
Es imposible hacerlo peor. En el sur de Gran Canaria la improvisación, la chapuza y el chantaje sustentan las decisiones sobre el motor económico de la isla. Más de ocho mil turistas transitan a diario el tramo empedrado de playa entre Meloneras y Maspalomas en busca de las mejores zonas de las dunas. Se había buscado entre todas las administraciones una solución de consenso: una escollera que evitase el embate de las mareas. Pero el miedo a los grupos de presión, que se arrogan el derecho de representación de los vecinos y privatizan el patrimonio de todos con el santo derecho ecológico, y la incompetencia administrativa han llevado al Ayuntamiento de San Bartolomé a dar un paso atrás y paralizar las obras.
Un espectáculo lamentable. Justo en el momento en el que nos llegan miles de turistas obligados por las circunstancias volvemos a dar una penosa imagen del corazón de Gran Canaria. Es vergonzoso que se presenten los operarios en la playa y coloquen vallas sin avisos a los turistas que transitan por la zona. Es inconcebible que ante los ojos atónitos de miles de turistas, un pequeño grupo de vecinos logre parar los camiones. Es bochornoso que después de que Costas declare la obra de urgencia, y por tanto exenta de estudio de impacto ambiental, el Ayuntamiento se desdiga y, con todas las piedras volcadas en medio de la playa, tome la decisión política de paralizar la obra.
No se puede ser tan incompetente. No se puede estar dudando sobre qué es lo que hay que hacer para proteger el único negocio rentable de Gran Canaria, el único que sostiene a miles de familias en esta isla. No se puede subordinar el sustento de todos a la arbitrariedad política, a la ligereza con la que se adoptan las decisiones y a los pequeños grupos de presión.
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Chapuzas en el Sur
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No puedo estar más de acuerdo con todo lo que suscribe, Sr. Mederos, hasta con el tono empleado que entiendo que es cercano al "esperrío".