Cuando el sábado los teletipos anunciaban que Botín pidió a Zapatero que no adelantara las elecciones nos asaltó la duda: ¿qué había pactado el banquero para un apoyo tan descarado y desmedido a Zapatero? Tanto aire al presidente ante su partido, despedazado en una sucesión vidriosa, y ante los barones económicos, tenía que tener un precio. Desgraciadamente para los ciudadanos de este país, detrás de cada gesto, de cada palabra y de cada discurso de origen político y en los aledaños de los intereses económicos, siempre hay un Wally con casaca roja por descubrir en el enmarañado dibujo de la realidad.
Fue cuestión de horas que se supiera que Botín había pedido un indulto al Gobierno por una condena del Supremo y que en la reordenación del panorama bancario ha sido uno de los principales asesores del Gobierno y aún no sabemos si beneficiado. Pero más allá de los intereses del banquero están las formas y no parece que sean las adecuadas que los empresarios entren en el terreno político y con planteamientos radicalmente opuestos a los que sostiene el principal partido de la oposición.
A Zapatero le vino muy bien el oxigeno de Botín, pero, como todo, según se mire, porque cuanto más profundiza en las reformas neoliberales el presidente más izquierdista que ha tenido España, más se aleja de su electorado, el de izquierdas, el de toda la vida.
Hay que saber que los que estaban en la reunión, esmeradamente preparada como golpe de efecto, son muy de derechas y terminan siempre votando a su partido. No es mucho sospechar que tras el espeso silencio del PP y de sus antenas es a Rajoy al que más conviene que Zapatero le haga el trabajo sucio, como propone Emilio Botín. 
Archivos Marzo 2011
Este es un artículo del cantante Braulio publicado en guiadegrancanaria.orh con el que he disfrutado mucho.
Yo fui uno de los últimos de mi muchachada en hacer lo que heréticamente se conocía por entonces como "La Primera Comunión". Debía de andar entre los quince y los dieciséis años, o sea, que ya hacía como unos ocho que había recibido- vestidito de gris, con un breviario con tapas de imitación de nácar y un rosario enredado en las enguantadas manos- mi "PRIMERA" PRIMERA COMUNIÓN- me refiero a la de verdad: a la de don Bruno y Don Fernando (los curas Quintana)-.
¿Y entonces, si ya la había hecho a los ocho, por qué repetirla a los 16...? Bueno, todo tiene su explicación: en la primera - después de pasar por la preceptiva catequesis- yo recibí el sacramento de la Eucaristía; y en la segunda- sin cursillo de orientación, sin "catequesis" previa- lo que recibí fue mi bautizo sexual completo... Así de irreverentes éramos por entonces en aquel noroeste agreste y cerril... ¡mira que llamar de esa manera a una "puesta de largo" en tan pecaminosas lides!
Tuve que vender mi mejor "casar" de palomas ladronas para conseguir los 8 duros, cuarenta pesetas de las de entonces, que me costó mi primer encame con una "dama", porque, aunque ya había tenido algunos balbuceantes escarceos, jamás había coronado... Todas las pibitas con las que había estado, llegado el momento de los toqueteos, te decían muy solemnes: "Del ombligo pa´rriba lo que tú quieras, pero del ombligo pa´bajo ni se te ocurra, lo guardo para el día que me case, ¿oíste?".
Aunque nunca he sido muy meapilas, confieso que, mientras me acercaba al lugar donde se iba a consumar mi iniciación, me debatía entre el miedo a condenarme para siempre, de arder en las calderas de Pedro Botero por una "ETERNIDAD"- ese era un concepto que por entonces me aterraba, porque no iban a ser 50 años achicharrándome en aceite hirviendo, ni 1250, ni siquiera 6660... estábamos hablando de la jodida E T E R N I D A D- y el deseo natural de conocer hembra; de folgar; de yacer ...
Los curas, que anatemizaban desde los púlpitos, al calor de aquella posguerra tan favorable, sobre todo lo que significase trasgresión de los rígidos mandamientos de la Iglesia de Roma, le metían a uno el miedo een el cuerpo, pero al final pudo más la sabia naturaleza, el alboroto hormonal y, sobre todo, la curiosidad. Así que, con Roberto Santiago (Gobeto el de Esteban) y Roberto Ayala (el segundo de "los tres locos de Don Rafael") como padrinos, una noche cualquiera de aquellos tiempos de opresivo oscurantismo, me desvirgaron en el Barranquillo de Gáldar.
Mi introductora en la cosa del ayuntamiento carnal, fue una tal Margarita, apodada -vaya usted a saber por qué- "La Yegua Blanca". A esta señora probablemente tenga yo que agradecerle el no sufrir ninguno de esos trauma que se originan en los desflores poco placenteros. Fue tan gentil, tan comprensiva y cariñosa, que salí de su catre con la impresión de que había pasado el examen con nota alta, y eso, a tan tierna edad, sirve de mucho para la cosa de la autoestima.
