Me resisto a hablar más de Zapatero y de su herencia. Creo que después de su rendición y crucificción, a la que ha contribuído el propio Rubalcaba, a través de sus amigos en la prensa, hay que pensar más en lo que está por venir. "Alea iacta est", me escribió el viernes un querido amigo en un mensaje al móvil, haciendo alusión a la famosa sentencia de Julio César cuando pasó el Rubicón, desafiando a Roma. Ahora ya todo depende de la decisión de los españoles, aunque el margen que deja la situación para decidir el voto, es corto.
El PSOE tiene la maquinaria electoral bien engrasada. Los mensajes a la izquierda y al centro están lanzados, el candidato está bien maqueado por el marketing y el calendario afinado. El PP lleva meses trabajando para este momento y sólo se ha limitado a esperar la rendición de un Zapatero contumaz y errático hasta el último minuto.
A pesar de que la suerte está echada, no sé por qué, tengo la triste sensación de que todo dará igual, que, salvo milagros o situaciones de excepcionalidad, solo hay un mensaje unidireccional en el subconsciente colectivo de los españoles que apunta a la necesidad de un cambio y a un castigo al PSOE.
¿Como logrará Rubalcaba ilusionar a dos millones de votantes de izquierdas decepcionados con Zapatero para que el 22-N cierren los ojos, se tapen la nariz y voten al mismo PSOE? Ya no basta el mensaje de que viene la derecha, el que usó Felipe González para frenar a Aznar. Ese subsconsciente coletivo tiene buenos recuerdos de aquella etapa y ya se ha encargado Rajoy en estos años de no despegarse mucho deAznar.Ni el PSOE, ni Zapatero y Rubalcaba pueden ya ofrecer el argumento de la guerra. En las guerras estábamos y seguimos. No creo que en estas elecciones sirva el debate de ideas.
Ni siquiera es una cuestión de programas. Solo bastan las sensaciones, las intuiciones, para saber quién puede hacer que la economía de los españoles vaya mejor. Basta intuir el futuro para decidir .
Rubalcaba tiene avanzado su programa: "Crear empleo, una economía sana y competitiva, reforzar la igualdad de oportunidades e introducir reformas democráticas en la política porque es una demanda social". ¿A alguien le inspira alegría, entusiasmo y confianza este discurso programático tan light, de alguien que ha estado desde el principio dentro del Gobierno responsable de todo lo que ha pasado?
No creo que el debate idelógico tenga espacio en estas elecciones, aunque es el mejor aliado de los socialistas. Los viejos tópicos de la era de Zapatero juegan con poco margen y están desacreditados. Los nuevos retos de la izquierda, como el medio ambiente, la transversalidad, la igualdad, el feminismo o la sostenibilidad, se desdibujan ante las necesidades reales de cinco millones de parados y un país en crisis.
Aunque es su deber resistir como sea, la izquierda socialista sabe que su ciclo político al frente del poder, ha acabado por unos años y que debe enfrentarse a la tarea de reconstruir su propio ideario, su ubicación ideológica y sus mensajes en un contexto en el que las ideas clásicas están desprestigiadas. Los socialistas saben que no solo se juegan el poder, sino su propia identidad y que no basta con un buen candidato como suponen que es Rubalcaba.
Archivos Julio 2011
Me resisto a hablar más de Zapatero y de su herencia. Creo que después de su rendición y crucificción, a la que ha contribuído el propio Rubalcaba, a través de sus amigos en la prensa, hay que pensar más en lo que está por venir. "Alea iacta est", me escribió el viernes un querido amigo en un mensaje al móvil, haciendo alusión a la famosa sentencia de Julio César cuando pasó el Rubicón, desafiando a Roma. Ahora ya todo depende de la decisión de los españoles, aunque el margen que deja la situación para decidir el voto, es corto.
El PSOE tiene la maquinaria electoral bien engrasada. Los mensajes a la izquierda y al centro están lanzados, el candidato está bien maqueado por el marketing y el calendario afinado. El PP lleva meses trabajando para este momento y sólo se ha limitado a esperar la rendición de un Zapatero contumaz y errático hasta el último minuto.
A pesar de que la suerte está echada, no sé por qué, tengo la triste sensación de que todo dará igual, que, salvo milagros o situaciones de excepcionalidad, solo hay un mensaje unidireccional en el subconsciente colectivo de los españoles que apunta a la necesidad de un cambio y a un castigo al PSOE.
