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Mauricio al volante

Ya he visto desaparecer a algunos políticos, algunos de forma truculenta, pero lo que nunca pude imaginar es el final de José Carlos Mauricio. Ya tuvo su ocaso político cuando, creyéndose el salvador de CC, obtuvo tres mil votos en la capital grancanaria. Bien visto fue hasta un final feliz, en relación a lo que acostumbramos a contemplar entre los políticos que, una vez corroído su andamiaje ético y agotado su capital, se resisten a marcharse.

Cuando se fue, o lo echaron las circunstancias, a Mauricio nadie le reprochó nada a pesar de ser el responsable de muchos desaguisados. No es cuestión de hacer la lista de los desaciertos, pero sí recordar que su particular forma de hacer convirtió a Canarias en un campo de experimentación político-económica de sonados fracasos, sólo salvados por la bondad que siempre otorga el capitalismo a los excomunistas integrados.

En su retiro vivía de forma discreta. De hecho nadie lo llamaba, salvos algunos íntimos a los que les gusta conspirar y jugar a estrategas. Sus escarceos para regresar a primera fila no han sido bien acogidos por los suyos. Prefieren tenerlo en segundo plano, tanto que él ya gestaba el sentimiento Aznar, el de los grandes políticos de triste final, incomprendidos, que consideran que ni los suyos han hecho justicia con su persona.

Escribía un libro, mantenía una extraña fundación desde la que trataba tener cierta influencia y poco más. Una vez fuera de juego pensé que se extinguiría como lo hacemos todos, con el peso de los años y al ritmo de la vida, que a nadie perdona y con él ha sido dura en lo personal.

Lo que nunca pasó por mi imaginación es que acabaría su vida pública de forma tan vergonzante, delante de los jueces por no tener carné de conducir y ante las cámaras tapándose la cara como un pillo sin dignidad.

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3 comentarios

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Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.
Pitágoras
Cada uno tiene lo que se merece, lo que se ha sembrado es lo que se recoge, sabiduría del humilde agricultor. A ver si los póliticos se lo aplican a su vida y no a su bolsillo.

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Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.
Pitágoras
Cada uno tiene lo que se merece, lo que se ha sembrado es lo que se recoge, sabiduría del humilde agricultor. A ver si los póliticos se lo aplican a su vida y no a su bolsillo.

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los comentarios y el resultado de estos están en los hechos
por este Señor y otros muchos que aún no ha sido desvelados
así están para que se juzguen...

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