonces en qué debo creer para salvar mi integridad y mi seguridad? ¿Qué debo salvar de todo lo que me rodea para estar bien? ¿De qué debo prescindir y hasta dónde para escapar a la sensación de engaño y a la melancolía de la cultura de la resignación? ¿Cómo espantar al totalitarismo de la nueva era?
Cada día son más los desencantados, los melancólicos... y menos los indignados, confundidos por la lucha de ideales y por el poder. Los primeros son legión, porque todos nos sentimos un poco así, perdidos en nuestros sueños, en nuestros deseos, nuestros proyectos de futuro y en nuestros compromisos. Todos vivimos el peso de la incertidumbre. Todos olemos el peligro para el que las razones ya no sirven. Esa legión contempla un cambio de paradigma en sus vidas y en el mundo. Es la vuelta a la caverna de Robinson Crusoe; la crisis es el mundo real, en el que hay que sobrevivir con imaginación para ser un poco más felices con la herencia de la razón. La naturaleza del hombre es otra: es riego, libertad, elección... Siempre quedan mundos por descubrir, aventuras que emprender y sueños que conquistar.
Yo, como Bill Drayton, me empeño en creer que la crisis es una oportunidad y ofrece mil formas de esperanza. La más importante: el reencuentro con la verdad, con el hombre, que se produce, -y permítanme la licencia teológica-, en el sufrimiento, en el pecado, entre ellos, el más grave, el de la miseria del poder. ¿Señores! ¿Qué hay más allá de todo lo que nos rodea, del poder, el dinero, la política, el juego...? «Recuerda que vas a morir», reza el lema de los trapenses. Y así es. Solo estás tú ante la muerte. Es el destino universal, donde todos somos iguales, «donde todos coincidimos», recordaba Steve Jobs cuando supo que tenía cáncer.
Como Bill Drayton pienso que este puede ser un momento importante para la historia, porque todos tenemos la oportunidad de contribuir con algo cuando todo está cuestionado. Como Drayton creo que por algún lugar hay que comenzar, y lo más inmediato es uno mismo y los que nos rodean. Hay mil maneras de comenzar a hacer las cosas con más riesgo, de forma atrevida, con más corazón y menos razón, con más vocación... Como también dice el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación y Desarrollo, no sólo se trata de trabajar más, hay que vivir más intensamente y comenzar a crear pequeñas realidades, redes de emprendedores positivos, de pensamiento arriesgado y solidario.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

El candidato del PP al Congreso, José Manuel Soria, está como una moto de alta cilindrada en su precampaña. Ayer estuvo aquí, en los desayunos de CANARIAS, y no tomó ni un solo café, no respiró entre propuesta y propuesta, todas las que su partido ha ido haciendo a lo largo de estos últimos meses, cadena perpetua revisable, incluida; despachó cordialidad, atendió a su parroquia como se merece, evitó el triunfalismo e impartió doctrina liberal para salir de la crisis y algo del coaching que alivia las penas del empresariado joven.
Pero al margen del debate sobre las líneas en las que se moverá el PP si gobierna, lo que más me llamó la atención de José Manuel Soria es como está encajando esta nueva posición de poder. Le resbalan hasta las críticas que recibe, que no son pocas. Sereno y seguro de sí mismo. No sé si porque se sabe ganador, o porque realmente, como dicen algunos de sus más allegados, ha cambiado en lo personal. Yo creo más en lo primero, aunque los estacazos de la vida y de la política también los ha acusado. Soria está más sereno porque está más seguro que nunca. Eso tiene el poder, para el que cree más de la cuenta en sus maleficios, que otorga sentido a la vida cuando se tiene. Al presidente del PP canario solo le queda la intranquilidad de presentar un buen resultado en Madrid y de atascar a los nacionalistas y socialistas en su pacto.
Soria siempre gana como orador, pero ayer ganó también en mesura, no sé si fingida, porque como digo engaña mucho el ganchillo del poder y la modestia del ganador, pero Soria estuvo elegante. Como buen deportista se mostró benevolente con sus adversarios en la victoria, al menos en su discurso, porque en la práctica los machaca sin piedad. Prometió olvidar, hablar con todos y contar con todos, a pasar de señalar que sabe dónde ha estado cada uno durante este tiempo.
Las encuestas desbordan sus previsiones y en el PP han optado por tender la mano y evitar las manifestaciones de júbilo y sectarismo ante el triunfo. La situación no es nada buena y hasta el descalabro de los demás se convierte en un enemigo del futuro gobierno de Mariano Rajoy, obligado a tomar una batería de medidas que incendiarán la calle.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