¿Como logrará Rubalcaba ilusionar a dos millones de votantes de izquierdas decepcionados con Zapatero para que el 22-N cierren los ojos, se tapen la nariz y voten al mismo PSOE? Ya no basta el mensaje de que viene la derecha, el que usó Felipe González para frenar a Aznar. Ese subsconsciente coletivo tiene buenos recuerdos de aquella etapa y ya se ha encargado Rajoy en estos años de no despegarse mucho deAznar.Ni el PSOE, ni Zapatero y Rubalcaba pueden ya ofrecer el argumento de la guerra. En las guerras estábamos y seguimos. No creo que en estas elecciones sirva el debate de ideas.
Ni siquiera es una cuestión de programas. Solo bastan las sensaciones, las intuiciones, para saber quién puede hacer que la economía de los españoles vaya mejor. Basta intuir el futuro para decidir .
Rubalcaba tiene avanzado su programa: "Crear empleo, una economía sana y competitiva, reforzar la igualdad de oportunidades e introducir reformas democráticas en la política porque es una demanda social". ¿A alguien le inspira alegría, entusiasmo y confianza este discurso programático tan light, de alguien que ha estado desde el principio dentro del Gobierno responsable de todo lo que ha pasado?
No creo que el debate idelógico tenga espacio en estas elecciones, aunque es el mejor aliado de los socialistas. Los viejos tópicos de la era de Zapatero juegan con poco margen y están desacreditados. Los nuevos retos de la izquierda, como el medio ambiente, la transversalidad, la igualdad, el feminismo o la sostenibilidad, se desdibujan ante las necesidades reales de cinco millones de parados y un país en crisis.
Aunque es su deber resistir como sea, la izquierda socialista sabe que su ciclo político al frente del poder, ha acabado por unos años y que debe enfrentarse a la tarea de reconstruir su propio ideario, su ubicación ideológica y sus mensajes en un contexto en el que las ideas clásicas están desprestigiadas. Los socialistas saben que no solo se juegan el poder, sino su propia identidad y que no basta con un buen candidato como suponen que es Rubalcaba.
Me resisto a hablar más de Zapatero y de su herencia. Creo que después de su rendición y crucificción, a la que ha contribuído el propio Rubalcaba, a través de sus amigos en la prensa, hay que pensar más en lo que está por venir. "Alea iacta est", me escribió el viernes un querido amigo en un mensaje al móvil, haciendo alusión a la famosa sentencia de Julio César cuando pasó el Rubicón, desafiando a Roma. Ahora ya todo depende de la decisión de los españoles, aunque el margen que deja la situación para decidir el voto, es corto.
El PSOE tiene la maquinaria electoral bien engrasada. Los mensajes a la izquierda y al centro están lanzados, el candidato está bien maqueado por el marketing y el calendario afinado. El PP lleva meses trabajando para este momento y sólo se ha limitado a esperar la rendición de un Zapatero contumaz y errático hasta el último minuto.
A pesar de que la suerte está echada, no sé por qué, tengo la triste sensación de que todo dará igual, que, salvo milagros o situaciones de excepcionalidad, solo hay un mensaje unidireccional en el subconsciente colectivo de los españoles que apunta a la necesidad de un cambio y a un castigo al PSOE.
¿Como logrará Rubalcaba ilusionar a dos millones de votantes de izquierdas decepcionados con Zapatero para que el 22-N cierren los ojos, se tapen la nariz y voten al mismo PSOE? Ya no basta el mensaje de que viene la derecha, el que usó Felipe González para frenar a Aznar. Ese subsconsciente coletivo tiene buenos recuerdos de aquella etapa y ya se ha encargado Rajoy en estos años de no despegarse mucho deAznar.Ni el PSOE, ni Zapatero y Rubalcaba pueden ya ofrecer el argumento de la guerra. En las guerras estábamos y seguimos. No creo que en estas elecciones sirva el debate de ideas.
Ni siquiera es una cuestión de programas. Solo bastan las sensaciones, las intuiciones, para saber quién puede hacer que la economía de los españoles vaya mejor. Basta intuir el futuro para decidir .
Rubalcaba tiene avanzado su programa: "Crear empleo, una economía sana y competitiva, reforzar la igualdad de oportunidades e introducir reformas democráticas en la política porque es una demanda social". ¿A alguien le inspira alegría, entusiasmo y confianza este discurso programático tan light, de alguien que ha estado desde el principio dentro del Gobierno responsable de todo lo que ha pasado?
