Es la pregunta de los lobbies y los grupos de poder dentro de CC y PSOE una vez establecido el pacto de gobierno. Yo, en contra de las expectativas de los grupos de poder y hasta de las necesidades profesionales, renunciando a los titulares de mañana, espero que hoy Paulino Rivero y José Miguel Pérez hablen de lo que verdaderamente le interesa a Canarias. En este pacto creo que solo hay una gran pregunta: ¿qué van a hacer los dos partidos para paliar la grave situación de paro que sufre Canarias?
Me gustaría escuchar hoy que se han puesto de acuerdo y que tienen un plan concreto para afrontar, desde las instituciones en las que van a gobernar conjuntamente, para intentar sacar a muchos canarios de las listas del paro. Que el turismo será uno de los ejes transversales de la nueva administración para impulsar el crecimiento económico. Me gustaría saber si habrá un acuerdo rápido sobre las bases económicas y diferenciales, como el Régimen Económico de Canarias o el Estatuto de Autonomía de Canarias para adaptarlos a las nuevas circunstancias de la crisis.
Me gustaría escuchar que se va a acometer una amplia remodelación de la administración para simplificarla, abaratar sus costes y acercarla a los ciudadanos y me gustaría escuchar que se hará lo posible por elevar el nivel de nuestra democracia con una generosa reforma de la ley electoral.
Me gustaría escuchar que van a impedir a toda costa que se desmonte el estado del bienestar y que trabajarán por la cohesión social y de Canarias. Me gustaría escuchar una última cosa de Rivero y Pérez. Un mensaje de esperanza no obligado por las circunstancias. Los empresarios necesitan creer para crear riqueza. Los trabajadores esperan no perder su trabajo y ganar dignidad y los más apaleados por la crisis necesitan saber que son lo primero. No habrá pacto honesto ni gobierno justo si no hay un compromiso serio por crecer económicamente, pero tampoco lo habrá si la riqueza no llega a todos.
Archivos Mayo 2011
Al margen de los números y los programas, las razones más poderosas para un pacto entre nacionalistas y socialistas tiene mucho que ver con sus intereses políticos y con la modulación del poder, que trata de evitar de facto el predominio del PP en la mayoría de las instituciones. El PSOE tiene que salvarse en Canarias frente al PP y CC tiene que poner las bases para sostener su representación en Madrid y que Soria no se la arrebate. Ambos partidos tienen un objetivo común: frenar a Soria, el mismo trasfondo que impulsó el pacto CC-PP en 2007 contra Juan Fernando López Aguilar.
Con las reglas del juego actuales, los nacionalistas no olvidan que el mejor momento político para Canarias lo constituyó la debilidad de José María Aznar en su primera legislatura. La necesidad de los cuatro votos de CC en Madrid y la de los catalanes de CiU obligó al líder del PP a modular sus posiciones, a matizarlas en sus extremos y sirvió a Canarias para despegar en las grandes infraestructuras.
Tampoco olvidan que la mayoría absoluta del PP en la legislatura siguiente (2000-2004) fue nefasta para las Islas, a pesar del inmenso poder acumulado por José Manuel Soria. Tenía el poder absoluto. El Estado, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Cabildo de la Isla, el de San Bartolomé, el de Telde, Mogán... y una parte del Gobierno autónomo. Se convirtió en el representante de Canarias en Madrid y en el medianero de Madrid en Canarias.
Después de Aznar y de la escisión de Coalición Canaria sólo se ha logrado arañar partes del presupuesto. Lo grave de esta etapa es que Canarias dejó de ser importante para Madrid y ni el poder de Soria ni el de López Aguilar en sus partidos logró colocar a las islas en el mapa de las grandes decisiones importantes.
Para Coalición Canaria, no dejar pasar al PP en estas elecciones es fundamental de cara a su futuro en Madrid. Modular su ascenso frenando sus aspiraciones de poder colocaría a las Islas en el mismo escenario que el que se produjo con la victoria de Aznar en marzo del 2000.
Esta estrategia de modulación del poder es la que caracteriza la legislatura que cierra Paulino Rivero y la que vuelve a poner sobre la mesa en este momento. De entregarse enteramente al Gobierno de turno en Madrid, Paulino Rivero prefirió romper el modelo tradicional y pactar en Canarias con Soria, en aquel momento en horas muy bajas, y modular el poder del PSOE. Es menos seguro para los nacionalistas, pero le ha dado más autoridad y notoriedad en el Estado.
Para el PSOE, pactar con CC es una cuestión de supervivencia, como le ocurrió a Soria en 2007. Hay poderosas razones de política nacional. Saben también que las posibilidades de sobrevivir en Canarias ante el poder de Soria son mínimas en un escenario, además, de precariedad económica.
