España por fin ha encontrado el Judas perfecto en el que proyectar toda la ira contenida en esta crisis. La saña contra el colectivo de controladores rebasa ya algunos límites éticos y abre una peligrosa vía para el futuro de otras reivindicaciones laborales y sociales en este país.
Este fin de semana, algunos medios nacionales pusieron especial empeño en buscar testimonios escabrosos de afectados en un ejercicio de demagogia exagerada, alimentada por el Gobierno con todo tipo de filtraciones interesadas. En El Mundo, por ejemplo, una mujer posaba con la foto de padre muerto en los baños de un aeropuerto por infarto mientras esperaban la salida de un vuelo ese fatídico viernes 3 de diciembre. Chirría mucho afirmar que los controladores mataron a este hombre. Sobrepasa los límites de la crítica a su actuación y coloca en un escenario indeseado a un colectivo que, con sus graves pecados, forma parte del sistema productivo del Estado.
Es verdad que seiscientas mil personas vivieron dramas personales, si así se puede catalogar el hecho de perder las vacaciones, no llegar a bodas, bautizos o a los puestos de trabajo. Lo cierto es que nunca se abandonaron los servicios de emergencia en las torres de control para permitir el tránsito de aviones medicalizados y de emergencias. Nadie murió en un avión o en un aeropuerto porque los controladores dejaron sus puestos de trabajo.
Lo real, puestos a dramatizar de verdad, es que ese mismo día, unas horas antes del caos aéreo asesino, el Consejo de Ministro aprobó un decreto mucho más sobrecogedor con que el hundió a miles de familia en la miseria. Ese día perdieron el único sustento vital que les quedaba con los 425 euros de ayudas a los parados. Puestos a la demagogia, estas familias no pierden sus vacaciones, lo pierden todo.
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Controladores asesinos
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D. Manuel, cuando vi el título, pensé que esta vez me iba a decepcionar e iba a sumarse al coro histriónico y demagogo de los linchadores públicos ya que es muy difícil nadar contra corriente y Vd también iba a pedir que los echaran a todos, que los metieran en la cárcel o que los crucificaran.
No ha sido así, afortunadamente, y una vez más coincido totalmente con su planteamiento.
Un saludo.
Y más gente muere de hambre en todo el mundo. Que existan otros problemas no significa que ese no haya afectado a muchísimas personas ¿o se ha convertido usted en otro de esos defensores de esas pobres victimas que son los controladores?
Muchas gracias por poner un poco de mesura y de decencia personal en todo esto. No me parece mal que usted considere que hemos cometido grandes pecados. Defenderé siempre a capa y espada que usted pueda pensarlo y expresarlo, aunque sea contrario a lo que yo pienso. Lo que jamás defenderé es que por que alguien le considere un privilegiado se suspendan sus derechos constitucionales. El otro día una persona me dijo que cada vez que pensaba en el 3 de diciembre, sentía lo mismo que el 11 de marzo de 2004. Esta barbaridad está ya en la cabeza de algunas personas, que nos equiparan a los terroristas del 11-M. O alguien para este desatino, o al final habrá linchamientos públicos fomentados desde el poder político y mediático. Gracias de nuevo. Para una visión algo más distendida:
http://inigocastanedo.blogspot.com
Hola:
la parte final me parece un poco irónica, ya que si bien la pérdida de los 425 euros puede tener más gravedad que la huelga encubierta, al fin y al cabo ha sido la decisión de un gobierno democrático legalmente establecido (con esto no quiero decir que sea bueno ni malo, solo el elegido por el pueblo). El tema de los controladores me parece más una cuestión de soberbia y prepotencia en cuanto que hago lo que quiero y que se fastiden los demás (y realmente se han fastidiado centenares de miles de personas inocentes en este tema). Creo que los controladores tienen herramientas legales (como los otros colectivos de trabajadores) para defender sus derechos y no esta ley del más fuerte.
Un saludo