No creo que el debate idelógico tenga espacio en estas elecciones, aunque es el mejor aliado de los socialistas. Los viejos tópicos de la era de Zapatero juegan con poco margen y están desacreditados. Los nuevos retos de la izquierda, como el medio ambiente, la transversalidad, la igualdad, el feminismo o la sostenibilidad, se desdibujan ante las necesidades reales de cinco millones de parados y un país en crisis.
Aunque es su deber resistir como sea, la izquierda socialista sabe que su ciclo político al frente del poder, ha acabado por unos años y que debe enfrentarse a la tarea de reconstruir su propio ideario, su ubicación ideológica y sus mensajes en un contexto en el que las ideas clásicas están desprestigiadas. Los socialistas saben que no solo se juegan el poder, sino su propia identidad y que no basta con un buen candidato como suponen que es Rubalcaba.
Es fácil prender la mecha del odio y la violencia. Las ideas simples, las que se sustentan en la desconfianza, no encuentran barreras en la mente humana. El populismo, de la derecha y el de la izquierda, lo saben y las explotan en el seno de las democracias, sobre todo en épocas de crisis. La historia está plagada de errores humanos sustentados en el rechazo, el odio y la venganza. Europa no es ajena a este fenómeno imparable, alimentado por la angustia de la crisis y la globalización cultural. Los extremismos se cultivan y prenden rápidamente sin que reparemos en ellos hasta que la realidad nos vence, como ha ocurrido en Oslo.
En la paz noruega anida, desde la Segunda Guerra Mundial el germen de la radicalidad extremista nazi, que resurgió en los 90 con los Lebensborn, algunos de cuyos ideales explota el populismo con el que ha ido ganado adeptos el Partido del Progreso.
A pesar de los brotes ultraderechistas que padece Noruega, la templanza y la respuesta de sus ciudadanos es digna de destacar. En línea contraria al ideario del execrable pensamiento de Anders Berihng Breivik, los noruegos han optado por fortalecer la democracia y sostener su vocación pacífica. Su gente y su gobierno han expresado el dolor y la solidaridad sin retórica y ha reafirmado su voluntad de seguir construyendo la historia la margen del populismo.
Aún así, es un error pensar que Breivik representa a alguien. No representa al cristianismo, ni a ninguna iglesia, ni a la masonería, ni tan siquiera a la ultraderecha. Es sólo un engendro ideologizado y mesiánico, un obseso de sus propias ideas, un enfermo, un psicópata, que muy bien podría haber estado en cualquier secta de cualquier signo, incluso en Al Qaeda.
Lo que pide el cuerpo a los españoles, lo que está ya instalado en el subconsciente colectivo, es que se convoquen elecciones generales, que venga otro que dice que está mejor capacitado y que nos arregle el problema de la crisis. El PP, a fuerza de silencios en sus propuestas, y mucho ruido en torno a Zapatero, se ha convertido en la única esperanza de los españoles.
El adelanto electoral y el debate que lo rodea, ni siquiera responde a qué es lo que hay que hacer para salir de la crisis. Las fórmulas son habas contadas, son las mismas que siguen el resto de países de la Unión Europea que también han perdido su soberanía. La cuestión es cómo hay que hacerlo; el debate está en torno a la voluntad y la capacidad de Zapatero para hacer las reformas sin trampas. La desconfianza que genera el Gobierno en España y fuera de España es otra de las claves de este debate sobre el adelanto electoral.
Siendo realistas y honestos en el análisis, la cuestión de la recuperación económica no está en manos de Zapatero ni de Rajoy. Desde el inicio de la crisis fue el extraño poder del mercado el que marcó las pautas de la recuperación. Primero vino la crisis financiera, salvada por el Estado con dinero público, sin ninguna contrapartida para los ciudadanos que seguimos esperando que los bancos abran el grifo de los créditos. Después fue la crisis del déficit público, y allí acudió el Estado soberano a hacer los recortes necesarios para satisfacer los números exigidos por las grandes corporaciones supraestatales para, supuestamente, crear confianza en los mercados y que la recuperación fuera posible. Ahora estamos ante la crisis de la deuda soberana, clave de bóveda de la historia reciente y de la desgracia y deterioro de las democracias occidentales. A fin de cuentas, desde que los estados democráticos decidieron optar por financiarse en los mercados internacionales, en vez de ceñir sus ingresos a los impuestos, engordaron la maquinaria que hoy manda en el mundo. Bajaron los impuestos y se mejoró el rendimiento de los ingresos, pero a costa de la soberanía. Quien debe tanto dinero como debe España, o se echa al monte o se deja encausar. Hoy son los mercados los que están decidiendo por los políticos y los políticos se han puesto al servicio de los mercados en Occidente, con el agravante, de que el que más poder tiene, más gana; y el que es más pobre, más tiene que pagar. Hoy el Estado no es de los ciudadanos, sino de los acreedores, y la única vía es ahorrar para pagar y salvar algo de nuestro clásico Estado social y democrático de derecho.