La sola apariencia de poder es una fuente de poder, que bien administrado redobla sus efectos. Es una máxima de los que manejan esta pasión, una de las tentaciones capitales, diría desde la teología, aunque podría circunscribirse a la simple antropología de andar por casa o la filosofía más compleja que discute sobre el asunto desde Descartes a Kant, pasando por Ortega y Gasset y otros. Aquí, en esta pobre tribu, es José Manuel Soria quien aparenta mucho poder mientras el resto lo mira obnubilado y con desconcierto, sin saber muy bien si unirse a la tropa o cambatirlo. Hay que reconocer al líder del PP que maneja bien la situación; se posiciona mejor, amarra poder, llega más a sus votantes, gracias a la ola, y pone contra las cuerdas a sus adversarios políticos que siguen sin reaccionar, noqueados por los golpes y las encuestas.
Al margen de lecciones de antropología, la firma del acuerdo de Soria con Ignacio González es un duro golpe a Paulino Rivero y Coalición Canaria. Van cuatro y preparan alguno más. Es un éxito la estrategia de desestabilización que José Manuel Soria puso en marcha desde que se cerraron las urnas y entendió que era imposible llegar a la presidencia del Gobierno. Sedujo e indujo a la división en CC y al transfuguismo en el PSOE creando problemas graves en el pacto que acariciaban José Miguel Pérez y Paulino Rivero. Algunos de los problemas que ocasionó no están resueltos aún. Sus efectos están pasando factura en las instituciones, pero también en los partidos. En CC hay intereses muy cruzados que Soria conoce y explota. Los chicharreros no piensan lo mismo de Ignacio González, bien situado en la jet set tinerfeña y en algunas instituciones, que lo que piensa Bañolas o Jorge Rodríguez en Gran Canaria, donde los ha dejado, literalmente, con las vergüenzas políticas al aire y en una posición insostenible. Bañolas y CC han salvado el honor saliendo de un pacto sellado con un tránsfuga, pero los lastran las decisiones de Paulino Rivero desde el Gobierno y desde la organización, embarcada en mantener delicados equilibrios en el pacto con Román Rodríguez. Es inexplicable que a estas alturas CC siga sosteniendo, por ejemplo, los más de treinta cargos que del PP siguen en los niveles inferiores del Gobierno, o que no haya dado ni un solo paso para buscar nuevas mayorías allí donde pueden hacerlo de forma inmediata. Parece absurdo que se le deje el poder a quien lo quiere todo y se prevé que lo tendrá todo, salvo otras consideraciones que estén pasando por la cabeza de quienes en CC ya solo aspiran a salvar su trasero.
En esta estrategia, a Soria no le importan mucho los efectos colaterales, ni los arañazos dialécticos que le dedican desde el PSOE y algunos sectores de CC, que no todos hablan. Telde es para el PP un problema en un futuro no muy lejano, y Moya y Firgas son plazas menores de las que puede prescindir. Tampoco le preocupa el efecto sobre el electorado de sus argucias políticas contra los nacionalistas. La lluvia de votos que predicen las encuestas da vía libre a cualquier maldad que se le ocurra al líder del PP, sin apenas sentir que se mueve la tierra bajo sus pies.
La estrategia de Soria se centra en desarmar a CC, restarle apoyo y votos, poner a los nacionalistas en posición de debilidad. Quiere conducirlos a pedir agua por señas en menos de un año. Soria quiere presentar a Mariano Rajoy un buen resultado y entregarle esta plaza. Quiere debilitar a Paulino Rivero y a Román Rodríguez hasta dejarlos sin aliento y quiere revolver el patio de los socialistas tanto como pueda para mover el sillón a José Miguel Pérez. Busca despejar el camino a un posible acuerdo PP-PSOE. Para ello habla con todos, con nacionalistas descontentos y con socialistas despechados, que son los que siempre han querido un pacto con la derecha en Canarias para neutralizar a los nacionalistas.
¿Qué quieren que les diga? Para los plumillas como yo la situación es una fuente de inspiración periodística, pero, sinceramente, para Canarias es otro revés. El mesianismo, la confrontación y la inestabilidad en las instituciones no es la mejor vía para salir de una situación tan grave, en la que solo cabe mesura, diálogo y grandes acuerdos.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

