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Nacionalismo (1)

Ahora que se impone el consenso como marca de futuro, los nacionalistas canarios también deben sentirse llamados a una seria reflexión sobre su propia unidad. La crisis del nacionalismo no tiene nada que ver con la crisis económica, pero la falta de respuestas imaginativas de éstos a los canarios y la falta de unidad interna pasará factura política a los que se empeñan en mantener las divergencias.
El nacionalismo canario debe reconocer el fracaso de su proceso de unidad política, pero una evaluación objetiva de su papel en Canarias, tendría que valorar el triunfo de una buena parte de sus postulados en la sociedad. El punto de partida ideológico, el núcleo de su pensamiento, estaba también preconstituido en las especiales relaciones que siempre ha mantenido con el Estado; en esta última etapa, concretado, en el REF en 1991 y sus sucesivas reformas, así como en los hechos diferenciales de la lejanía y la insularidad, además de un amplio sentimiento de canariedad.
En ese éxito ha jugado un papel importante la búsqueda permanente que ha mantenido Canarias para identificarse y organizarse en el marco geográfico, social y administrativo en el que nos ha tocado vivir. En este último siglo, debatiéndonos entre el provincianismo, el insularismo y la regionalidad, hemos logrado un Estatuto que a los nacionalistas les ha servido para consolidar sus premisas. Herramientas que van quedando obsoletas y que requieren ser de nuevo revisadas sí, finalmente, se impone la sensatez y algunos personalismos dan un paso atrás, permitiendo otras vías para la revisión de las bases de la convivencia de los canarios en claves de futuro.
Los nacionalistas, desde el poder, especialmente a través de CC, han sido protagonistas indiscutibles de esta última etapa de consolidación democrática en las Islas. Su presencia en la sociedad canaria es de mayor calado de lo que pensamos. Han logrado aumentar los niveles de conciencia de la cultura canaria, creando un universo propio en el que diversas corrientes de pensamiento confluyen en la idea de una Canarias europea, distinta y distante, diferenciada, de autogobierno, con capacidad para hablar de tú a tú con el Estado y con Europa.
En el ámbito económico han logrado sustraer de la dinámica del mercado a algunos sectores en las Islas para, desde un marcado intervencionismo, crear redes empresariales que dominen el tejido productivo canario. Más del cincuenta por ciento del negocio turístico está ya en manos de canarios y los nuevos espacios que surgen de la diversificación están orientados, desde la administración, para que sean empresas canarias las que los dirijan.
La bonanza económica permitió que el juego de poder desviase mucho dinero para que los objetivos básicos del programa nacionalista se concretasen a pesar de que la organización de desmoronaba contagiada por el 'lobysmo', el caciquismo y el personalismo. El nacionalismo ha logrado controlar el diálogo con el Estado a través de un menguado grupo de parlamentarios; ha monopolizado gran parte de las relaciones con la Unión Europa; ha establecido una amplia red de conexiones exteriores al margen del propio Estado; ha creado canales propios de consolidación regional, como una red de transporte que permite la movilidad, la Radio y la Televisión Autonómica y la idea de seguridad propia se ha concretado en un cuerpo policial.
La relevancia política de Canarias en el Estado, ha venido de la mano de canarios con influencias en Madrid, de los problemas de seguridad geoestratégica con el entorno, y, en esta última etapa, de la presencia de una fuerza nacionalista en el Parlamento. Canarias se benefició de la bonanza económica con Aznar, porque fueron necesarios los votos de CC en la primera legislatura, como ahora lo son para Zapatero.
Una vez consolidados algunos elementos sociales y políticos que distinguen a los canarios y comprobada la eficacia sobre la influencia para la gobernabilidad del Estado, a los nacionalistas no les queda otro remedio que avanzar en la posibilidad política de recuperar su propia unidad. El consenso para abordar los problemas que padece Canarias necesita también de la confluencia de ellos si quieren hacer valer el peso real que tienen ante la lejanía.

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2 comentarios

1

Yo creo que ni CC ni Nueva Canarias son nacionalistas. Lo que han hecho (fueron una sola fuerza haste el cisma) ha sido territorialismo, pactando en Madrid con el PSOE o el PP según quien gobernara. No hay un ideario nacionalista, ni en economía, ni en cultura, ni en políica ni en educación ni en nada. Se llaman nacionalistas porque sí, pero no lo son. De manera que no creo que hubieran aguantado mucho fuera del poder. En realidad es lo que hacen.

2

Yo creo, que comenzaron sin contenido ideológico, pero con el tiempo se han ido dotando de un cuerpo de pensamiento nacionalista. Exiten muchos nacionalistas en CC y en NC. El propio Román Rodríguez lo es desde su nacimiento a la conciencia política. Desde el poder han conseguido, algunos objetivos, que es lo que trato de explicar en el artículo. Estoy de acuerdo contigo en que el territorialismo es el que ha impuesto las normas de convivencia y que no hubiesen aguantado mucho fuera del poder, pero ahora es imposible que su presencia política y social pase desapercibida para la sociedad canaria.

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