Manuel Alcaide es funcionario y llevó uniforme. Su toga esconde muchos pecados, más de los que el mismo se perdona, pero no el de la falta de rigor, aunque sus conclusiones sean políticamente incorrectas. Quizás sea también la vejez que desinhibe y suelta la lengua. Alcaide ya está por encima del bien y del mal, por diablo y por viejo, como para no decir lo que piensa.
Sea como sea, muchos de los asertos de Alcaide los censura la irracionalidad de lo que en el imaginario político y social tenemos por correcto y no nos atrevemos a contradecir. ¿Quién se va a meter ahora con los funcionarios? ¿Quién era capaz hasta hace unos años de hacer una crítica a las ONG y a sus actuaciones? ¿Quién se ponía en contra de los sindicatos? ¿Quién en contra de los maestros y su poder en Educación? ¿Quién se atrevía a decir que los inmigrantes eran muchos y había que expulsarlos?
La socarronería de poner uniforme a los funcionarios no debe ocultar la critica de fondo sobre la falta de profesionalidad de muchos de ellos. Deben reconocer, en su conjunto, que no han contribuido a que tengamos una administración eficaz, que no responde adecuadamente a los ciudadanos. Hay muy buenos profesionales, pero muchos, vividores. Hay funcionarios independientes, pero también mucho lobby encastillado en el poder de sus informes. Quizás a estas castas si habría que ponerles uniformes para identificarlos. No salen en la foto y cubren sus errores con los caretos de los políticos, a los que sirven ciegamente o les ponen todo tipo de obstáculos para que sus proyectos no logren funcionar.
De la ineficacia y los comportamientos funcionariales el Diputado del Común tiene constancia. Muchas quejas llegan a su mesa porque la negligencia la pagamos los ciudadanos.
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El uniforme de Alcaide
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Carla yo tengo la iesrmpion de que a veces Manuel Alcaide habla sin ser consciente del alcance de sus palabras. En fin, que cada palo aguante su vela.Saludos.