Felipe González (como Aznar interviniendo y mandando en la sombra), en la Cuarta página de El País del pasado viernes, en un artículo titulado ¿Y ahora qué?, trazaba con nitidez el futuro del Gobierno y del PSOE. Zapatero agotará la legislatura y seguirá profundizando en las reformas emprendidas. Es la línea del socialismo europeo del futuro, el mismo que predica Blair: el mundo nuevo es capitalista y liberal y los socialistas mantienen viejos postulados inmutables que no encajan con las nuevas políticas.
En cuanto al partido, González quiere una candidatura única que surja del Comité Federal, como ha ocurrido. Todo el partido y toda la acción de Gobierno para proteger el futuro de los socialistas y amortiguar la caída en las generales.
«¿Qué es eso de dar aire al PP en Canarias?» Se preguntaba José Blanco el sábado, en uno de los corrillos junto a José Miguel Pérez. Para el PSOE es el momento de los sacrificios colectivos. Hay que perder votos pero no perderlo todo. «Estamos jugando con el futuro del socialismo en España después de un siglo de permanencia. Nos podemos ver con 120 diputados y en la oposición durante 25 años», arengó Rubalcaba a alguno de los insurgentes insulares. «El único enemigo del PSOE es hoy el PP», le señaló con el dedo apuntando a la foto de Soria en un periódico local.
Paradojas del sistema. A quien se ha pasado dos legislaturas buscando romper los topes regionales y obtener representación en el Parlamento, el sistema lo deja sin poder. Es lo que le ha pasado Román Rodríguez que si, finalmente, prospera el pacto PP-CC en el Cabildo de Gran Canaria, sólo le queda el Parlamento que tanto deseó, convertido en un cascarón sin sustancia. Me puedo hacer cargo de la frustración en Nueva Canarias. Es como una maldición exhalada por algún histórico militante que se conjuró con el destino para arrebatarle al líder la victoria en los momentos póstumos del esfuerzo, cuando se vislumbra el triunfo.
A Román Rodríguez los pactos con el PIL y con Domingo González Arroyo le han pasado una factura demoniaca. A algunos históricos de su partido, que militaron en Coalición Canaria y que pelearon mucho para echar de la organización, entre otros, a Dimas Martín, les ha costado mucho digerir esas alianzas malditas. «Mejor en CC», piensan en algunos cenáculos del Sureste. «Ensayo-error», piensa Román, porque también le han fallado los socios naturales en la izquierda. El PSOE tiró de él hacia el abismo y ahora lo dejan solo, sin futuro. «Demasiado presumió de comerse a José Miguel Pérez», piensan en el PSOE, «como para apostar ahora de nuevo por él».
Desatinado esfuerzo y desmedido desgaste para tan poco poder. La pérdida del gobierno, sobre todo en el Cabildo de Gran Canaria y Telde, y el ascenso de CC en Gran Canaria de la mano de Fernando Bañolas, supone un fuerte revés para Nueva Canarias y para Román Rodríguez, para su propia esencia como partido nacionalista, para su futuro y hasta, posiblemente, para su unidad.
José Manuel Soria tratará de seducir a Coalición Canaria si falla la estrategia de desestabilización puesta en marcha contra el PSOE. Los nacionalistas serán los próximos en ser embelesados con propuestas tentadoras de poder, como ahora lo están algunos miembros del PSC.
Los socialistas deben tener claro que las instrucciones que ha recibido Soria de Mariano Rajoy son, en este orden, obtener la presidencia, y frenar cualquier posibilidad de recuperación de los socialistas de cara a las próximas elecciones generales. El objetivo del PP nacional quedó establecido al día siguiente de las elecciones, y no es otro que impedir que los socialistas recuperen márgenes de poder allí donde el PP pueda. Canarias es la única región, junto con Extremadura, donde podrán acceder al poder y José Manuel Soria tiene el encargo de frenar un acuerdo que les dé aire, sabiendo, por adelantado, que es imposible un pacto con Paulino Rivero y con el propio Partido Socialista.
La estrategia de Soria tiene dos frentes y tres tiempos. Primero, ya en marcha, desestabilizar a los socialistas con ofrecimientos de poder en los segundos niveles de la Administración y evitar así el acuerdo en el primer nivel. Si esta estrategia falla y los socialistas no caen rendidos a sus cantos de sirena, y cuando Soria considera perdida toda oportunidad de llegar a la presidencia, pondrá en marcha otra vía de desestabilización, ahora a los nacionalistas. Estaría dispuesto a dar las órdenes oportunas a sus subordinados para que lo firmado en las instituciones se convierta en papel mojado. Es sabido que Soria es el único líder con capacidad para sacrificar a todos los suyos. Es posible que seduzca a una parte de CC, pero choca con el mal recuerdo de los nacionalistas, que vienen quemados del pacto con el líder del PP. Y si, finalmente, todas las estrategias de desestabilización del PSOE y de CC fallan, Soria irá a por la mayor de todas en un tercer tiempo. Propondrá a Paulino Rivero un gobierno en minoría con lo que seducirá a una parte de los nacionalistas. Estará dispuesto a ceder la presidencia. Es la propuesta más tentadora de todas, la que se reserva para la traca final, la que cogerá a todos desprevenidos. Perderá la presidencia, pero se colocará como tutor del gobierno nacionalista y habrá logrado cerrar el paso a los socialistas, dejándolos fuera del poder y en una crisis interna considerable.