Como la vida misma. Algo que a Zapatero le costó entender. Mientras tuvo en sus manos una Visa Oro no se dio cuenta de los riesgos. Ese fue su error; de gestión e ideológico. Expuso la democracia y a los ciudadanos a las fuerzas de los acreedores y debilitó el Estado social y democrático de derecho, en su sentido más clásico.
Este conglomerado, es el origen de la debilidad de nuestras democracias, del cuestionamiento de la política y del descontento de los ciudadanos. El gran reto no es otro que superar los efectos de la globalización y de una política financiera que ha otorgado excesivos poderes al dinero en organizaciones supranacionales que los Estados y la comunidad internacional no controlan, pero esta es una tarea de la derecha y de la izquierda, de todos, porque por todos hemos perdido.
Ni es Zapatero ni es Rajoy los que están en el origen del problema, ni todos somos culpables ni inocentes. La responsabilidad es un poco de todos, aunque algunos digan que la derecha es cómplice de los mercados. Lo real es que ni la derecha ni la izquierda han sabido defender las conquistas occidentales y ahora nos vemos abocados, irremediablemente, a renunciar a la soberanía, a las libertades, a los servicios sociales, al contrato clásico de los ciudadanos con sus Estados democráticos.
Por eso creo que no se trata de adelantar las elecciones o no, sino de querer entenderse para reconquistar la democracia, y de esta cuestión se habla muy poco en este país, en el que tiende a imperar la rapiña política, la insolidaridad y el sálvese quién pueda en las coyunturas.
Mientras las dunas se agotan, la playa de Maspa-lomas desaparece y millones de turistas quedan defraudados, las administraciones públicas res-ponsables del asunto siguen enfrascados en sus papeleos pasándose la pelota. Después de meses de debates sobre qué hacer para regenerar la pla-ya y decidir una extracción mecánica de La Baje-ta, ahora es el Ministerio de Medio Ambiente el que pide un informe más y pasa la responsabili-dad al Cabildo de Gran Canaria.
¿Cómo es posible que cuatro meses después de plantearse un proyecto científico serio para la re-generación de la playa de Maspalomas nadie se haya preocupado de preguntar por el expediente en el Ministerio de Medio ambiente? ¿Cómo es posible que nadie en el Ayuntamiento de San Bartolomé, en Costas o en el inútil consorcio turístico, -por el que han pasado tres presidentes para ejecutar una obra-, se haya percatado de que la competencia de gestión de ese espacio natural es del Cabildo después de ser consensuado con esta institución el proyecto?
Ha ocurrido exactamente lo mismo con el paseo o dique a lo desde el faro a la playa. Una cadena de despropósitos políticos llevó a que la obra se paralizase y miles de turistas sigan transitando heroicamente por los cayos.
Solo la incompetencia puede explicar lo que está pasando en Maspalomas. Ya es hora de que alguien coja el toro por los cuernos y tome las decisiones necesarias en esa zona para evitar que los miles de turistas que nos visitan, forzados por los conflictos en el norte de África, se marchen frustrados y decidan no volver. Creo que en algunos ámbitos políticos y administrativos no se enteran de que nos va la supervivencia de muchos grancanarios en que el turismo funcione.
Que dios te oiga!, exclamó ayer uno de los invitados al acto de toma de posesión de los nuevos consejeros cuando Paulino Rivero dibujó la línea de puntos que deben seguir: «Consenso, estabilidad, solidez y firmeza». «¡Que Dios te coja confesado y que perdone tus pecados!", añado yo a una declaración de principios con los que hay que hacer cierto ejercicio de hermenéutica para destapar un mensaje político bastante compacto.
A estas alturas nadie puede dudar de la firmeza de Rivero en la toma de decisiones, que suma a la de otro convencido de que las cosas hay que hacerlas, como es José Miguel Pérez. Es más, a ambos las presiones, vengan de donde vengan, los llevan siempre a la esquina contraria y a voluntad y codos para trabajar no hay quien les gane. Harán un esfuerzo por llegar a consensos, pero cuando sean imposibles, cuando noten que el contrario usa el diálogo para ganar tiempo o dilatar la solución de los problemas, no dudarán gobernar con el Boletín Oficial en la mano.