La cueva donde ocurrieron los hechos estaba "albiada" - que no es lo mismo que albeada o enjalbegada, que dicen por el Continente- y sus toscas paredes aparecían llenas de imágenes de santos y fotos coloreadas a mano. Sobre el cabecero de la cama, sin ir más lejos, había un cuadro de Jesús con los brazos abiertos con su corazón en relieve, extracorpóreo y sangrante, ante el que tuve que cerrar los ojos para poder iniciar mi debut carnal.
Previamente, Margarita, mientras se desnudaba, me preguntó que si era mi primera vez, a lo que yo asentí algo avergonzado; después quiso saber si era "caballero cubierto"... y al ver mi cara de estupor al no entender qué me preguntaba, se alongó a través de la cama hasta coger una palmatoria con un cabito de vela que titilaba débilmente sobre una de las cajas de Fundador Domecq que le servían de mesitas de noche, y se dispuso comprobarlo por si misma. Estuvo lo que me pareció una eternidad hurgando en mi zona pudenda y luego, con una satisfecha sonrisa en su boca pintarrajeada, se tendió y me hizo señas para que me acercara a su cuerpo blanquecino y fláccido.
Cuando estaba tendido a su lado, antes de entrar en faena, me espetó con cierta brusquedad: "¿Y de quién sos tú, bichillo?", yo le dije que era de Guía, pero que mi tío, Carlos Bautista (q.e.p.d.) era el alcalde de Gáldar, lo que, aparentemente, no le impresionó en lo más mínimo.
Después del rápido "bautizo", Margarita tomó un caldero desconchado, vertió agua en una palangana y procedió a lavarme cuidadosamente. Luego, de un montoncito apilado en una de las "mesitas de noche", cogió un pañito de "toballa", de aquellos que usaban las féminas cuando aun no habían llegado las compresas y los tampaxs, y me secó con el mismo esmero conque me había lavado.
Una vez vestido, se asomó a la puerta de la cueva, descalza, en "combinación" y con una pañoleta por los hombros, para asegurarse de que no habían moros en la costa, y, dándome una nalgadita, me dijo "Vuelve cuando quieras, mi niño", mientras me franqueaba la salida a la fresca noche y al mundo de los pecadores.
Esa primera visita a una casa "de lenocinio y perdición" -como decían los predicadores que venían desde fuera a despertar las conciencias dormidas de los del pueblo- tuvo algunas consecuencias: alguien le fue con el cuento a mi madre y esta le pidió a mi padre que "me sentara" y me hablara "seriamente". Ya yo los había oído cuchichear en la habitación de al lado, así que cuando mi padre se inclinó sobre mi cama, ya sabía de que iba la cosa y, previendo lo peor, me hice el dormido. El viejo me sacudió suavemente y cuando "desperté", me preguntó mirándome inquisitivamente a los ojos: "¿Dónde estuviste el domingo por la noche?"... "Fui al cine Guayres a ver una película de Cantinflas"- le respondí-... ¿Y como volviste de Gáldar a Guía, caminando?... "Sí, caminando"... "¿Por la carretera o por el barranco?"... "Por el barranco"- le respondí con un hilo de voz-... (SILENCIO)... "¿Y pasaste por el Barranquillo...?" No me atreví a contestar a esa pregunta, me limité a asentir levemente con la cabeza... (SILENCIO MÁS LARGO)... "¿Y te "ocupaste"...?"... -me preguntó Antoñito el del Molino, intensificando la mirada escrutadora que tenía puesta sobre mis desorbitados ojos-. Yo, asustado, me limité a repetir el mudo asentimiento... "¿Y con quién te ocupaste, si puede saberse...?"... "Con una que se llama Margarita"- le dije esperando el guantazo en cualquier momento- ... "¿Con la Yegua Blanca?- indagó incrédulo mi padre- y al yo asentir otra vez con la cabeza, exclamó: "Pero coño, si esa tiene más años que Matusalén... si puede ser tu abuela, carajo... Bueno mira: tu madre está muy preocupada, porque no sé si sabes que puedes trancar un montón de enfermedades en esos sitios, así que la próxima vez, si me entero que has estado putiando, vamos a tener un problema... estás muy joven tú como para que te me conviertas en un putañero... ¿estamos?"... ( SILENCIO) "Ah, - me dijo mientras abría la puerta del cuarto, sin volverse- si te sientes picores o cualquier cosa "por ahí debajo" me lo dices, ¿eh?... para llevarte corriendo a casa de Don Ramón el médico y a casa Chanito pa que te inyecte unos cuantos millones de unidades de peninsilina"... y eso fue TODO.
Tengo la impresión de que mi padre me lanzó esta suave amenaza porque mi vieja lo estaba oyendo todo desde la otra habitación, porque ni su semblante ni su voz mostraban cólera... Creo que hasta, en el fondo, se alegró de mi iniciación, de mi desembarco en el mundo de los machitos- o en la jarca de los pequeños crápulas, como diría cualquiera de aquellos santos varones de la Adoración Nocturna-.
