Me resisto a hablar más de Zapatero y de su herencia. Creo que después de su rendición y crucificción, a la que ha contribuído el propio Rubalcaba, a través de sus amigos en la prensa, hay que pensar más en lo que está por venir. "Alea iacta est", me escribió el viernes un querido amigo en un mensaje al móvil, haciendo alusión a la famosa sentencia de Julio César cuando pasó el Rubicón, desafiando a Roma. Ahora ya todo depende de la decisión de los españoles, aunque el margen que deja la situación para decidir el voto, es corto.
El PSOE tiene la maquinaria electoral bien engrasada. Los mensajes a la izquierda y al centro están lanzados, el candidato está bien maqueado por el marketing y el calendario afinado. El PP lleva meses trabajando para este momento y sólo se ha limitado a esperar la rendición de un Zapatero contumaz y errático hasta el último minuto.
A pesar de que la suerte está echada, no sé por qué, tengo la triste sensación de que todo dará igual, que, salvo milagros o situaciones de excepcionalidad, solo hay un mensaje unidireccional en el subconsciente colectivo de los españoles que apunta a la necesidad de un cambio y a un castigo al PSOE.
¿Como logrará Rubalcaba ilusionar a dos millones de votantes de izquierdas decepcionados con Zapatero para que el 22-N cierren los ojos, se tapen la nariz y voten al mismo PSOE? Ya no basta el mensaje de que viene la derecha, el que usó Felipe González para frenar a Aznar. Ese subsconsciente coletivo tiene buenos recuerdos de aquella etapa y ya se ha encargado Rajoy en estos años de no despegarse mucho deAznar.Ni el PSOE, ni Zapatero y Rubalcaba pueden ya ofrecer el argumento de la guerra. En las guerras estábamos y seguimos. No creo que en estas elecciones sirva el debate de ideas.
Ni siquiera es una cuestión de programas. Solo bastan las sensaciones, las intuiciones, para saber quién puede hacer que la economía de los españoles vaya mejor. Basta intuir el futuro para decidir .
Rubalcaba tiene avanzado su programa: "Crear empleo, una economía sana y competitiva, reforzar la igualdad de oportunidades e introducir reformas democráticas en la política porque es una demanda social". ¿A alguien le inspira alegría, entusiasmo y confianza este discurso programático tan light, de alguien que ha estado desde el principio dentro del Gobierno responsable de todo lo que ha pasado?
No creo que el debate idelógico tenga espacio en estas elecciones, aunque es el mejor aliado de los socialistas. Los viejos tópicos de la era de Zapatero juegan con poco margen y están desacreditados. Los nuevos retos de la izquierda, como el medio ambiente, la transversalidad, la igualdad, el feminismo o la sostenibilidad, se desdibujan ante las necesidades reales de cinco millones de parados y un país en crisis.
Aunque es su deber resistir como sea, la izquierda socialista sabe que su ciclo político al frente del poder, ha acabado por unos años y que debe enfrentarse a la tarea de reconstruir su propio ideario, su ubicación ideológica y sus mensajes en un contexto en el que las ideas clásicas están desprestigiadas. Los socialistas saben que no solo se juegan el poder, sino su propia identidad y que no basta con un buen candidato como suponen que es Rubalcaba.
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