Volver a ver a Olarte, a Saavedra y González Arroyo en las fotos y en las quinielas de los carguitos es desalentador. Dimas no aparece porque está entre rejas. Esto ya no hay quien lo aguante. Tendrían que estar al calorcito de la chimenea, recibiendo mimos, regalos o recogiendo honores de vez en cuando por su patriotismo al servicio de Canarias. ¡Pero no! Ahí siguen en la foto y en la trastienda, dejándose querer por la estrella del momento, maniobrando con sus chiringuitos para seguir en el 'machito', poniendo chinitas en el camino y llevando y trayendo cuentos en las alcantarillas. La vejez, la experiencia y la sabiduría me suscitan un alto grado de respeto, pero estos longevos nuestros me provocan otra cosa, que mejor no mentar. ¿Es que no hay nadie que les obligue a coger el retiro y dedicarse a la pesca en La Graciosa a las palomas o al cultivo de la caña dulce en La Palma? Pensé que con el editor de El Día teníamos cubierta la cuota de loca senectud que todas las sociedades soportan con resignada y civilizada actitud; ¡pero no!, nuestros viejos políticos se arremolinan cada vez que hay una movidilla de poder en el ambiente.
Y eso no es nada. Los que vienen detrás tampoco desmerecen a quienes se parecen. La política canaria camina en sentido contrario a la lógica generacional y a la virtud democrática del servicio público. Ahí está en todas las fotos Ignacio González, alumno aventajado de la escuela de los pastiches políticos inventada por el nacionalismo de importación de Olarte y Bonis, que también sigue ahí, entre bambalinas. En fin, irremediable. Ahí están dispuestos a resistir, a seguir abusando de la bondad del sistema que les premia siempre, aun en el fracaso, esté quien esté, gane quien gane. ¡Menudo futuro!

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

De aquellos polvos estos lodos. Ignacio González nunca ha tenido vocación política, ni es nacionalista, ni de izquierdas, ni de derechas. Ha estado en todo y con todos. Se ha quedado con todo. De ser de «algo» o de «alguien» es de sí mismo y de su familia. Es dueño de un partido político con siglas de lobby con cierto pedigrí nacionalista que adquirió a precio de saldo en el mercadillo de Olarte. Tiene siempre un puñadito de votos que no son suyos. Los que tiene ahora son de CC y los que tendrá en las generales se los regala el PP. Nacho está siempre en la mejor posición de defensa de sus intereses. Hace la cuenta de la vieja con sus recursos y con sus candidatos, contratados en la cola del paro para su empresa-partido. Los lanza al mercado electoral en busca de la llave de las instituciones, que es la que más valor tiene en Canarias.
Nacho siempre es popular. Como al PIL de Dimas Martín, próxima adquisición del PP, todos los líderes han negociado con él. Nació en el PP, pero José Manuel Soria lo echó después del aciago caso Bango, aquella macabra y hortera trama de amenazas y pistolas que acabó con el PP de José Miguel Bravo en Tenerife. Pero Nacho sobrevivió. En esta última etapa logró engatusar a Coalición Canaria y al Partido Nacionalista Canario. Colocó estratégicos números dos que, colgados del tirón de los nacionalistas, obtuvieron representación, como él mismo, en el Ayuntamiento de Santa Cruz, en el Parlamento de Canarias; o sus empleados en el Cabildo de Gran Canaria. Nacho ha hecho de nuevo cálculos y le sale más rentable traicionar a alguien. Con el PP vienen años de bonanza y muchos beneficios, entre ellos la posibilidad de que Soria le ayude a salir de los atolladeros en los que está metido en los tribunales.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