Ha dicho
Esta legislatura que acaba se la comió, no una crisis, sino tres. Los grandes problemas de la región han estado sujetos a una primera crisis, la de la crispación que provocó la estrategia política del PSC y la victoria de López Aguilar en 2007; la segunda, la económica, que acabó con todos los proyectos de crecimiento de la región y nos ha situado en el vagón de cola, especialmente en materia de empleo; y la tercera, la que provocó José Manuel Soria saliendo del Gobierno de forma precipitada, que acabó con la estabilidad programada por el Gobierno.
El discurso de investidura de Paulino Rivero sentenció la muerte política de López Aguilar, desnudándolo. Eran muchos los que tenían miedo y Rivero sabía que, o lograba desarmar sus argumentos y obtener la confianza de la sociedad canaria, o Aguilar se lo comería en poco tiempo acosado por la estrategia frentista y la acción en los tribunales de justicia. Rivero ganó la partida y todos pensamos que el resto de la legislatura vendría rodada con el pacto PP-CC que funcionaba, aparentemente, bien y un PSOE en medio de una crisis interna de la que tardaría en salir.
Apareció la crisis económica y con ella las verdaderas dificultades. El presidente del Gobierno se encontró con el enemigo en casa. José Manuel Soria, una vez superado 'el salmón', en los estertores de la estrategia Aguilar, y desarmado el PSC, comenzó su campaña silenciosa contra CC. Los dos líderes se fueron alejando en lo personal. La empatía inicial se transformó en desconfianza y en agrio distanciamiento. En plena calma política, Paulino Rivero, por mucho que nos pese a los que lo tachamos de alarmista, supo advertir la crisis. A pesar de Soria, que seguía enredado en los tribunales, pactó, meridianamente bien, con el Estado, siendo el costo político alto para los nacionalistas. Rivero, junto con el PNV sustentan en el poder a un Zapatero amortizado. Y digo que el pacto con Zapatero fue aceptable, porque la fuerza de CC, con solo dos diputados, es la que es. La recuperación alemana y la bonificación de las tasas aéreas, fruto del empeño de Rivero en sus negociaciones con Zapatero, han logrado tirar de nuevo del turismo y posibilitar una cierta recuperación económica, aunque con un reguero de consecuencias de difícil solución.
Creo, sinceramente, que en esta legislatura nos hemos empobrecido mucho, en lo económico, a nivel democrático y también desde el punto de vista político. La crisis ha tenido el efecto contrario a la dinámica propia de las democracias europeas, en las que los partidos han logrado grandes acuerdos. En Canarias, a pesar de la gravedad de la situación, con más de trescientos mil parados y un estancamiento económico sin precedentes, los partidos no han estado a la altura de las circunstancias, pretendiendo sacar rédito de la situación. Ninguno ha tenido gestos de querer empujar en la misma dirección y eso lo han echado de menos los empresarios y la sociedad, que pedía a gritos un farolillo rojo que sirviera de guía en las tinieblas de la crisis.
Durante la segunda parte de la legislatura, se ha practicado el peloteo institucional con los grandes problemas que afectan a Canarias. El símbolo de este disparate es el Diputado del Común, al que no cesan porque no hay acuerdo para nombrar a otro. Pero más grave es no tener un único plan económico de futuro, no haber resuelto la reforma del REF en tiempo y forma, la reforma del Estatuto de Autonomía, la de la ley electoral, las infraestructuras energéticas. Cuatro años después, la indecisión del electorado que arrojan las encuestas y el cambio de ciclo político que se avecina, propicia una especie de fiebre conspiradora, de cálculo de poder y paranoia general. Los políticos canarios andan contando votos sobre el mapa de las islas, como si de un Monopoly se tratara. Repasan una a una las posibilidades y en algunos casos exceden a las propias leyes de la cuántica electoral. En las sobremesas de cada día se nota la chifladura del personal analizando la voluntad y el estado de ánimo de los contrincantes, midiendo sus fuerzas e imaginando las derrotas y los pactos futuros. Exactamente igual que hace cuatro años. La precampaña no aporta ningún dato objetivo que conduzca a pensar que la próxima legislatura será mejor que esta.

De repente parecemos ricos. Un montón de obras nuevas para inaugurar. Palacios, faros, bicis, escaleras mecánicas, centros de salud que se abren, más museos, más césped, flores y mucha pintura de colores para los riscos. La verdad es que está bien. Es una nueva sensación que nada tiene que ver con la oscura crisis. No hay dinero para nada pero compramos el plasma más grande de la tienda y nos sentamos a ver ¡Sálvame!
La nueva normativa electoral que impide hacer campañas a los políticos desde las instituciones los ha cogido descolocados y están dando una imagen de patética desesperación. En estos últimos días ha faltado mesura en esta especie de guerra por cortar la cinta, aunque el palacio no tenga muebles, las escaleras mecánicas estén enchufadas a generadores eléctricos, los molinos no tengan permisos, las piscinas goteras, y los sofisticados sistemas para bicicletas tengan las tripas de cables tapadas con un saco de plástico.