Hay más. Si hay que traducir políticamente los estudiados adjetivos que Rivero puso ayer a su Gobierno, solo se puede hacer desde la jerga propia de dos hombres de firmes convicciones, que han decidido unir sus destinos en lo político y que harán frente a las adversidades. Dicho de otra manera: habrá gobierno CC-PSOE a pesar de la victoria del PP en Madrid y se tomarán decisiones que no gustarán a algunos instalados de toda la vida.
Vendrán días duros para algunos y lo saben; quizás sea por eso que, por primera vez en la historia de los presidentes canarios, al día siguiente de la toma de posesión ya se estaba conspirando para la sucesión en CC o para cerrar el paso a José Miguel Pérez en el PSC.
Rubalcaba, que desde hace meses viene marcando los tiempos del Gobierno, terminó ayer de dibujar el escenario político inmediato. Sus prisas por desvincularse de Zapatero, al margen de una estrategia electoral en la que domina el marketing con cambio de denominación de origen que lo desvincula de su pasado -aunque será muy difícil dejar de ser Rubalcaba para convertirse en Alfredo después de ejercer de Rasputín en todos los gobiernos-, incluye la posibilidad de un cambio de fecha de la convocatoria electoral.
En este escenario, los nacionalistas canarios deberán darse prisa si quieren llegar a un acuerdo para hacer frente común a la ola del Partido Popular en las Islas, que amenaza con arrasar con la ya exigua representación en Madrid. Después de constituido el Gobierno, sustentado en el principio político de no dejar pasar a José Manuel Soria, la preocupación de Paulino Rivero y José Miguel Pérez sigue siendo la misma. Ambos adivinan un panorama desolador si las previsiones y las proyecciones de voto que tienen entre sus papeles se cumplen. El PP puede obtener más diputados en las islas y los nacionalistas, en el mejor de los casos, mantener los dos que ya tienen.
El frente gubernamental en Canarias para frenar al PP ha funcionado. Los socialistas, poco más pueden hacer que intentar aprovechar el tirón de Rubalcaba y el que les proporcionan las instituciones a las que han accedido; eso siempre que no se devoren entre ellos por el poder. Ahí está la vieja guardia. Llevan años viviendo al calor de la política; han visto cómo José Miguel Pérez ha hecho el milagro de los panes y los peces y se resisten a quedarse fuera del festín, a pesar de que durante meses hayan estado jugando a laminar al secretario general. Quieren «algo» que no coincide exactamente con lo que quiere el equipo de Pérez, que desea dar paso a gente nueva, fresca, fuera de los círculos tradicionales de los lobbies socialistas.
Román Rodríguez también está preocupado. Cuenta con los mismos datos que Rivero y Soria, pero el líder de Nueva Canarias se siente culpable. No supo valorar la llamada de los socialistas ni interpretar los signos de los tiempos; hizo una dura campaña contra los hijos de sus propias ideas, tonteó con Soria y se obsesionó con entrar en el Parlamento. Perdió en el cálculo y ahora tiene la obligación y, casi la necesidad vital, de reconducir el error que lo dejó fuera de las instituciones.
El anuncio de la salida de Rubalcaba del Gobierno obliga a los nacionalistas a pensar en alternativas rápidas para hacer frente a la arrolladora ola de la derecha. Lo más práctico es el recuento de votos. Sólo en Gran Canaria las dos fuerzas políticas tienen 85.000 votos, lo que supone, con toda seguridad, dos diputados en Madrid. El método de urgencia no puede ser otro que la UTE o la fusión fría. Una negociación urgente con proyección de futuro, una coalición de partidos que dé paso, desde la fuerza de cada uno, a una reconciliación y organización común de mínimos.
Coalición Canaria debe tener un gesto con Nueva Canarias después de la abstención de Román Rodríguez, pero con este escenario, Nueva Canarias tampoco puede exigir la luna. Román sabe que su estrategia lo ha debilitado ante sus bases, que no son otras que los alcaldes, y que éstos están dispuestos a forzar una nueva situación o a colocarse en las líneas de CC. Roque Aguayro ha dado un paso al frente con la dimisión de Antonio Morales en la vicepresidencia de NC; Teodoro Sosa ha recordado que él es del Bloque Nacionalista Rural. Telde y el núcleo duro de Román en Las Palmas de Gran Canaria y en el Cabildo son prisioneros de Bañolas.