Soria esperará tranquilamente a las generales, como víctima de la ley electoral y como valedor del poder que vendrá. Presentará a Rajoy los deberes hechos en Canarias y pedirá un ministerio desde el que pastorear las Islas. Si los socialistas se creen lo que ahora ofrece, que sepan también que el resultado final será un PSOE aniquilado en Canarias, el PP gobernando en Madrid, con Soria de ministro y alguna de sus mujeres de vicepresidenta con Paulino Rivero.
En el Partido Socialista Canario confían en la mesura, la prudencia, la lealtad y la disciplina de Julio Cruz, (algo menos en la de Aurelio Abreu), en los pulsos que están planteando dentro de su organización a Coalición Canaria para obtener algún tipo de rédito en las negociaciones del pacto regional.
Coalición Canaria está dispuesta a hacer una generosa oferta a Julio Pérez, pero no a soltar la Alcaldía, la joya de la corona de los nacionalistas tinerfeños. Ayer, los negociadores de CC dudaron y llegaron a estar en disposición de perder esa plaza y llevar a José Manuel Bermúdez al Gobierno con una consejería, se apuntaba la de turismo, pero se impuso el orgullo y buscaron otras soluciones que ofrecieron al Partido Socialista Canario.
Los nacionalistas consideran que Julio Pérez se está vendiendo caro y que sólo trata de obtener plazas importantes dentro del organigrama municipal, que CC está dispuesta a ceder. Julio Pérez no es un loco, argumentan desde el PSC, ni un indisciplinado. Es un hombre del aparato y someterá los intereses del grupo municipal a los del partido. No hay que olvidar que es uno de los hombres de confianza de José Miguel Pérez y de Ferraz.
Más dudas suscita Aurelio Abreu, un hombre en el que el aparato confió para poner en sus manos la gestora insular y recuperar el equilibrio en el Partido Socialista de Tenerife y que se ha convertido en el más proclive a romper la disciplina interna y pactar con el PP en el Cabildo. De hecho, en Tenerife se cree que el pacto se amañó antes de las elecciones. A Abreu, dicen en el PSOE, le ha dolido que José Miguel Pérez no contara con él para diseñar el reparto del poder y está dispuesto a encabezar una rebelión interna contra el secretario general, al que ya ha colocado en entredicho en todos los círculos en los que se reúne.
Los socialistas tinerfeños son los que han encabezado la indisciplina, pero en ambas formaciones creen que no influirá hasta el punto de poner al borde del precipicio el pacto que Paulino Rivero y José Miguel Pérez pergeñan. En el PSOE consideran que la indisciplina de Abreu es asumible. De hecho, socialistas y nacionalistas ya preveían que en el camino se perderían algunas plumas.
Es posible que CC tenga víctimas en Tenerife para favorecer al PSOE y por lo pronto es, el incómodo Ricardo Melchior, el que tiene todos los boletos. En Gran Canaria, Coalición Canaria se conforma con dejar que Bañolas entre en el gobierno del Cabildo con el PP y que en Telde no gobierne Paco Santiago con el apoyo de los socialistas. Un sacrificio en Tenerife para CC y otro en Gran Canaria para el PSOE. Lo demás, dicen en ambas formaciones, vendrá por añadidura, sobre todo en el pacto regional, en el que tercia también Pepe Blanco, desde Ferraz y Rubalcaba desde el Gobierno.
José Manuel Soria sabe que ha propuesto un pacto imposible a los socialistas y que la única opción que le queda es tratar de desestabilizar a José Miguel Pérez allí donde puede, en Tenerife, donde las heridas siguen abiertas y el odio a Coalición Canaria es infinito. Son cantos de sirena, los mismos que colocó antes de las elecciones en los cenáculos de la capital grancanaria con la inestimable ayuda de Jerónimo Saavedra.
Los socialistas siempre han tenido en su horizonte acabar con la etapa en el Gobierno de CC, y la única vía es la que ahora le ofrece Soria. El problema es quien lo ofrece y en qué momento. Soria no ha sido el líder con el que ningún socialista se haya entendido, salvo viejas amistades interesadas. Propone precisamente quien no ha demostrados en ninguna institución en la que ha estado que tiene la virtud de la generosidad con el perdedor; y propone quien tiene vocación de colocarse en el poder por muchos años. Los socialistas saben que un pacto con Soria podrá acabar con el poder nacionalista de Coalición Canaria pero también pondría en peligro el socialismo canario. A los socialistas les preocupa que un pacto con el Partido Popular coloque a su rival en mejor posición de cara a las elecciones generales y con el poder que ya tuvo en 2007, cuando Aznar mandaba en Madrid y él en Canarias.