Me pregunto cómo es posible que las obras estén acabadas siempre para el momento antes de las elecciones y no para cuando lo necesitan los ciudadanos, que siempre es ya. Son las miserias de los políticos que creen que los ciudadanos seguimos siendo estúpidos y no nos damos cuenta de estas tretas para en el último mes dar la sensación de que todo es mejor. Unas florecitas, unas palmeritas, un poco de césped, una poda adecuada, limpieza de algunas calles y parques muy transitados, algunos cartelitos... El mensaje, siempre el mismo y simple: «Está usted en la ciudad que siempre soñó, pero ni lo piense..., siéntalo y sepa que soy yo el que hace que usted sea feliz en la ciudad. Si quiere soñar y que todo siga igual, vóteme».

Queremos ser Ciudad Europea de la Cultura pero no dejamos de hacer chapuzas, como la de ayer. Saavedra inaugura una escalera mecánica para los vecinos de San Nicolás que ilusionados se acercan a celebrarlo, pero de repente deja de funcionar. ¿Qué pasó? Pues la enchufaron a un generador eléctrico para ponerla en marcha y poder inaugurarla porque aún no está conectada a la red. Tampoco tienen permiso de Industria los molinos eólicos que presentan en sociedad y allí están todos con corbatas y mucho fotógrafo para inmortalizar el inútil momento político. Siguen creyendo que los ciudadanos somos tontos. Bueno, algunos sí.
Nota de última hora:
Esta mañana quedó solucionado el problema. Un técnico llegó cambió los cables y la escalera funcionó.
La dicotomía de esta guerra está en lo que quieren algunos aliados europeos, Francia, Inglaterra... y lo que quiere el resto del mundo, Estados Unidos, China, Rusia y la liga árabe. Los primeros están dispuestos a derrocar el régimen de Gadafi para buscar nuevos suministros de energía y el otro bloque quiere sostenerlo para garantizar el que ya tienen. Mira la nacionalidad de los operadores petrolíferos que explotan los recursos en Libia. Mira los competidores del excelente petróleo y gas que obtiene este país. Mira la nacionalidad de las empresas que obtienen titulos en Libia y tendrás la respuesta a los planteamientos políticos de los distintos países y bloques.
No sé cómo pueden dormir tranquilos los que hace siete años salieron a la calle al grito de ¡no a la guerra! Muchos creímos que aquella voz era contra la guerra, contra todas las guerras, pero estaba llena de matices indecentes. Me siento defraudado y engañado. Nos manipularon a todos y, ahora, se disponen a hacer lo mismo guardando silencio, interponiendo los matices necesarios en el argumentario o, simplemente, defendiendo lo indefendible.
¿Dónde está la diferencia? Es la misma guerra en la que bajo las bombas, legales o ilegales, perecerán miles de inocentes. Aquella, la de Irak, apoyada por Aznar, y ésta contra Libia, declarada por Zapatero, es contra dictadores, contra sátrapas. Detrás de Sadam había mucho petróleo y en Libia también. En Irak no había armas de destrucción masiva y en Libia tampoco. En una y en otra tenemos todos la sensación de que nos están engañando, que hay algo más detrás de la decisión tardía de la ONU y de las indecisiones de Obama.
Estamos ante otra gran mentira. Que la diferencia para no enarbolar ahora el ¡no a la guerra! en contra de la decisión de Zapatero sea la legalidad de la ONU provoca hilaridad. Esta guerra de Zapatero es legal y la otra fue legalizada por la misma ONU tras el ataque de los aliados. ¿Cuál es la diferencia?
Me pregunto cómo a los que se echaron a las calles contra la guerra de Irak no les asalta la duda ante una resolución que permite la intervención aérea para salvaguardar a los civiles de los ataques de Gadafi, pero que los aliados piensan transgredir anunciando que derrocarán al régimen. ¿No tienen las mismas dudas éticas que nos decían que tenían cuando lucían aquellas pegatinas de no a la guerra? ¿No tienen los mismos escrúpulos? ¿No les aterroriza pensar que los niños muertos que nos enseñaban en sus pancartas son los mismos niños de ahora? Creo que no. Quedo enterado para siempre de que una guerra es buena según quién la declare.
Me puede usted contar entre los muchos canarios que admiramos su trayectoria política, su aportación a la democracia y a la autonomía de Canarias, a la valoración del archipiélago como un territorio lejano. Señor Saavedra, soy de los que aprecio su labor en la moderación del socialismo, que, después del congreso de Suresnes, guió a esta España nuestra a la consolidación de la democracia. Es usted un político sólido, culto, con experiencia y con capacidad para el análisis, para manejar tiempos y situaciones complejas. Lo ha demostrado usted en múltiples ocasiones, sobre todo en esta última etapa, en su partido. Hay que reconocerle que tuvo el olfato político de engancharse a la ola de Zapatero, autoproponerse a la Alcaldía y tirar de López Aguilar. Hay que reconocerle el saber desenganchar a Aguilar para alejarlo de Canarias aunque todas las partidas dentro del PSC las perdiera.
