Es una pena que la ex consejera de Sanidad, Mercedes Roldós, haya tirado por la borda, en sólo quince días, la imagen de política seria, de mujer rigurosa y eficiente en su trabajo. Ha rozado el histerismo ante una información revelada a la opinión pública dentro de los cauces de la libertad de expresión y que no ha sido desmentida por nadie, salvo por ella misma. Se ha dedicado con ahínco a difamar a los periodistas que lo hemos investigado y publicado, así como a los medios en los que trabajamos.
Ha jugado de forma torticera al desprecio de las reglas, las que imperan en el juego democrático que consagran el derecho a la información y que los profesionales practicamos cada día sometidos a la ley y la responsabilidad ante los lectores. Sería un buen ejercicio para Roldós recordar cuántas veces se ha dirigido a los periódicos para colocar sus informaciones, las que a ella le han interesado y las que más daño han podido causar a sus adversarios políticos, como la cantidad de boro acumulada en el agua que suministraba Emalsa a los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria.
A los periodistas nos dan información y la contrastamos cómo y donde creemos procedente. Si es veraz y de interés para los ciudadanos, la publicamos, les guste o no a Mercedes Roldós, a José Manuel Soria, a Juan Fernando López Aguilar... En este caso nadie se ha saltado las reglas salvo ella, que acudió a su red de espías en la Consejería para montar su teoría de la conspiración ante una información demoledora sobre un aspecto de su gestión que, además, se jacta de no controlar.
Roldós sólo se somete a las reglas del juego, cuando le favorecen. Ha demostrado ser digna alumna de quién la ha protegido, y, como ha ocurrido en otras ocasiones, arremete contra los periodistas, contra los periódicos, contra los editores, contra las empresas que perdieron el concurso y contra la oposición, a la que descalifica gravemente.
Durante mucho tiempo pensé, sinceramente, que Mercedes Roldós estaba hecha de otra pasta. Me equivoqué, porque su estructura ideológica sigue los mismos patrones que la del presidente de su partido. Ante las adversidades que generan las prácticas democráticas, como es el caso del derecho a la información, Roldós se carga rápidamente su ideario democrático así como el liberalismo del que dice nutrirse la política que practica. Con este caso hemos conocido a la Roldós más altanera, más dura... a una mujer amenazante, situada por encima del bien y del mal, en la que no se detecta ni un ápice de duda sobre lo que puede haber ocurrido a su alrededor, aunque eso sí, dejando bien claro desconocer la obra de sus excelentes técnicos.
Dejar todo en manos de los funcionarios es otra práctica habitual en el PP. Está en el manual del estilo del presidente que siempre delega, ordena pero no firma, y si firma es lo que los funcionarios independientes le ponen delante.
Si Roldós no sabía nada, si firma sólo lo que los técnicos le presentan, si no se interesa por quién es quién en los contratos multimillonarios que pagamos todos los canarios: ¿para qué hacía falta una consejera tan cualificada como ella misma se concibe?
Dibujadas así las cosas por Roldós, ( sabe en la intimidad de su conciencia que no son ciertas), debió dejar el PP la firma al bedel (con todos mis respetos) de la Consejería y no gastar su "talento" en estos tres años de gestión en la Administración Pública.
Lo más sorprendente es que Mercedes Roldós quiera resaltar ante la sociedad canaria las bondades de quienes, de forma oscura y torticera, han pululado en su entorno y en el de su partido, buscando negocios al calor del dinero de los ciudadanos. Defiende usted y pone la mano en el fuego por los que, a todas luces, le han hecho un amaño, como mínimo reprochable eticamente, para quedarse con un concurso multimillonario. A usted no le puede parecer normal que una empresa creada, como otras muchas de la red Gürtel, en un almacén de empresas, sin actividad económica alguna, con un capital social de tres mil seis euros, cuyo objeto social y administrador fue cambiado en los mismos días que se convocó el concurso y que no ha movido un duro en ocho años, sea adjudicataria de 124 millones de euros. Pero no, a Roldós le parece normal y hasta acertado saber que un asesor y adjudicatario de otros servicios sanitarios, el abogado Javier Artiles, tan admirado por ella, -del que ha sido capaz de decir que ha ahorrado mucho dinero público ganando pleitos- haya sido el cerebro de este concurso sin salir en los papeles. Estos y mil detalles obscenos que han trascendido y que generan dudas razonables del comportamiento de algunas personas de su confianza, le parecen normales, legales, lógicos y justos. No lo son, señora Roldós, ni para usted, ni para la sociedad canaria. Si a usted se lo parece debe revisar su sistema de baremación ética y su conciencia, a lo mejor abducida por el exquisito ambiente que le rodea y en el que también están algunos personajes, muy amigos suyos, que viven a costa de la política y de los presupuestos públicos.