Estamos ante los primeros tanteos antes de las conversaciones formales, y aunque la tentación es mucha, sobre todo en Tenerife, serán los intereses de Madrid y los de Coalición Canaria los que determinen los pactos y en ningún caso coinciden con los de Soria.
Rivero quiere la Presidencia y el PSC está obligado a salvar los muebles. Necesitan poder y tiem po para amortiguar la caída del partido en toda España y para suerte de José Miguel Pérez, PP y CC quieren pactar con él y los dos han hecho ya sus ofertas. Es él el que decide.
Es muy penosa la imagen que España está dando al mundo. Igual que en la plaza de la Liberación en Egipto o en La Perla de Bahréin, los toldos azules de la Puerta del Sol han dado la vuelta al mundo cobijando a miles de desencantados, indignados y a bastantes oportunistas políticos. Ya una vez votamos bajo la presión de un atentado y de la calle. Mañana podemos tener la tentación de votar con el complejo que provoca esa foto y la inevitable sensación de estar en un país en el que la democracia es un cuento.
Si los que habitan bajo los toldos azules desafiando el Estado de Derecho quieren una democracia real, hoy deben dormir en sus casas y mañana ir a votar. Si consuma sus anuncios de movilizaciones y marchas, el 15-M contribuirá muy poco a mejorar la democracia española como proclaman. Este país, que hemos construido entre todos, a pesar de sus limitaciones y su deriva, no es una dictadura, sino un sistema de libertades que tiene sus fundamentos en las leyes y en su cumplimiento. En una democracia real, el que desafía la legalidad, el que quiere cambiar las reglas del juego a mitad del partido, pierde todo el respeto de los demócratas, que es lo que a mí me está pasando con un movimiento que tanto respeto me inspira porque ha canalizado el malestar de muchos ciudadanos víctimas de la crisis.
La Junta Electoral ha cumplido con su deber. Ahora toca al Gobierno cumplir con el suyo. Es más razonable que no haga nada, que no evite las concentraciones y las protestas, para evitar un mal mayor; pero aun así se habrá debilitado un poco más la democracia. Mañana, esa debilidad solo se supera cumpliendo con el deber de votar en las urnas a quien en conciencia creemos que merece gobernar. Después hablaremos para cambiar las reglas.

Algunos políticos con los que he abordado el descontento de los ciudadanos, reflejado en las encuestas desde que comenzó la crisis económica, le han restado importancia. Ayer, mucha gente de buena voluntad, mezclados con otros de escasos escrúpulos, se echó a la calle para manifestar ese descontento. Hoy, la respuesta política sigue siendo la indiferencia o, en el peor de los casos, la desacreditación al atribuir la iniciativa a los movimientos antisistema.
La tormenta económica que hemos vivido ha dado suficientes razones para la indignación, ese concepto puesto en circulación por Stéphane Hessel, pero muchas más razones para la desmotivación y el abandono de cualquier actividad colectiva, como ir a votar.
Este fin de semana nos enteramos de que Strauss-Kahn, el director de FMI y uno de los socialistas con más poder dentro y fuera de Francia, intentó sobrepasarse con una camarera. Escandaloso. Igual de indignante resulta saber que se alojaba en el hotel neoyorquino Sofitel, en el que la noche cuesta más de dos mil euros, el sueldo de dos meses de un mileurista, y que cobra por su trabajo en el FMI medio millón de euros limpios.
Esta crisis ha supuesto muchas renuncias, pero también demasiados abusos a la razón y a la ética como para sentirnos, como mínimo, engañados. Solo hay que analizar las campañas en estas elecciones para ver que giran sobre grandes mentiras, como la que esgrime el PSOE de que el PP es la derechona, o la que abandera el PP de que elegimos al candidato a la Moncloa.
Los políticos deben hacer caso a la gente y salir de la burbuja en la que se han instalado. No hay otro camino que la participación democrática, la revitalización de la vida civil, la verdad y la integridad.
1.- José Manuel Soria ha optado por hacer surf en esta campaña. Sabe que está sobre la ola del tsunami que ha provocado Zapatero y ha optado por pasar desapercibido haciendo malabarismo en su tabla. Debe pensar que solo hay que dejar que la ola te lleve a la orilla, maniobrar con los pies y el peso del cuerpo para no caer al agua. No respirar, no hablar, no rozar con el enemigo..., solo atento a la ola que te desplaza, que te mece, al placer de adelantar. Solo lo pone nervioso hablar de pactos, de los que sus contrincantes callan.