Lo que no tengo claro es que pacificar a su partido y poner las condiciones para el diálogo sea su último objetivo. Lo veo muy entusiasmado con deshacerse de Zapatero, de sus ministros y de su organización política. Quizás sean sólo necesidades electorales, aunque algunos piensan que busca algo más. Algunas de las cosas dichas por usted son de expediente disciplinario, pero sus compañeros de partido no se atreven, quizás por respeto a su edad o porque no ha llegado el momento que le tienen guardado.
Volviendo a sus méritos. Como sé que hay mucho escrito sobre usted y sus aportaciones a la política, permítame decirle en público que es un hombre adorable, fascinante en lo personal. Tiene usted el toque de libertad que la edad regala a los grandes hombres y que lo sitúa más allá del bien y del mal. En fin, que podría enumerar muchas cualidades, las que se dirían de usted en Canarias cuando ya no esté; últimamente sabe que cada vez que en esta tierra biografiamos a alguno de nuestros hombres somos muy parciales, ni siquiera entramos en los matices, en los claroscuros, mucho menos en las sombras; directamente los convertimos en quijotes de la política, de la economía o de la cultura.
En su caso no es lo apropiado ser hipócrita, por su valioso nivel y porque encaja mejor que nadie, en política y en lo personal, las críticas. Usted sabe que los halagos no le eximen de la verdad, de sus responsabilidades en estos últimos cuatro años. No sería justo conmigo mismo, ni con miles de ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria que opinan que su gestión como alcalde no ha estado a la altura del personaje que lo encarna. No sería justo si no le criticara lo mal, lo rematadamente mal, que lo ha hecho y que, aunque las encuestas lo salven, la gestión no ha sido objetivamente buena.
Usted siempre echa la culpa a su equipo (en algunos casos con razón por la ignorancia en el mundo de la educación y de la gestión política de algunas y alguno de ellos), a los funcionarios, a la maraña administrativa y legal o al resto de administraciones públicas, incluidas las que su partido gobierna. Pero la verdadera responsabilidad de lo que ha ocurrido en su grupo de gobierno es suya y el deterioro que ha sufrido la ciudad es suyo, de nadie más. Que a usted no se le identifique con sus errores es quizás el mayor logro de su gestión. Todo lo contrario que a Zapatero, que concentra en sí mismo toda la carga de las culpas, como un Cristo crucificado. Es usted el alcalde, pero no lo parece porque no ha asumido sus responsabilidades.
Japón continúa con el recuento de víctimas del terremoto que el pasado viernes causó un devastador tsunami. Con cada nuevo balance, los pronósticos se confirman y aumenta el número de víctimas. Las últimas cifras oficiales ofrecidas esta madrugada estiman que hay 5.198 muertos -en un total de 12 prefecturas- y unos 8.600 desaparecidos, pero las autoridades niponas creen que son 10.000 los muertos.80.000 efectivos de las Fuerzas de Auto Defensa trabajan en medio de grandes dificultades ya han rescatado o evacuado a más de 26.000, la mayoría de estos últimos cerca de las centrales nucleares dañadas por el temblor, según la agencia local Kyodo. Las víctimas no tienen casas, escasean los alimentos y la amenaza nuclear es un hecho.
El mundo occidental se ha vuelto a retratar: Los progres los primeros. No hablamos de las víctimas, de la reconstrucción del país, de la ayuda humanitaria a los japoneses, sino de la seguridad de nuestras centrales nucleares y del futuro energético de la humanidad en un debate ideologizado y absurdo. ¡No a las nucleares!
Hace una semana el gran tema de occidente era la revolución árabe. ¡Viva la revolución! Gritaba Europa entera en contra de las viejas dictaduras recién descubiertas, pero de las que hemos vivido al calor de su petróleo. Así las cosas, hoy a los libios, a los que tanto alentamos en su revolución, los hemos dejados tirados y en manos de Gadafi.
Lo de la planta de gas ya suena a cachondeo. Todos los políticos que habitan las administraciones con alguna competencia en este asunto admiten la necesidad de que en Canarias se queme gas y no fuel. Es más limpio, es más barato, reduce la dependencia del petróleo y lo manda la Unión Europea. Todos de acuerdo, pero todos se echan en cara el asunto. La verdad es que a los ciudadanos les importa poco el peloteo administrativo sobre quién tiene la culpa de que en Canarias, después de 10 años, se siga quemando petróleo. La gente de la calle no entiende muy bien quién tiene la competencia de ejecutar un plan, si el Cabildo o el Gobierno, y si existe alguna opinión al respecto es la de que ellos lo cazaron, ellos lo cocinaron y ellos se lo comieron. Y así es.