Cada día de este mes es peor que el anterior. Un amigo me dice que no me preocupe, que es pasajero; pero yo no lo tengo tan claro. Es una lástima, pero no encuentro a nadie con esperanzas, fuerzas e ilusión, con ganas de ganar esta batalla a la crisis. Solo encuentro gente con miedo, atrincherada, decepcionada o preparada para defender lo que tiene, incluso sacando lo peor de sí mismos.
Las malas noticias que nos deja la economía ya no son los datos, sino las personas a las que afecta rebajar su nivel de vida, renunciar a sus proyectos, congelar sus sueños o paralizar su vida. Lo que hace un año eran simples titulares en los periódicos son ahora en auténticas pesadillas para los débiles y para los fuertes, para los que no tienen trabajo y para los que no corren peligro porque hacen negocios o tienen un empleo más o menos estable. Hasta lo que va bien es sospechoso y provoca incertidumbre, como el turismo en Canarias, que bate récords, pero sin efectos sensibles en la vida de más de trescientos mil canarios que están en paro.
La muerte, la de Steve Jobs, es de las pocas buenas noticias de este octubre negro. No ofendo su memoria y creo que a nadie con esta afirmación. Él mismo proclamó que la muerte es la mejor invención de la vida. Lo hizo después de proclamar que no hay ninguna razón para no seguir los dictados del corazón. Como los viejos héroes, en la muerte está la victoria, nos coloca desnudos ante la vida, cuando ya nada hay que perder. Al menos la muerte de Steve Jobs nos ha revelado la existencia de un luchador, un hombre inquieto, de luz, trascendente, ilusionado con la vida, constante, mágico, creyente, poseído por la fuerza de los dioses, esa que permite saber qué quieren los hombres y cómo servirles mejor. Hace falta más gente así.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

Al margen de ideologías y simpatías personales, lo objetivo es que los grupos nacionalistas, por la propia configuración del sistema electoral que surgió de la transición española, logran influir de forma decisiva en la política del Estado. Objetivo también es que el período de mayor poder de la política isleña en Madrid lo produjo la debilidad de Aznar en la primera legislatura (1996-2000) y en la segunda (2000-2006) y la existencia de cuatro diputados de Coalición Canaria. El despegue en infraestructuras para el transporte, aguas y costas, así como algunas reformas del REF, se produjo en esta etapa. Paulino Rivero recordaba ayer en CANARIAS7 que, antes de 1996, en Gran Canaria no había circunvalación, ni cuatro carriles hacia el Sur, ni la carretera hasta Puerto Rico, ni la del Norte, ni la de La Aldea. Nos refrescó la memoria de aquellos interminables atascos en la Avenida Marítima y las vueltas que había que dar para llegar a Mogán. Rivero recordó ante empresarios, políticos y profesionales de distintos ámbitos que la subvención al transporte era del 10%, que se elevó al 30% y que hoy es del 50%; la de mercancías era del 19% y se elevó en esa etapa al 70%. Una batería de datos con la que quiso justificar un difícil y delicado pacto de Coalición Canaria con Nueva Canarias para estar en Madrid con grupo propio e influir de alguna manera.
Un pacto esperado y sensato con el que hay militantes de ambos partidos que no están cómodos y otros que lo boicotean porque saben que les restará fuerza política en sus organizaciones. Pero los tiempos son los que son, de crisis, y deben ser conscientes de que solos ya no van a ninguna parte, sobre todo si el esquema de poder que se dio en la segunda legislatura de Aznar se repite en Canarias y los nacionalistas quedan aislados y más divididos por el PP, en cuyas manos queda casi todo el poder del Estado y local.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)

José Manuel Soria solo se bate el cobre en las embestidas para desestabilizar el pacto de los nacionalistas. El resto del tiempo lo echa en hacer cursos en Harvard y hacer cambios de imagen. Se le nota a Soria en los andares el exceso de confianza y las expectativas de destino. No creo que admita consejos míos, pero debe cuidarse y anotar el histórico de López Aguilar.
A estas alturas nadie alberga la menor duda sobre su futuro. Soria encabezará la lista al Congreso por Las Palmas y prepara su desembarco en Madrid con un cargo de responsabilidad. Él lo tiene decidido y lo de «el partido tiene la palabra» sabemos que en «su» PP tiene escaso valor.
Su candidatura, por mucho que lo disfrace y evite, supondrá en la práctica un alejamiento de la política local y de la dirección del partido. De hecho, las espadas ya están en alto dentro de del PP canario. La salida de Soria ha abierto la carrera de la sucesión. Los tinerfeños, con los datos electorales en la mano, reclaman la plaza. Se la disputan un ambicioso Antonio Alarcó, una astuta superviviente como Cristina Tavío y un político palaciego como Pablo Matos.
En Gran Canaria, Soria tiene ya sus patrocinados, entre los que está el fiel y feliz alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, cuyo nombre se deja caer en Génova con insistencia. Lo que no tengo claro es que eso sea lo que quieren las mujeres del PP. Hay que tener en cuenta que la sucesión «natural», por empuje de la tradición, que no por la lógica biológica, es de la José Miguel Bravo de Laguna, al que en algunos sectores del PP le desean una moción de censura para frenar cualquier «aspiración»... de los que lo rodean.

| | Comentarios (0) | TrackBacks (0)