Soria vuelve a romper los puentes con CC, consciente de que es imposible un pacto en el que él sea presidente, si finalmente no alcanza la mayoría en el Parlamento, como reflejan las encuestas. No sé de qué argumentario saca que él es la renovación en un hipotético pacto con Coalición Canaria. Ese pacto que desprecia ahora es el que abandonó hace seis meses. La historia está ahí, y el PP ha gobernado con los nacionalistas en varias etapas, y en la última, la de Soria, a cambio de nada, porque hasta el principio, nunca escrito, de salvaguardar el equilibrio regional desde Gran Canaria, se abandonó a favor de los principios de la salvación partidista y personal. En esa voladura del pacto con CC, Soria deshace el camino andado, y de apoyar la Policía canaria con sus votos en el Parlamento pasa a desmontarla y entregar sus efectivos al Estado. Habla de privatizar la Televisión Canaria con una fórmula contradictoria, que en su ideario -muy similar al de Esperanza Aguirre-, no existe, como es entregar a los trabajadores la gestión. Por cierto, que se agarren los segundos niveles del PP a los que ya se apuntan responsabilidades y ceses si finalmente no alcanzan las mayorías que traen la marea. Hay fallos en las campañas en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, donde Cardona no tira y lastra a Bravo de Laguna en el Cabildo.
2.- Otro que da muestras de mucho nerviosismo es Román Rodríguez. Las encuestas lo dejan bien situado con un aumento de votos, pero no el esperado por él. Pero lo que más nervioso pone a Román es el tirón de Coalición Canaria, sobre todo en el Cabildo de Gran Canaria, donde la bajada de los socialistas pone en peligro su pacto. A pesar de la intensa campaña de Nueva Canarias, no ha calado el mensaje contra Paulino Rivero, contra el insularismo, ni contra ATI. Para mayor tormento de Román, su principal rival exhibe su rostro sonriente en los carteles de CC en toda Gran Canaria, toda una gesta en las campañas de los nacionalistas. Ningún candidato de CC, incluido Román, ha logrado colocar sus carteles en todas las islas.
La división brutal de los nacionalistas grancanarios juega en contra de los intereses de Canarias, de los grancanarios y de ellos mismos. Existe una gran base nacionalista en Gran Canaria, pero aquella vieja batalla pesa mucho; es demasiado vieja para que siga viva.
3.- Los socialistas van a lo suyo. Dan la impresión de que están resignados. En las encuestas, salvo la del CIS, los socialistas salen muy mal parados. La que hoy publicamos nosotros reduce de 26 a 18 diputados la presencia en el Parlamento y un retroceso importante en todas las instituciones con poder, especialmente el cabildo de Gran Canaria, donde han estado gobernando. El PSOE tiene la ola en contra, la campaña es unitaria, y los efectos de la política de Zapatero los sufren todos. José Miguel Pérez ha querido una campaña muy a su estilo, a su forma de entender la política, y habla de cuestiones de fondo. Es un valor añadido en una campaña tan mediocre, pero sus mensajes siguen siendo demasiado elaborados, densos. No todos tenemos buenos recuerdos de los profesores y sus clases.
El otro yo en el PSOE, Jerónimo Saavedra, a pesar de los pesares, mantiene alto el pabellón y hasta se ha relajado, convencido de que si no gana tiene amarrado con Nardy Barrios la Alcaldía. Saavedra siempre resucita la última semana de campaña y no hay motivos para pensar que no lo hará ahora y que alguna sorpresa tiene preparada para el adversario o para los 20.000 declarados indecisos en la capital.
Hace unos días hablaba con un amigo sobre las relaciones humanas, de cómo se producen y qué las sustentan. Yo situaba el origen de las relaciones en una especie de 'chispa' y él en la química, de los encuentros de intereses, intelectuales, de poder, económicos, sexuales, religiosos, etc. Tengo otro amigo muy querido que reduce las relaciones a los dos principios básicos de la supervivencia: el sexo y el poder. Yo creo más en ese plus espiritual que caracteriza al' homo sapiens'. Siempre hay un nexo desconocido, misterioso y de fe en los encuentros con los otros. Hay un misterio que configuran las relaciones, las amistades, los amores, el compañerismo, la economía... Y hay una especie de acuerdo de supervivencia que está basado, exclusivamente, en la confianza.
Ese querido amigo me decía que confía en la gente hasta que rompan la confianza. Me dijo que ese principio le iba bien. A mi también la vida me resulta mucho más fácil desde la confianza que desde la sospecha. Cuando cojo un taxi confió en que quien está al volante sabe conducir y que me llevará con seguridad hasta donde yo quiero ir. Cuando compro, como, visto, trabajo, amo... lo hao desde la confianza. Lo describe muy bien Tony Judt en su libro 'Algo va mal' y también Sergio Fernández en su 'Vivir si jefe', aunque ellos hablan de la confianza como base de los negocios, pero creo que hablamos de lo mismo.