En el 2002, bajo el mandato de Román Rodríguez (NC), se impulsó el gas y se creó Gascan. En 2005 José Carlos Mauricio, con sus sectores estratégicos y su reparto empresarial, metió cuchara en el asunto y creó un follón que logró paralizarlo. José Manuel Soria (PP), ya en el Cabildo, ubica la planta en Arinaga o en el Puerto de La Luz y monta otro follón a cuenta de los terrenos. Se agrega al pleito un alcalde muy combativo que ya no está en CC.
En el 2007 Román Rodríguez llega al Cabildo de la mano de los socialistas y el tema se enreda de nuevo. Los chicos de José Miguel Pérez (PSOE) llevan el Plan Territorial Especial de Infraestructuras de Hidrocarburos (dónde irá el gas) a la Cotmat, junto con los planes eólicos (molinos) y eléctricos (Chira). Emilio Mayoral no define el lugar. Se cartea con el Gobierno que asume las competencias, pero se niega a decidir dónde irá la planta. Mientras, el Ministerio de Medio Ambiente (PSOE) paraliza la aprobación del informe de impacto medioambiental. ¿De quién es la culpa?
Homenaje a Juan Santana González
Querido Juan Santana González. Cuando yo nací en Las Boticarias tú ya llevabas ocho años viviendo en Guía y cuando te conocí eras el alma de muchos jóvenes del pueblo. Toda nuestra vida giraba en torno a la residencia San Fernando que tú dirigías. Allí nos concentrábamos para entrenar en el equipo de voleibol, para jugar al fútbol, para saltar los monstruosos aparatos en los que entrenaba el equipo de gimnasia Juaquín Blume que tú creaste. Allí nos concentrábamos cada tarde para jugar al fútbol en el campo del barranco o para nadar en la piscina olímpica que tú ideaste para el pueblo. Allí nos reuníamos con los de Mogán que estudiaban en el Instituto de Guía y allí teníamos nuestros grupos de campamento, con los que aprendimos a caminar, a apreciar esta tierra nuestra y su naturaleza. En el Papona, el pequeño bar de la residencia, convivimos con extranjeros que nos contaban sus aventuras por todo el mundo, tomamos nuestras primeras cervezas, hablamos de las chicas que nos gustaban y fumamos nuestros primeros cigarrillos a escondidas. Era un pequeño universo creado por ti para nosotros, pensado para nuestro futuro.
Aquellos eran momentos de esfuerzo por las personas y su promoción. Fue tu empeño por comprometernos con la vida sana, con la naturaleza, con el deporte, con el estudio y el compromiso con la comunidad el que nos animó a muchos. En cada colegio una cancha, en cada cancha muchos balones, plintos, colchonetas... profesores. Aquellos sí eran tiempo para las personas. Eran momentos de construir, de compromisos, de empeños por abandonar la mediocridad, el olvido y el abandono. Eran tiempos de esperanza, de trabajo para construir una nación, una región y una isla, Gran Canaria. Estuviste en la constitución de esta comunidad como asesor de la Junta de Canarias y apañaste muchos acuerdos para las transferencias de cultura y deportes. Estuviste en el Cabildo de Gran Canaria de consejero y, aunque nadie se acuerda, porque era tu estilo trabajar mucho y no vender nada, conciliaste con Juan Andrés Melián cientos de acuerdos con la oposición y dejaste una huella profunda en su funcionamiento. Pocos lo saben pero fuiste tú el que dirigió desde el Cabildo la mayor manifestación que Gran Canaria haya registrado a lo largo de su historia para reivindicar la Universidad. Recorriste uno a uno los pueblos de la isla y en todos dejaste canchas, colegios, piscinas y polideportivos que podrían llevar tu nombre.
Servicio a la comunidad, consenso entre las fuerzas políticas y mucho trabajo por la gente, son las grandes claves que marcaron aquella forma idealista de hacer política que nos dejó la transición y que tan buenos resultados ha dado. Los políticos engolados de hoy dirían de ti que fuiste un débil, que no supiste jugar tus cartas para ser alcalde o presidente del Cabildo, que te quedaste a medias cuando tenías grandes posibilidades. Yo creo que fuiste un gran político. Mientras tú y muchos como tú trabajaron anónimamente con la gente y para la gente, otros conspiraban para salvar intereses que nada tienen que ver con la gente. Has dado tu vida por nuestra gente, por su futuro. Entiendes la política como un servicio a la comunidad y hoy en política lo que se lleva es morder al adversario y a los propios compañeros. Fíjate cómo hoy, a dos meses de las elecciones, los políticos andan jugando al Monopoli, contando votos sobre un mapa de las islas. En algunos casos los repasos exceden a las propias leyes de la cuántica electoral. En las sobremesas de cada día en los mejores restaurantes se emparanoia el personal analizando la voluntad y el estado de ánimo de los contrincantes, midiendo sus fuerzas e imaginando las derrotas y los pactos posibles. Es curioso que nunca hablan de la gente, sino de su estado de ánimo como masa colectiva. No les importa la gente, les importa más el poder desde el que dicen que van a servir a la gente. Pero querido Juan, algunos de los que eso dicen nunca han hecho nada más que pisar alfombras, estar en manifestaciones y conspirar en los despachos. Dijiste en el homenaje que te rindió Guía el viernes que la política tiene que volver a la gente y pediste a los políticos que le devuelvan su lugar y tienes toda la razón.
