los blogs de Canarias7

Archivos Septiembre 2010

A las mil dudas que tenía sobre esta huelga, ayer añadí otra: ¿qué hubiese sido sin los piquetes? Desde las doce de la noche pude seguir la actividad del piquete ubicado en la salida de la Estación de Guaguas de San Telmo. Eran una treintena de militantes sindicales haciendo mucho ruido cada vez que una guagua salía de la Estación o pasaba por la parada. Algunos vecinos se quejaban de los petardos que hacían explotar a esa hora. Un 24horas cercano hizo el agosto despachándoles bocadillos de tortilla de papas.
A primera hora de la mañana los gritos y pitos eran más intensos. Comenzaban a salir y llegar las primeras guaguas con la gente que a esa hora madruga para llegar a tiempo a sus trabajos. Un cordón policial impedía a los miembros del piquete saltar a la calle para paralizar a la marcha de las guaguas.
Con su presencia lograron vaciar la zona de taxis, y muchos comercios, amedrentados, no se atrevían a abrir. Observé mucho ruido intimidatorio, ningún gesto de violencia y sí algunas gamberradas impropias de adultos, como las pintadas en las paredes de piedra de la Estación, los petardos, la silicona y las pegatinas. Algunos comercios, bares, farmacias, gestorías y bancos, abrieron sus puertas con normalidad, pero con el ojo siempre puesto en la calle, por si el piquete se movía. El dueño del bar donde tomé mi descafeinado de la mañana me pedió que echara un vistazo a sus movimientos. No quería problemas. Los más miedosos esperaban dentro de sus comercios a que se marcharan para reabrir. En esa zona se olía el miedo.
Después de oír a Méndez justificar la existencia de los piquetes y ver como actuaban entendí que mentía. No me pareció que fuese un grupo de «informadores», de «garantes de los derechos de los trabajadores». Más bien tuve la sensación de estar ante un esperpento de épocas pasadas, cuando los ciudadanos se escondían detrás de las puertas, muertos de miedo, esperando el paso del batallón, las pedradas, los insulto o las represalias. Confirmé lo que intuía: los sindicatos no están en este mundo.
Sobre las 10.00 horas el piquete desapareció del lugar. La zona de Rafael Cabrera y Triana resucitó. Fue como si acabase un bombardeo y la gente saliese de los refugios. Con la marcha del piquete desapareció la sensación de miedo. Los comercios se abrieron, la gente circuló, las paradas de taxis y de guaguas se llenaron. Comí con unos amigos en un restaurante de la zona que estaba repleto. Tomamos café y paseamos por Triana. Los niños salían de las Dominicas y abarrotaban la calle. Las terrazas estaban a rebosar y los comercios abiertos, pero ya no estaban los piquetes.

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Me rodea un montón de amigos que dudan si ir o no a la huelga mañana. No están agobiados con el asunto, pero trajinan los argumentos, sin saber muy bien a qué carta quedarse. Entiendo sus dudas, porque como me pasa a mi, en estos últimos cinco años he perdido la fe en los sindicatos. Podría dar la listas de las razones para ir a la huelga general, algunas más 'progres' y 'marxistas' que las que ellos arguyen, pero siento que me han engañado exhibiendo una falta de independencia sindical inaudita en su maridaje político con Zapatero y el abandono de los parados y de los millones de contratados temporales. Igual que Zapatero -y con Zapatero-, creo que no han hecho bien sus deberes con España. Los líderes sindicales se defienden argumentando que es una campaña de descrédito de la derecha. Si lo es, que algo de eso hay también, han dado muchos motivos para acrecentar su descrédito y poner en tela de juicio su labor.
Yo tengo muchas razones para castigar a Zapatero, pero no quiero hacerlo con los sindicatos, con la bocha chica, con una huelga general que presiento tiene trampa. La primera es que los sindicatos no quieren realmente hacer daño a Zapatero; y Zapatero quiere dar una victoria a sus sindicatos. Convocan esta huelga general porque saben que no peligra Zapatero, porque está bastante lejos de dañar a quien tanto necesitan. Señalan como responsables a los empresarios, al gran capital, a Alemania de Merkel, a la Francia de Sarko, a Esperenza Aguirre y al universo, pero no a Zapatero; y cuando no queda más remedio hablan del Gobierno como un ente abstracto. No se cansan de repetir que castigar al Gobierno no significa querer la vuelta de Rajoy, otro argumento que se me atraganta, porque yo no tengo ningún miedo a que gobierne la derecha o a que el PSOE cambie de líder y siga gobernando.