La confianza es creer en el otro por completo y a primera vista. Se genera de forma espontánea, pero sólo se consolidad desde la integridad personal sostenida a lo largo del tiempo. Soy un creyente de la verdad y de la integridad. No hay otro lugar desde el que construir la vida de forma sólida. Solo se es creíble desde aquí y la confianza que generamos en quien nos rodea no tiene otra fuente que esta. Lo demás son imposturas, ídolos con pies de barro, que tarde o temprano terminar por diluirse y estrepitarse contra el suelo.
José Manuel Soria ha optado por hacer surf en esta campaña. Sabe que está sobre la ola del tsunami que ha provocado Zapatero y ha optado por pasar desapercibido haciendo malabarismo en su tabla. Pinesa que solo tiene que dejarse llevar por la ola a la orilla, maniobrar con los pies y el peso del cuerpo en todas las direcciones para no caer al agua. No respirar en los momentos críticos, mirar al horizonte, no hablar, no rozar con el enemigo... Solo atento a la ola que te desplaza, que te mece, al placer de adelantar sin esfuerzo...
La inspiración de este vídeo es otro colocado en su página web , el de los surfistas Keith Malloy, Belinda Baggs, and Friends.
Fueron muchas las veces que en el PSOE nos recordaron que se trataba de elegir a los alcaldes y a los presidentes de algunas comunidades, pero el rumbo de la campaña electoral sigue siendo el de las generales y no precisamente porque los socialistas lo hayan evitado hablando de la gestión municipal y centrando los debates en lo local.
Zapatero se amortizó a sí mismo marchándose y confesando que él no es el futuro de España, pero el PSOE lo mantiene como máximo baluarte electoral. No sé si es cosa del mismo Zapatero que quiere retirarse con gloria o de su partido, en el que piensan que le deben algo. Sea como sea, ahí está cada fin de semana hablando de su pasado social, de sus logros y sobre todo de Aznar, ese hombre que hace siete años que no gobierna, ese fetiche de la izquierda que tanto molesta. Ahí está Zapatero generando debates del pasado para creyentes, para conversos bautizados y para economistas sesudos que saben de dónde viene el mal de los ciclos económicos. Ahí está Rajoy, victorioso, jaleando la memoria cercana, la del parado, la de los empresarios arruinados por una crisis no contenida a tiempo.
Zapatero vive entretenido en su memoria mientras el presidente del Partido Popular celebra los errores de su adversario con mítines en los que no cabe ni un alma y en los que ya se respira el poder. Rajoy y sus hombres tenían claro desde el principio que el plebiscito era nacional y que, como Soria en Canarias, no había que moverse mucho ahondando en las cosas nuestras, pero el PSOE, que sostenía la tesis contraria, nos coloca cada fin de semana en el centro de España, en el pasado y en el absurdo de la memoria lejana, que nada dice a quien tiene problemas frescos, de ayer.
Los candidatos a las principales instituciones se han empeñado en no hablar de pactos en una comunidad en la que la gobernabilidad depende de ellos. Yo creo que uno de los elementos fundamentales de la reflexión para los que votamos, son los pactos. Tiene razón Saavedra cuando dice que no es demoniaco hablar de ellos. Pactar sustenta todo el sistema, al menos yo, necesito saber con quién prefiere pactar el partido, al que pienso votar, para saber cómo será un futuro gobierno, o quién será el alcalde de la capital o el presidente del Cabildo de Gran Canaria, donde vivo.
Hay que hablar de pactos, y si no lo hacen los políticos lo hacemos los ciudadanos , aunque no les guste a los políticos y nos descalifiquen por ello. Lo debemos hacer los periodistas y debemos seguir preguntando por este asunto, porque no es lo mismo pactar con unos que con otros; y tampoco quiero desilusionarme y sentirme defraudado después del 22 de mayo cuando, impotente, vea que mi partido ha pactado con mi enemigo y que mi aspiración política queda aplazada otra vez.
Quien único está envalentonado hablando de pactos es José Manuel Soria, aunque su planteamiento está envuelto en un celofán transparente; es el clamor de un desesperado que ha interpretado correctamente las señales. Está convencido de que va a ganar en votos y en número de escaños y no quiere que le hagan a él lo que él hizo a Juan Fernando López Aguilar. El argumento de la emergencia y la necesidad de un pacto de responsabilidad ya es poco creíble, entre otras cosas porque cuando pudo no lo hizo, y trató de dinamitar esas iniciativas. Salir del Gobierno fue un signo de irresponsabilidad que pesa ahora mucho. Por eso, la única salida de Soria es buscar un pacto cómodo, de compromiso democrático, de principios, que ya Rivero y José Miguel Pérez se encargaron de dinamitar poniéndole delante sus propias contradicciones y la escasa confianza que genera como para entregarle el poder. Soria interpreta correctamente que es el peor situado para pactar con Paulino Rivero o con José Miguel Pérez y que éstos tienen más fácil entenderse.