Los países con convicción salen fortalecidos después de las tragedias y los pobres de espíritu arruinan más su identidad. Estados Unidos o Inglaterra, víctimas del mismo terror, no han dado al mundo ni una sola muestra de flaqueza, de duda o desunión en torno a su seguridad interna, a sus víctimas o a sus instituciones. Todo lo contrario. Han fortalecido sus lasos, sus instituciones y sus vínculos políticos.
Siete años después España sigue lamiéndose las heridas de los atentados terroristas del 11-M en Madrid y viviendo de las frustraciones y pecados. Los efectos de los atentados han puesto al descubierto la España más débil, la que no cree en sí misma y en sus capacidades, en el espacio territorial en el que acomoda el pacto político de la convivencia, la que no cree en sus ciudadanos, a los que devora la mezquindad de cuatro ideas ramplonas con ambición de catecismo universal.
Siete años después, con una crisis económica devastadora por medio y varias elecciones democráticas, nadie ha perdonado, nadie ha dado un paso al frente para curar las herida. Las víctimas recuerdan a sus muertos en sus particulares monumentos ideológicos, en su dolor y hasta en sus ambiciones. Las instituciones públicas les rinden tributo en mausoleos en los que inscriben sus acusaciones o esconden la vergüenza de la complicidad.
Siete años después la verdad judicial no satisface a nadie. Siete años después la verdad política sobre lo que pasó el día antes de las elecciones generales de 2004 sigue sin convencer, como convence la verdad. Siete años después el PSOE esconde el complejo de su victoria y el PP se lamenta de su derrota, abriendo cada día más la brecha entre quienes tienen hoy la obligación de velar por este país.

Es imposible hacerlo peor. En el sur de Gran Canaria la improvisación, la chapuza y el chantaje sustentan las decisiones sobre el motor económico de la isla. Más de ocho mil turistas transitan a diario el tramo empedrado de playa entre Meloneras y Maspalomas en busca de las mejores zonas de las dunas. Se había buscado entre todas las administraciones una solución de consenso: una escollera que evitase el embate de las mareas. Pero el miedo a los grupos de presión, que se arrogan el derecho de representación de los vecinos y privatizan el patrimonio de todos con el santo derecho ecológico, y la incompetencia administrativa han llevado al Ayuntamiento de San Bartolomé a dar un paso atrás y paralizar las obras.
Un espectáculo lamentable. Justo en el momento en el que nos llegan miles de turistas obligados por las circunstancias volvemos a dar una penosa imagen del corazón de Gran Canaria. Es vergonzoso que se presenten los operarios en la playa y coloquen vallas sin avisos a los turistas que transitan por la zona. Es inconcebible que ante los ojos atónitos de miles de turistas, un pequeño grupo de vecinos logre parar los camiones. Es bochornoso que después de que Costas declare la obra de urgencia, y por tanto exenta de estudio de impacto ambiental, el Ayuntamiento se desdiga y, con todas las piedras volcadas en medio de la playa, tome la decisión política de paralizar la obra.
No se puede ser tan incompetente. No se puede estar dudando sobre qué es lo que hay que hacer para proteger el único negocio rentable de Gran Canaria, el único que sostiene a miles de familias en esta isla. No se puede subordinar el sustento de todos a la arbitrariedad política, a la ligereza con la que se adoptan las decisiones y a los pequeños grupos de presión.
El caso Lifeblood se ha convertido en un infierno en el que se queman sus protagonistas, cosa que no está mal; yo los tendría en el purgatorio, como mínimo. El problema es que con ellos se quema, cada día un poco más, la posibilidad de que la sociedad canaria obtenga una respuesta política y judicial lo suficientemente transparente como para ser creíble y aceptada. Me explico.
Topamos con una diablesa, la exconsejera de Sanidad, Mercedes Roldós, empeñada en defender, por encima de todo, su dignidad y su gestión. Cada vez que el tema asoma crispa, chilla y acusa al mundo de construir una realidad ficticia con el único fin de perjudicarla. La exconsejera no desaprovecha la ocasión para, desde la tribuna del Parlamento o en los pasillos, rodeada de voceros, recriminar y amenazar. Nunca pensé tal descomposición de una política circunspecta, alambicada y eficaz.
