Magnifico cierre del discurso de Zapatero en el debate del estado de la nación. Lo digo de verdad, porque creo que el país debe salir de la crisis y caminar hacia la diversificación, la excelencia y la competitividad, garantizando los derechos sociales, pero al mismo tiempo siento tristeza. Que pena que muchas de las cosas que dice sobre la necesidad de consensos no las haya puesto en practica en estos últimos años de gobierno. Aconsejo leerlo atentamente.
"Concluyo, Señorías. Lo haré con una reflexión final sobre el significado y la magnitud de la crisis, y lo que supone de gran reto colectivo para todos.
A estas alturas, nadie puede dudar de que lo que estamos viviendo no es sólo un cambio de ciclo económico. Esta crisis es otra cosa.
En su dimensión internacional, entraña un desafío para la posibilidad misma de una globalización ordenada y justa, de una globalización que no desapodere a las instituciones democráticas en su capacidad de respuesta y de responsabilidad con sus ciudadanos.
En el ámbito territorial que más nos concierne, en Europa, la crisis está suponiendo un enorme reto para la gobernanza de la Unión económica y monetaria.
Y en su dimensión nacional, estos desafíos han confluido con uno adicional para nosotros, el cambio de modelo productivo.
Lo he dicho ya en diversas ocasiones: no podremos volver a crecer, y a crear empleo del modo en que lo hicimos en el pasado.
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Tenemos que ser más competitivos, más innovadores, más flexibles y más eficientes, todos, como país, administraciones públicas, empresas y trabajadores.
Y para eso tenemos que perseverar en el proceso de reformas, en la mejora de la eficiencia y en la austeridad.
Comprendo la impaciencia por ver el final del túnel. La comprendo porque siento esa impaciencia todos y cada uno de los días. Pero esa impaciencia no me ha llevado nunca a dudar del rumbo elegido.
La superación de esta crisis no depende sólo de nosotros pero estamos haciendo lo que depende de nosotros. Así lo creo aunque la tarea aún no arroje, al día de hoy, los resultados que deseamos.
Tampoco la impaciencia me ha llevado a dudar en ningún momento de nuestra capacidad como país. Y nadie debería hacerlo.
Hemos superado en el pasado otros retos colectivos de una magnitud semejante. Y contamos con fortalezas indiscutibles.
La renta per cápita de España se sitúa en torno a los 25.000 euros y se mantiene por encima del promedio europeo, a pesar de la crisis económica; la renta disponible es un 17% superior a la que había en 2003 (100.000 millones de euros más); disponemos ya de una de las mejores redes de infraestructuras del mundo; algunas de nuestras empresas lideran internacionalmente diversos sectores; nuestra energía exportadora crece cada día; hemos avanzado claramente en Investigación e Innovación; en el ámbito de las TIC, las empresas españolas son líderes en Europa en la utilización de
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banda ancha; comenzamos a reducir nuestros déficit educativos; disfrutamos de un nivel de servicios públicos muy estimable; y hemos logrado un considerable desarrollo de la política social y del Estado de bienestar, que debemos proteger, que todos debemos contribuir a proteger.
Es decir, las reformas no caen en barbecho. Operan sobre estas fortalezas, las activan al máximo y aseguranque nuestro país pueda dar un salto hacia adelante en competitividad.
Pero necesitamos seguir haciendo un gran esfuerzo colectivo, con plena conciencia de que está en juego nuestro bienestar para las próximas décadas.
España va a superar una prueba dura, en un contexto europeo e internacional muy complicado. Y hay que llegar hasta el final. Y sabremos hacerlo.
Este esfuerzo no es un esfuerzo ciego, al servicio de una determinada ortodoxia económica o impuesto desde fuera. Yo no lo concibo así.
Si este esfuerzo tiene sentido, y lo tiene plenamente, es para poder renovar, en el contexto, eso sí, más exigente en el que ahora nos toca vivir, nuestras aspiraciones de una sociedad más equitativa, capaz de extender el bienestar y de dispensar oportunidades a todos.
Sé bien que las reformas,los ajustes y los cambios que se reclaman a los países han de tener una contrapartida de esperanza para nuestros pueblos. De lo contrario, correremos un riesgo de deslegitimación de las instituciones -de las europeas y de las españolas-y hasta de los sistemas democráticos, que han
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de proveer de bienestar o al menos de un horizonte para ese bienestar.
De ahí nuestra constante preocupación por velar por la cohesión social, por propiciar un reparto equitativo y solidario de los costes de la crisis. De ahí, también, nuestra constante voluntad de seguir promoviendo, una y otra vez, el diálogo con los grupos políticos, con las Administraciones y con los interlocutores sociales - a pesar de las dificultades provenientes de la agenda política, de las que somos muy conscientes-.
El esfuerzo colectivo y la colaboración institucional no han tenido nunca en España más sentido que ahora. Y las urgencias políticas no deberían llevar a nadie a desdeñarlo porque seguirán teniendo sentido después de las próximas generales, gobierne quien gobierne entonces.
Todos deberemos rendir cuentas de nuestra actitud en este sentido. Desde luego, en primer lugar, el Gobierno y su Presidente, pero también el líder del partido de la oposición, que es ahora el partido mayoritario en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, y los demás grupos.
La colaboración no significa renunciar a las alternativas pero sí requiere concretarlas para que la posibilidad de un diálogo mínimamente constructivo sea al menos verosímil.
Por ello, con la máxima franqueza y disponibilidad, les vuelvo a ofrecer y a pedir esa colaboración, ese esfuerzo colectivo para que salgamos definitivamente adelante."
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Zapatero, en el tramo final...
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