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La foto de Paulino Rivero y José Miguel Pérez en su segundo encuentro institucional celebrado ayer en Santa Cruz de Tenerife es una buena noticia. La foto contrasta vivamente con otras épocas en la que socialistas estaban enrocados. Pero más allá del paso que ha dado el PSC, creo que lo sustancial de la entrevista de ayer es que existen serias posibilidades de dar pasos en cuestiones esenciales o estructurantes para Canarias, como la reforma del REF.
Conozco bastante a los dos líderes políticos y creo que los separa distancias irreconciliables en algunas materias, especialmente ideológicas, pero tienen en común una visión a largo plazo de Canarias y grandes dosis de pragmatismo. Son dos políticos que no se paran en las coyunturas políticas, más bien las conciben como simples herramientas para cumplir objetivos a largo plazo. Una cuestión que no es baladí, cuando quienes mandan en Canaria son los intereses partidistas, el cabildeo y los lobbies, disfrazados de partidos, quiénes, por cierto, ahora se preparan para un nuevo asalto al Parlamento.
Los protagonistas del encuentro de ayer tienen en su cabeza una hoja de ruta para garantizar la supervivencia del Canarias, su futuro económico e institucional en el contexto del Estado y de Europa. Les preocupa el futuro económico y las herramientas para garantizar el bienestar y les preocupa la seguridad en el Atlántico y frente a África.
Si quieren, sólo es cuestión de voluntad, de mucho diálogo, integración de otras opciones políticas y renunciar, por Canarias, a los intereses partidistas y electorales. Lo que está claro es que hay cuestiones que no pueden quedar en el limbo de las coyunturas y de las oportunidades que otorgan la debilidad del enemigo. Lo esencial para Canarias no puede esperar y hay que abordarlo desde el consenso y a través de las vías institucionales apropiadas, que no son otras que las leyes.

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No encuentro ningún entusiasmo por la huelga general que los sindicatos han convocado para el día 29 de septiembre. Los propios autores de la convocatoria lo hacen sin convicción alguna, casi por obligación ideológica, por compromiso con las viejas ideas sindicales y sus protocolos para estos asuntos.
Los sindicatos están fuera de juego. Han sido sorprendidos por la crisis en la luna de miel que mantenían con el Gobierno. La alianza PSOE-UGT, propiciada por el matrimonio Méndez-Zapatero, en el marco de los pactos con la izquierda española para aislar al PP, ha quedado rota y quienes han salido pediendo son los sindicatos. Vivieron una época dorada con la buena racha económica. Compartieron el inmenso poder del Gobierno, pero ya nada es igual y no saben cómo afrontar la situación. Ahora se miden peligrosamente con su único eslabón con el poder, con el Gobierno; se miden con la sociedad española, de la que están muy desconectados. Se miden con los trabajadores, que desconfían de ellos y me temo que perderán, para gozo del nuevo Zapatero.
Creo que izquierda sindical intuye que ha perdido la batalla, pero se sienten obligados a echar el pulso aunque lo pierdan. Alemania, Francia y Estados Unidos han impuesto sus criterios con políticas de derechas. Los colectivos de izquierdas con mayor conciencia política han salido a la calle en masa, ha habido altercados graves y en Grecia murieron varias personas, pero no han logrado cambiar nada y tampoco han conseguido articular alternativas serias de poder.
En este desconcierto en el que viven, los sindicatos tampoco terminan de romper con Zapatero. Piensan sus líderes que los ajustes son menos 'putadas' si los hace la izquierda. Piensan que mejor estar arropados por los domesticados que por la derecha salvaje. Piensan que ha ganado el capitalismo en todo el mundo, pero en España «sólo un poco», porque, a pesar de la difícil coyuntura, siempre será mejor un Gobierno de izquierdas que haga políticas de derechas sin creer en ellas, que uno de derechas con convicción para dar la vuelta como un calcetín a la situación.
El triunfo de las políticas de la derecha tuvo su máximo exponente esta semana en el apoyo incondicional de los líderes de la Unión Europea a Nicolás Sarkozy y a su medidas para la expulsión de gitanos del territorio francés. El seno del Gobierno de la Unión Europea amenazó a Francia con sanciones por la expulsión de gitanos a Rumania, pero en pocas horas la comisaría de Justicia, Viviane Reding, se tragó sus palabras. La izquierda más progresista nunca pudo imaginar que Zapatero apoyase al trasnochado Sarko y mucho menos «comprender» los motivos que el líder francés ha tenido para sacar por las bravas a los gitanos del país.
La sociedad española percibe las contradicciones y las tiene en cuenta. Los trabajadores no ven la situación de la misma manera que sus tradicionales representantes de clase. De hecho, ya no son las mismas masas manipulables, desalmadas y descerebradas, dispuestos a inmolarse por los ideales, como en otras épocas. Están perfectamente informados, tienen otras fuentes de defensa, privadas y colectivas, otras aspiraciones distintas a salir en masa a la calle enarbolando la bandera de otros, ni a hipotecarse ideologizando el sentido de sus vidas. Esta desmotivación es otra de las victorias de la crisis en España, donde nadie anima a buscar otros otras formulas para resituarse.
En esta coyuntura, los trabajadores perciben como «inevitables» las medidas que el Gobierno ha impulsado. Saben que los sindicatos han vivido estos últimos años al calor del poder de Zapatero con una clara renuncia a la autonomía sindical de sus organizaciones. Son corresponsables de las políticas que nos han llevado a la actual situación. Perciben que su distanciamiento de Zapatero no es sincero, que los defienden con la boca chica y que ahora sólo tratan de salvar su propio poder y su papel en el juego democrático. Si pierden en esta apuesta la crisis sindical será irreversible.