Su pataleta en contra de todos los que queremos informar o saber la verdad, contra su sucesor, está protegida por una situación política algo anómala. Los rescoldos del pacto del PP con CC siguen vivos y aquí no se mueve nada más de lo imprescindible para que no llegue la sangre al río. Ella explota con eficacia esa entente para que el Gobierno no diga una palabra más alta que otra en todos los asuntos en los que intervino y que ahora son piedra de escándalo. Para el Gobierno, todo lo que hizo Roldós es legal, aunque los nacionalistas lo hubiesen hecho de otro modo. Roldós debe tener cuidado, porque, por mucho que trate de contener los agujeros de su gestión con presiones al Gobierno, habrá un momento en el que no tenga manos para contener la riada, como le ha pasado con su protegido, Guillermo Martinón.
Los socialistas, liados en sus trifulcas internas, no logran agarrar el fondo del asunto, blindado por una perfecta tramitación administrativa. Tienen momentos de lucidez echando a pelear al PP de Roldós con la CC de Rivero, arañando parte de esa verdad que tanto protege ella, pero sin conseguir hacer hielo de ese bloque para una triste Cocacola.
Yo, como dice la jueza Rosell, en su intuición política, porque la judicial no la tiene nada fundada, creo que en Lifeblood hay serias dudas, sospechas importantes. Pero esa verdad política está, por ahora, bastante vedada a la opinión pública Canaria. Hay una deliberada actitud política de ocultar lo qué pasó con ese escandaloso contrato de 122 millones que fue provisionalmente adjudicado a una empresa sin mérito alguno, pero nacida en el entorno más chic del PP.
Creo también que la ruta judicial elegida para investigar el caso tampoco es la mejor para defender el interés general, la transparencia y la justicia. No hay otra forma de decirlo: el caso está en manos de los enemigos públicos del PP, sospechosos de querer pescar otro salmón con el que tribular en los pasillos de los juzgados a los populares. La jueza que instruye el caso es la portavoz de Jueces para la Democracia, una asociación minoritaria (en Canarias son seis jueces), muy ligada a los socialistas. Rosell, protagonista indiscutible de las más sonadas polémicas judiciales, ha sido denunciada de forma reiterada por el PP, sin mucho acierto ni éxito, y ella misma, o a través de personas de su entorno, da continuas muestras de estar muy enfadada con la derecha canaria.
Tampoco añade transparencia a la investigación el hecho de que el asunto fuese cogido por los pelos por esta jueza. Viendo la tele decide, de forma excepcional, actuar de oficio contra la doctora Palop, tomarle declaración sobre un presunto soborno, archivar y extender la instrucción al caso Lifeblood. Rosell abrió otra línea de sospechas, ahora en el reparto de asuntos judiciales, y a otra pugna judicial interna. No creo que con estos mimbres la investigación y su resultado sea creíble y satisfaga a la justicia, a la sociedad canaria que quiere saber la verdad.
En este infierno Lifeblood quiso el destino (o la política) que la secretaria general técnica de la Consejería de Sanidad, Lourdes Quesada, fuese la mujer del fiscal jefe provincial, García Panasco, añadiendo más morbo mediático al asunto e intoxicando un poco más la transparencia de la investigación judicial. Ha salvado este escollo la prudencia de la Fiscalía de Canarias, que a instancias de Vicente Garrido, y para evitar las sospechas desatadas, ha sacado de Canarias el asunto.
Feo. Muy feo este asunto reducido, otra vez, a los que están conmigo o contra mí y no con la verdad.

El domingo me produjo cierta alarma y algo de indignación saber que la foto de la reina infantil del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria no llegaría a la redacción hasta las 21 horas. Pensé en que a esa hora de la noche los niños estarían abandonando el Parque de Santa Catalina, cansados después de muchas horas de pie, soportando el peso de complejos disfraces, lentejuelas, plumas, pinturas, y presiones muy similares a las de los adultos en un concurso de este tipo. Pensé en los cientos de niños que esperaban para ver el espectáculo y en que por la mañana tendrían que acudir a clase. Habrán ido, o no. Lo seguro es que no lo han hecho en condiciones normales, como otros niños que un domingo se duchan, cenan y se van pronto a la cama para madrugar.
Horas después me enfrento a los reportajes televisivos sobre la gala. Selena, que así se llama la encantadora niña reina del carnaval, llora a moco y baba bajo la presión de cámaras y micrófonos. Otra de las candidatas perdedoras, no recuerdo su nombre, declaraba: «No me importa, he tenido mis tres minutos de gloria». Mi perplejidad e indignación aumentó cuando aparece en pantalla Aitana, un bebé de diez meses que, arrastrando su taca taca, trasladaba una impresionante carroza. Primer premio. En Tenerife premiaron al bebé porque para las plumas y la purpurina no hay edad.
Me resulta increíble que las administraciones públicas que organizan los carnavales piensen en fiestas para niños en clave de adultos. La noche no es el mejor horario para una fiesta infantil. No todo vale para ganar. Siempre debe ser compatible con el proceso educativo en el que están por mucho que los padres quieran ver a sus hijos en los escenarios a altas horas de la noche como estrellas de las plumas y la purpurina.