Paulino Rivero piensa que será la primera fuerza política, que llegará a los 21 diputados y que si no lo es también gobernará y que lo hará desde la presidencia del Gobierno. Las premisas de Coalición Canaria son claras: pacta con quien le de la presidencia a Paulino Rivero. Si gana, que es su previsión, está autorizado a impulsar el Gobierno y pactar con quien elija, y si pierde, también lo hará con el que pierda. Esas son las reglas del juego, las que se impusieron en otras convocatorias y las que se impondrán en esta. Será Paulino Rivero el que elija con quién pactar, y yo creo que no ha elegido, y que conociendo el sentido pargmatico con el que se mueve el presidente, lo hará con el que más fácil se lo ponga para los objetivos que ha planificado.
Desde esta premisa me pregunto: ¿Está Soria dispuesto a ocupar un segundo nivel en el Gobierno, como vicepresidente, con Paulino Rivero? ¿Qué puede ofrecer a Paulino Rivero que no haya dado ya en la etapa en la que estuvo en el Gobierno? ¿Está dispuesto a sentarse en el banquillo del Parlamento un año mano sobre mano a esperar que gane Rajoy en Madrid y que le de un ministerio de segunda en la pedrea? ¿Qué puede ofrecer que no sean expectativas de poder en Madrid con un largo y dificil año y medio por delante? ¿Está dispuesto Paulino Rivero a gobernar con quien lo dejó solo en el peor momento para su Gobierno, cuando la crisis obligaba a apretarse el cinturón y sobraban los parados? ¿Romperá ahora Paulino Rivero con Zapatero para hacerle la campaña al PP y situarse de cara al próximo ciclo político o necesitará el PP de CC como ha necesitado el PSOE?
Soria, con sus decisiones precipitadas como la de salir del Gobierno, se lo jugó todo al dinamitar los puentes con Coalición Canarias. Con el PSOE hace tiempo que los rompió, y aunque crea que hay socialistas dispuestos a pactar con él, es una ilusión que algunos le han hecho creer. ¿Recuerda Soria su etapa de presidente del Cabildo de Gran Canaria y a José Miguel Pérez en una oposición casi humillada? Allí se gestó esa incompatibilidad entre quien hoy secretario general de los socialistas, al que casi le quita el móvil, le reduce el sueldo y lo margina en un despacho perdido. Aquellas humillaciones, simbolizadas en los seis escalones que se hizo construir Soria para la presidencia y en la bandera que mandó a instalar en la Avenidad Marítima, siguen vivas en el PSOE.
Pero al margen del pasado y con la confianza rota, en la práctica política ¿Quiere el PSOE un pacto con quien será su principal rival dentro de un año en las elecciones generales? ¿No es más rentable sumar a Rubalcaba apoyos en Madrid? ¿Existe una situación de emergencia como para justificar un pacto cuando con Soria fuera del Gobierno la economía comienza a recobrar vida? Está el Partido Socialista Canario en condiciones de plantearse su vieja aspiración de sacar a los nacionalistas del Gobierno cuando Zapatero necesita un año más sus votos en Madrid? ¿Están en condiciones los socialistas de elegir con quien pactar en contra de Zapatero y de Rubalcaba? Creo que no se equivoca Soria en su análisis, porque tal y como están las cosas, gane o pierda, como le ocurrió a López Aguilar, está en la peor posición para pactar, si no es a costa de muchas renuncias.
No puedo imaginar cómo alguien pudo pensar alguna vez que el flamante premio Nobel de la Paz, Barak Obama, no vengaría a los miles de muertos de los atentados del 11-S en Nueva York. ¿Se pensó de verdad que no sería implacable en la persecución hasta el punto de dar la orden de matar a Bin Laden si lo encontraba? Omaba llenó ayer el cargo al revelar al pueblo americano que nada más tomar posesión como presidente de los Estados Unidos ordenó a Leon Panetta, director de la CIA, «hacer de la ejecución o la captura de Bin Laden la prioridad máxima de la guerra contra Al Qaeda».
A pesar de los diez años transcurridos, para los americanos no se ha borrado el dolor y la humillación de aquel atentado. Permanece en el imaginario colectivo la imagen del terrorista que apoyó y financió el atentado y cambió los parámetros de la historia reciente del planeta, poniendo en peligro la seguridad y la democracia. Solo hay que leer el mensaje de Obama para entender, que por encima de todo, es un patriota americano y que ha «hecho justicia», al margen de la Justicia, y ha cumplido con el deseo de sus compatriotas, unidos como nunca en una causa común.