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Coalición Canaria tiene prácticamente cerrado el acuerdo con Zapatero para apoyar los Presupuestos pero no quiere anunciarlo, entre otras cosas para evitar el desgaste o quedarse sola en un escenario indeseado si el PNV decide no prestar su apoyo.
La tranquilidad de los socialistas en materia presupuestaria es un claro indicador, pero el tiempo que queda hasta el 20 de octubre, fecha prevista para el debate en el Congreso de la toma en consideración, es tan largo como la desconfianza del equipo de Ana Oramas, que aún no tiene un papel en su poder con las concreciones del acuerdo. Advierten los nacionalistas, a quien los quiera escuchar, que no es la primera vez que son sorprendidos por los socialistas a la hora de poner negro sobre blanco las negociaciones políticas, y en esta ocasión, con mucho menos dinero que repartir y más compromisos, no se fían de que la palabra dada se concrete el viernes en el proyecto de Ley de Presupuestos que salga del Consejo de Ministros.
Sobre los contenidos negociados, los nacionalistas parecen darse por satisfechos sí, como les ha prometido el PSOE, no se recortará ni un duro de las partidas vigentes en el presente ejercicio y se mantienen los grandes convenios y las inversiones.
La falta de liquidez de la caja del Estado se convertirá en una oportunidad para el nacionalismo, que podrá ver hecha realidad alguna de sus viejas aspiraciones. La ocasión pinta para sumar competencias de autogobierno, como la olvidada delimitación de las aguas canarias, que lleva años durmiendo el sueño de los justos en los cajones del Congreso desde que Victoriano Ríos la defendió. El traspaso de las competencias de Costas y la reforma del REF, una puntual o otra en profundidad a largo plazo, serían suficientes compromisos como para asumir un apoyo que quema.

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En algunos sectores políticos y económicos, la visita a Canarias del embajador de Estados Unidos, Alan Salomont, ha sido acogida con escepticismo. Hace años que Juan Verde viene promoviendo la presencia de intereses de Estados Unidos en las Islas, sin que hasta la fecha se haya concretado nada. A pesar del retraso de este proyecto, ocasionado por la crisis económica, sigue siendo de máximo interés para Canarias. No hay que olvidar que Estados Unidos tiene un ambicioso plan de inversiones para el continente vecino y que necesita un espacio seguro y con alto nivel de vida desde el que operar en el continente. Canarias ofrece todas esas ventajas, incluida la presencia de colegios americanos que garantizan la escolaridad de inversores y empleados que se puedan trasladar a las Islas. Demás está valorar aquí las ventajas económicas que un proyecto de este tipo puede generar si las sabemos aprovechar.
Pero la presencia de Estados Unidos en Canarias no es sólo una oportunidad económica, sino también de seguridad para el archipiélago. La posición de Estados Unidos en torno a los conflictos existentes en el área y en el reparto de los recurso naturales, es de vital importancia para los intereses españoles y para Canarias. La sola presencia de intereses estadounidenses en las Islas garantiza cierto nivel de complicidad institucional y de seguridad frente al conflicto africano, en el que Estados Unidos tiene influencia decisiva.
Pero no sólo Estados Unidos está interesada en África. La idea de convertir a Canarias en un centro estratégico debe completarse, además, con la atracción de inversiones europeas y de otros países que pugnan por estar presentes en el continente vecino. Será una buena forma de garantizar la seguridad y la neutralidad de Canarias en la convulsa situación de África.

