Las primarias en el PP de Canarias se juegan en el Ipad de José Manuel Soria. El partido sigue con expectación los movimientos del dedo de su líder deslizándose por el cristal del delicado artilugio de Steve Jobs y la mensajería instantánea de su Blackberry. Sólo una pequeña minoría de fieles, empleados y los pocos que han logrado tejer su poder al margen de su red, conocen su futuro en las listas para las próximas elecciones autonómicas. Es una partida que se juega en la sombra, se despacha en secreto y se alimenta de intrigas y rumores. Desde Moya a Agaete, pasando por el Cabildo, los puestos están reservados para los fieles. Miguel Jorge, que había pedido ser el candidato al Cabildo será desplazado por María Australia Navarro y Pepa Luzardo por el mismo Soria.
Ya en el PP no se esconde que José Manuel Soria planea hacer doblete a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria. Los más críticos dicen que busca refugiarse en otro despacho oficial y salvar su situación personal por un año si después de las elecciones no logra sostener el pacto con Paulino Rivero. A Pepa Luzardo, siempre en su papel de Juana de Arco, le toca otra vez el sacrificio de cargar con la seguridad de su líder y renunciar a la posibilidad de recuperar la Alcaldía después de contemplar como Saavedra presentaba en Madrid, para defender la Capitalidad Cultural Europea, sus propios logros, como el Teatro Pérez Galdós.
Soria siempre ha querido prescindir de Luzardo. No se ha fiado de ella, no ha confiado en sus dotes políticas ni en su capacidad de gestión. La ha vivido como una «imposición del destino político» y siempre ha tratado de tutelar sus movimientos. Desde que Luzardo perdió las elecciones por nueve mil votos, en plena ola socialista, Soria planeó su relevo. Logró tenerla apartada mientras fue alcalde, pero desde que Luzardo adquirió vida propia en Madrid desde su sillón de senadora ha mantenido algunas amistades que siempre le echan una mano. En 2003 Soria trató de apartarla proponiendo a Juan José Cardona como candidato a la Alcaldía de la capital grancanaria. Se trasladó a Lanzarote y en una de las villas del Hotel Salinas, en el que se alojaba José María Aznar, le desplegó la oferta, que incluía su doblete al Cabildo de Gran Canaria. El presidente saliente del PP, no transigió y Cardona se vio obligado a acompañarlo en la aventura del Cabildo Insular de Gran Canaria como número dos y hombre de confianza. Cardona terminó relegado a un segundo plano, sin que nadie conozca aún las causas por las que Soria le retiró el apoyo. Cardona se retiró a los cuarteles de invierno y fue sustituido por Larry Álvarez, que se convirtió en su número dos. Corrió con la misma suerte que Cardona.
En el PP nadie se explica la reconciliación de Cardona y Soria. Como nunca se explicó el ascenso de Manuel Fernández a número dos del partido. Quizás lo explique la recurrente «vuelta a las épocas de gloria» en el Ayuntamiento capitalino o la falta de imaginación para recobrar espacio político que Soria cree se le escapa de las manos con Luzardo como candidata. No dejan de ser explicaciones oficiales que corren dentro del partido, porque, siendo realistas y conociendo como se mueve el presidente del PP, creo la razón última habría que buscarla en la estrategia de la 'unidad de destino'. Manuel Fernández y él estaban imputados en el escabroso 'caso Salmón' y ahora él y Cardona podrían correr la misma suerte en el Canódromo y Pavía.
Los asuntos del Canódromo y de Pavía, en los que ambos intervinieron activamente durante su mandato en el Ayuntamiento capitalino, -con los que Pepa Luzardo nada tiene que ver porque estaba apartada de la primera línea-, son las dos agujeros negros que José Manuel Soria no controla. El proceso judicial del Canódromo sigue su curso en un juzgado de Granadera Canaria. Lo empuja una asociación de vecinos que no se amedrenta y un alcalde que quiere repetir y sabe que tiene en sus manos materia suficiente para convencer a los ciudadanos de la pésima y sospechosa gestión de Soria en esa etapa, cuyos resultados aún siguen lastrando a la administración municipal .
La resistencia de Luzardo a apartarse de la primera línea política y ser enterrada en un sillón del Parlamento de Canarias y la posibilidad de que él mismo se quede sin coche oficial supone el sacrificio de Cardona, que ya ha hecho sondeos y campaña en algunos ámbitos. Luzardo no ofrece más resistencia, porque que si las cosas salen bien será alcaldesa cuando Soria sea ministro, o presidente; aunque para eso hay que ganar las elecciones.
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Los sacrificios de Soria
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