Curiosamente en España Bin Laden no es el icono del mal, ni el responsable de la muerte 191 personas y 1.858 heridos en los trenes de cercanías el 11 de Marzo de 2004. No sé muy bien por qué mecanismo de distorsión de la historia, en los españoles quedó la sensación de que fue el PP el único responsable de los atentados, de que Aznar pagó el atrevimiento de ponerse de parte de Estados Unidos y en contra de los árabes, así, a lo bruto, sin distinguir a los buenos de los malos. Ni el juicio contra los responsables directos ha logrado acabar con la leyenda. También es verdad que no aclaró la verdad, más allá de algunas batallas entre delincuentes comunes e islamitas de poca monta que ni siquiera estaban al mando de Bin Laden.
El período electoral en el que estamos impone análisis negativos, sobre todo para los que están en la oposición, pero ni los más radicales han puesto el acento en ese 28,5% de paro en las Islas. Después de tres años de constante hundimiento se imponen datos esperanzadores. Que cuatro mil familias más en Canarias tenga un sustento, que se creen 18.320 empleos más en el sector turístico, que Canarias se convierta en la locomotora del turismo nacional, que el Estado reconozca que se han hecho bien los deberes en la contención del gasto y que nos convirtamos en una de las regiones más saneadas, que la recaudación del IGIC se eleve hasta un 20%..., son indicios de que las cosas comienzan a ir bien, sobre todo si pensamos en lo mal que va el resto del Estado.
Quienes acusaron a Paulino Rivero de alarmista cuando predijo, a pocos meses de asumir el poder, hace ahora tres años, que entrábamos en una crisis dura para Canarias, entre ellos yo mismo, tenemos que reconocer que nos equivocamos. Y quienes miraron perplejos para el presidente del Gobierno cuando dijo, hace ahora un año, que saldríamos antes que el resto del Estado de la crisis, también debemos reconocer que nos equivocamos, y que los datos indican lo contrario. Quienes lo acusamos de excesivo protagonismo, entre ellos yo mismo, cuando redujo el Gobierno y asumió las competencias en materia de turismo, debemos reconocer que nos equivocamos, que tenía razón cuando entendió y explicó hasta la saciedad que había que renunciar a algunos planes estratégicos y centrarse en recuperar la marcha de la única actividad económica productiva. Un año después, Canarias se ha convertido en el motor turístico del país, comienza a dejar de nuevo dinero a nuestros empresarios y a favorecer el empleo.
Esto nos es el paraíso, pero tenemos la sensación de que comenzamos a ver la luz al final del túnel, y es así porque algunas cosas se han hecho bien desde aquí, desde las Islas, y no sólo porque el azar neoliberal nos ha colocado de nuevo en el centro de la especulación europea y los alemanes hayan decidido venir de vacaciones y gastarse las perras. Para que las cosas vayan bien en Canarias, como ha ocurrido en otros periodos de crisis, era necesario que los europeos se recuperasen primero y siguieran viniendo de vacaciones, y esa previsión se hizo correctamente desde las islas, se anunció y se tomaron medidas, algunas de alto coste político, como las fotos de Paulino Rivero con Zapatero que llevó a la espantada de José Manuel Soria, dejando el Gobierno en minoría y colocándose fuera del campo de juego, a la espera de que el deterioro económico acabara con sus socios.
El cálculo, o la prospección económica, a la hora de tomar decisiones fue clave y es un éxito de Rivero, pero también de los sindicatos, de los empresarios y de algunos políticos que supieron ver más allá de sus propios intereses en un momento de crisis. En el fondo, algunos se sacrificaron, dieron la cara y arriesgaron; otros se atrincheraron en la misma estrategia política con la que se presentaron a las elecciones hace cuatro años, y otros se echaron debajo del nogal a esperar la caída de las nueces.
José Miguel Pérez no evaluó el coste político que para él tenía alguna de sus decisiones estratégicas cuando se hizo cargo del PSC. Recondujo el clima de crispación en el que estaba instalado su partido y propició el entendimiento con el Gobierno de Canarias y con Madrid. Dentro de la histórica debilidad de Canarias en Madrid, de la que todos los que se presentan este mes a las elecciones son corresponsables, los acuerdos con el Estado han sido los más sensatos, los que mejor han contribuido a parar la sangría económica.
Hay un dato que no debe pasar desapercibido. Que CC OO y UGT, las dos patronales canarias y el Gobierno se sienten en una misma mesa y pacten cómo crear empleo, es una heroicidad en un período electoral tan indefinido y difícil como el que se avecina. Son gestos de autor, que conllevan renuncias importantes importantes, pero que contribuyen al buen clima que permitirá a cada uno cumplir con su papel en el entramado social canario con objetivos comunes.