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El polémico artículo del Frankfurter Allgemeine tildando sobre las ministras españolas de "fashionistas socialistas" o "muñequitas de la moda de Zapatero" ha levantado ampollas en el seno del Gobierno y en la clase política. Yo no entiendo que se molesten tanto las mujeres del presidente, cuando fueron ellas las primeras en posar en los jardines de La Moncloa para una revista de alta costura como Vogue. Tanta polémica levantó aquel reportaje que se han quedado chicas 'Vogue'.

Recuerdo aquel posado de mujeres fatales con lástima, porque a las proletarias, feministas y primeras colaboradoras del tercer mundo, no les pegaba mucho el papel que asumieron. Hora, la primera indignada es la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien no repite modelo nunca y cuyo fondo de armario debe ser más grande que el de Isabel Presley, curiosamente otra musa socialista.

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Manuel Alcaide es funcionario y llevó uniforme. Su toga esconde muchos pecados, más de los que el mismo se perdona, pero no el de la falta de rigor, aunque sus conclusiones sean políticamente incorrectas. Quizás sea también la vejez que desinhibe y suelta la lengua. Alcaide ya está por encima del bien y del mal, por diablo y por viejo, como para no decir lo que piensa.
Sea como sea, muchos de los asertos de Alcaide los censura la irracionalidad de lo que en el imaginario político y social tenemos por correcto y no nos atrevemos a contradecir. ¿Quién se va a meter ahora con los funcionarios? ¿Quién era capaz hasta hace unos años de hacer una crítica a las ONG y a sus actuaciones? ¿Quién se ponía en contra de los sindicatos? ¿Quién en contra de los maestros y su poder en Educación? ¿Quién se atrevía a decir que los inmigrantes eran muchos y había que expulsarlos?
La socarronería de poner uniforme a los funcionarios no debe ocultar la critica de fondo sobre la falta de profesionalidad de muchos de ellos. Deben reconocer, en su conjunto, que no han contribuido a que tengamos una administración eficaz, que no responde adecuadamente a los ciudadanos. Hay muy buenos profesionales, pero muchos, vividores. Hay funcionarios independientes, pero también mucho lobby encastillado en el poder de sus informes. Quizás a estas castas si habría que ponerles uniformes para identificarlos. No salen en la foto y cubren sus errores con los caretos de los políticos, a los que sirven ciegamente o les ponen todo tipo de obstáculos para que sus proyectos no logren funcionar.
De la ineficacia y los comportamientos funcionariales el Diputado del Común tiene constancia. Muchas quejas llegan a su mesa porque la negligencia la pagamos los ciudadanos.

