Los candidatos a las principales instituciones se han empeñado en no hablar de pactos en una comunidad en la que la gobernabilidad depende de ellos. Yo creo que uno de los elementos fundamentales de la reflexión para los que votamos, son los pactos. Tiene razón Saavedra cuando dice que no es demoniaco hablar de ellos. Pactar sustenta todo el sistema, al menos yo, necesito saber con quién prefiere pactar el partido, al que pienso votar, para saber cómo será un futuro gobierno, o quién será el alcalde de la capital o el presidente del Cabildo de Gran Canaria, donde vivo.
Hay que hablar de pactos, y si no lo hacen los políticos lo hacemos los ciudadanos , aunque no les guste a los políticos y nos descalifiquen por ello. Lo debemos hacer los periodistas y debemos seguir preguntando por este asunto, porque no es lo mismo pactar con unos que con otros; y tampoco quiero desilusionarme y sentirme defraudado después del 22 de mayo cuando, impotente, vea que mi partido ha pactado con mi enemigo y que mi aspiración política queda aplazada otra vez.
Quien único está envalentonado hablando de pactos es José Manuel Soria, aunque su planteamiento está envuelto en un celofán transparente; es el clamor de un desesperado que ha interpretado correctamente las señales. Está convencido de que va a ganar en votos y en número de escaños y no quiere que le hagan a él lo que él hizo a Juan Fernando López Aguilar. El argumento de la emergencia y la necesidad de un pacto de responsabilidad ya es poco creíble, entre otras cosas porque cuando pudo no lo hizo, y trató de dinamitar esas iniciativas. Salir del Gobierno fue un signo de irresponsabilidad que pesa ahora mucho. Por eso, la única salida de Soria es buscar un pacto cómodo, de compromiso democrático, de principios, que ya Rivero y José Miguel Pérez se encargaron de dinamitar poniéndole delante sus propias contradicciones y la escasa confianza que genera como para entregarle el poder. Soria interpreta correctamente que es el peor situado para pactar con Paulino Rivero o con José Miguel Pérez y que éstos tienen más fácil entenderse.
Paulino Rivero piensa que será la primera fuerza política, que llegará a los 21 diputados y que si no lo es también gobernará y que lo hará desde la presidencia del Gobierno. Las premisas de Coalición Canaria son claras: pacta con quien le de la presidencia a Paulino Rivero. Si gana, que es su previsión, está autorizado a impulsar el Gobierno y pactar con quien elija, y si pierde, también lo hará con el que pierda. Esas son las reglas del juego, las que se impusieron en otras convocatorias y las que se impondrán en esta. Será Paulino Rivero el que elija con quién pactar, y yo creo que no ha elegido, y que conociendo el sentido pargmatico con el que se mueve el presidente, lo hará con el que más fácil se lo ponga para los objetivos que ha planificado.
Desde esta premisa me pregunto: ¿Está Soria dispuesto a ocupar un segundo nivel en el Gobierno, como vicepresidente, con Paulino Rivero? ¿Qué puede ofrecer a Paulino Rivero que no haya dado ya en la etapa en la que estuvo en el Gobierno? ¿Está dispuesto a sentarse en el banquillo del Parlamento un año mano sobre mano a esperar que gane Rajoy en Madrid y que le de un ministerio de segunda en la pedrea? ¿Qué puede ofrecer que no sean expectativas de poder en Madrid con un largo y dificil año y medio por delante? ¿Está dispuesto Paulino Rivero a gobernar con quien lo dejó solo en el peor momento para su Gobierno, cuando la crisis obligaba a apretarse el cinturón y sobraban los parados? ¿Romperá ahora Paulino Rivero con Zapatero para hacerle la campaña al PP y situarse de cara al próximo ciclo político o necesitará el PP de CC como ha necesitado el PSOE?
Soria, con sus decisiones precipitadas como la de salir del Gobierno, se lo jugó todo al dinamitar los puentes con Coalición Canarias. Con el PSOE hace tiempo que los rompió, y aunque crea que hay socialistas dispuestos a pactar con él, es una ilusión que algunos le han hecho creer. ¿Recuerda Soria su etapa de presidente del Cabildo de Gran Canaria y a José Miguel Pérez en una oposición casi humillada? Allí se gestó esa incompatibilidad entre quien hoy secretario general de los socialistas, al que casi le quita el móvil, le reduce el sueldo y lo margina en un despacho perdido. Aquellas humillaciones, simbolizadas en los seis escalones que se hizo construir Soria para la presidencia y en la bandera que mandó a instalar en la Avenidad Marítima, siguen vivas en el PSOE.
Pero al margen del pasado y con la confianza rota, en la práctica política ¿Quiere el PSOE un pacto con quien será su principal rival dentro de un año en las elecciones generales? ¿No es más rentable sumar a Rubalcaba apoyos en Madrid? ¿Existe una situación de emergencia como para justificar un pacto cuando con Soria fuera del Gobierno la economía comienza a recobrar vida? Está el Partido Socialista Canario en condiciones de plantearse su vieja aspiración de sacar a los nacionalistas del Gobierno cuando Zapatero necesita un año más sus votos en Madrid? ¿Están en condiciones los socialistas de elegir con quien pactar en contra de Zapatero y de Rubalcaba? Creo que no se equivoca Soria en su análisis, porque tal y como están las cosas, gane o pierda, como le ocurrió a López Aguilar, está en la peor posición para pactar, si no es a costa de muchas renuncias.

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