A Román Rodríguez y a Paulino Rivero los ciega el pasado, pero ambos siguen jugando un papel fundamental, cada uno desde las posiciones de poder así como en los fracasos, pero ambos, una vez colocadas las piezas, deben ceder. Paulino Rivero no puede aspirar a estrangular a Román hasta la asfixia y Román no puede querer ganar por goleada en Gran Canaria y quedarse con la organización. Paulino debe buscar una salida digna y Román tiene que proporcionársela, y dejar en manos de los que vienen detrás el futuro del nacionalismo en Gran Canaria.
El presidente del gobierno, Paulino Rivero, no está solamente ante un simple chantaje de el periódico El Día, sino ante una operación política de mayor alcance destinada a apartarlo del poder lo antes posible. En Tenerife siempre han sido muy dados a este tipo de campañas de desprestigio con burdos, truculentos e inconsistentes montajes, como el caso Bango, la trama del tráfico de armas y de drogas o la evasión de capitales.
La falsificación del poder otorgado por los familiares del presidente a un gibraltareño para la gestión de una empresa que se constituyó con 20 millones de Euros, en sí misma es tosca, de fácil desmonte. Sólo bastaba un certificado como el que se obtuvo de la Embajada de España en México para desacreditarlo inmediatamente.
Aquí el asunto importante no es cómo, sino quién o quiénes y para qué. ¿Quién tenía datos personales de la familia del presidente para dar apariencia de veracidad a ese documento? ¿Quién ubicó a su mujer y a su hermana en un escenario sospechoso y conocido por algunos de los que aún siguen mandando mucho en Canarias? ¿Quién ordenó la falsificación? ¿Quién la hizo llegar a los digitales opacos de donde lo tomó ABC y El Día, periódico al que sólo le bastó el cabreo ciego de quedarse sin radio para entrar al trapo?
¿Se ha preguntado Paulino Rivero qué políticos, técnicos y empresarios, con mando en plaza desde 1997 viajaron a México? ¿Sabe el presidente quién abrió la vía de los negocios mexicanos por los que la magistrada Carla Bellini interrogó a empresarios, políticos y cargos intermedios de los gobiernos presididos por Manuel Hermoso y después por Román Rodríguez en el sumario del caso las Teresitas?
El que falsificó el documento donde aparece el nombre de la esposa del presidente, Ángela Mena, su hermana, María Caridad y una tercera persona otorgando poderes a un ciudadano gibraltareño sobre la empresa Mountain's River and Co Limited, cuya falsedad certificó el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, las ubica en un escenario muy conocido por el poder político y económico de Gran Canaria y de Tenerife. México fue, en aquellos tiempos, como el dorado para el Gobierno de Canarias en el que mandaban Manuel Hermoso y Román Rodríguez desde la presidencia, Adán Martín desde la vicepresidencia, Julio Bonis desde Sanidad y después en la Consejería de la Presidencia; Luis Hernández desde el Puerto, José Carlos Mauricio como intermediario en Madrid, Miguel Zerolo desde el Ayuntamiento de Santa Cruz, Francisco Fernández Roca desde la potente concejalía de Hacienda del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y José Manuel Soria al mando de las riendas del Partido Popular de Canarias.
No anda desencaminado Paulino Rivero cuando dice que hay una «trama» con un objetivo concreto en torno a esa falsificación para desacreditarlo. Quienes puedan estar detrás jugando sucio con burdas operaciones de manipulación de documentos mexicanos, no quieren chantejearlo, como plantea el presidente de El Día, que aquí es un mero instrumento enrabietado. Los que son han juramentado para poner en marcha el final del ciclo político de Rivero en CC y en Canarias. Quienes están detrás del asunto, y los que se han sumado en las últimas semanas, hace tiempo que le quieren cerrar el paso a Rivero. Otean un segundo mandato de más intensidad y firmeza, con un aliado no deseado como el Partido Socialista Canario.
Las alarmas, entre los enemigos de Rivero y los de su alianza con José Miguel Pérez, están encendidas ante la posibilidad de que el hombre del Sauzal siga mandado. Como bien dice un amigo, el poder del Gobierno y su tremenda influencia en la economía de las Islas, «bien vale una trama» para quien un día lo tuvo todo y ahora lo quiere retomar. Por eso, ante el escaso éxito para desalojar del poder a «quien no es de los nuestros», han decidido tirar por los bajos fondos, por México, donde todo fue posible en aquellos años de poder casi absoluto de CC, con el PP en Madrid y que aún lo sigue siendo en la Baja California.
