José Manuel Soria llevaba meses buscando ser la víctima de Paulino Rivero. Inició una campaña de provocación permanente, de deslealtades y maniobras torticeras que el presidente del Gobierno aguantó con disimulado disgusto y que han puesto al Ejecutivo en más de una situación comprometida.
Era una evidencia que Soria se desesperaba en un Gobierno en el que la iniciativa política la ha sostenido siempre, incluso en los temas económicos de su competencia como consejero, Paulino Rivero. Mucho antes de la precampaña electoral buscaba la discrepancia y el enfrentamiento, procurando la inestabilidad de su propio Gobierno a pesar de la delicada situación económica.
Jugó a la contra en múltiples ocasiones pero no pudo desviar la estrategia política del presidente del Gobierno de caminar junto a quién más aportase a la salida de la crisis en Canarias.
En la decisión que tomó ayer Soria hay mucho de arrebato desesperado, estado propio del personaje cuando ve frustrados sus planes personales. Soria chocó este fin de semana con el desdén de Rajoy a su autoproclamación como candidato y con una inesperada foto de Paulino Rivero con Zapatero en un acuerdo histórico para los intereses de las Islas. A la frustración se unió el derrumbe de todas sus expectativas, entre ellas la posibilidad tocar poder en Madrid lo antes posible, culminar sus aspiraciones como ministrable y acabar con su debilidad dentro del Gobierno de Canarias.
La foto de Paulino Rivero descolocó al líder del PP y decidió acabar con ella con una pataleta con la que recobrar el protagonismo. No hay ni una sola razón de «responsabilidad pública» que sostenga sus argumentos que ha esgrimido para irse del Gobierno. Son las mismas que señalaba hace meses, salvo esa foto que daba vida a Zapatero y que trastocaba sus planes.
No es compatible la responsabilidad, entendida como la coherencia con el interés público de los canarios, con los berrinches propios de quien ha demostrado a lo largo de muchos años de presencia en la vida pública, que los caprichos y la egolatría dominan su estrategia política y pone en situación de riesgo el interés común y a su propio partido.
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Otra pataleta
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