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Algunos de mis amigos llegaron decepcionados y alarmados de la fiesta del Pino. El año pasado yo también sentí miedo cuando regresaba a casa después de la visita a la Virgen que mi familia tiene por costumbre hacer cada año. Cientos de jóvenes caminaban en pandillas, muchos de ellos completamente borrachos y exaltados. En algún momento temí un altercado o arrollar a alguno de los que, de forma desafiante y 'litrona' en mano, cruzaban la carretera o se paraban en medio sin miedo alguno por sus vidas. Este año no subí, pero el relato de mis amigos es idéntico. Llegaron a Teror con la sensación de que esa no es la fiesta de los grancanarios, sino otra excusa para un el deseado botellón de fin de semana. La primera estampa, al subir por la carretera de Tamaraceite, es un gran supermercado lleno de jóvenes comprando bebidas. A partir de ahí cualquier cosa te puedes encontrar. 'Macro altavoces' con estruendoso bacalao, asaderos portátiles, bolsas de plástico con grandes botellas que van quedando por el camino, jóvenes, literalmente, tirados en el suelo, sirenas de ambulancias que suben y bajan atendiendo los comas etílicos.
Los peregrinos que mantienen la tradición por convicción religiosa o por sentirla como parte de su ser grancanario, adelantan la subida para evitar el espectáculo y situaciones desagradables. Otros buscan recorridos alternativos que les permitan disfrutar del camino. Los que deciden adentrarse esa noche en una de las subidas 'oficiales', convertidas ahora en 'rutas del bacalao', tienen como única compensación llegar a Teror a la medianoche, justo cuando suenan las campanas de gloria que lo inundan todo, y refugiarse en el templo, a los pies de la virgen.
Han pasado las fiestas y el éxito se ha medido por la afluencia de peregrinos, por una lucida y participativa Romería, por la elegancia de los actos oficiales, muy pegados al protocolo, y por la devoción a la Virgen de muchos grancanarios. La otra fiesta es como si no existiese. Se olvida rápidamente. Intencionadamente la reducimos a anécdota. La percibimos como irremediable o como daño colateral. Creo que es un error que pagaremos caro. Es necesario una profunda reflexión sobre el deterioro de esa tradición de peregrinos. Hay que recuperar tradiciones como la de caminar, cantar y compartir pan y vino de forma sana. Quién la organiza la fiesta tendría que apuntar algunas medidas que ayuden a recuperar el espíritu que siempre animó la subida a El Pino, reflejo de la idiosincrasia de la sociedad grancanaria.

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Parece una confabulación de los astros, especialmente de la luna nueva que pone fin al Ramadán, coincidiendo con el noveno aniversario del 11-S en Nueva York y la intención de un fanático pastor norteamericano de quemar 200 ejemplares del Corán como signo de protesta contra la construcción de una mezquita en la 'zona cero'. La siempre mágica astronomía nos revela que las heridas en Estados Unidos siguen abiertas y que el debate religioso más tormentoso de la humanidad sigue vivo.
Asusta el tono de ingenuidad que reina en España en torno a este asunto. Hay siempre un silencio espeso en el mejor de los casos, o una defensa a ultranza del multiculturalismo ante el conflicto. En nuestro país las heridas del atentado islamita del 11-M se han cerrado mucho antes que en Estados Unidos. La sociedad española ya no parece señalar al mundo musulmán radical como responsable de ese atentado; más bien es Aznar el que ha cargado con toda la culpa, a modo de chivo expiatorio de una sociedad acobardada, que no se atreve dibujar los perfiles de ninguno de sus enemigos externos a pesar de sufrir la más grave agresión a la Nación.
La ingenuidad es un grave error de los demócratas y una debilidad de la izquierda. El conflicto religioso sigue vigente, aunque es asimétrico porque Occidente hace siglos que no busca esa guerra. El conflicto de civilizaciones es más fuerte que el religioso por mucho que nos empeñemos en negarlo y esconderlo. El tan cacareado multiculturalismo está cuestionado por la negativa de algunos grupos, como el islámico, a integrarse; a lo que hay que añadir una comprensión equívoca del significado de la integración que conduce a la conciencia a un respeto extremo de su cultura y a una falsa práctica de la convivencia.
La sociedad Occidental, a pesar de su fuerza, es mucho más débil que la islámica. Nuestra fortaleza es la libertad, el pluralismo y la democracia. Nuestros valores de convivencia se convierten en el asidero de los radicalismos, los nuestros y los de fuera, pero también en la excusa de las culturas que no desean la integración. Desde la democracia el islam busca defender su fe y expandirse, mientras que nuestra civilización ni tan siquiera quiere identificarse a sí misma. Más bien se avergüenza.
Una vez fue al revés. Fue el cristianismo, como civilización global, la que agredió al resto de las culturas, incluida el Islam. Bien es verdad que el cristianismo evolucionó gracias a nuestras propias guerras de religiones y derivó hacia la tolerancia y la laicidad, bases de la estructura democrática que sustenta el orden en el que vivimos. Hoy para Occidente no es una cuestión de religión, sino de civilización, de sociedad amparada en nuestro potente sistema económico, en nuestra intensa e irresistible tecnología y en el convencimiento ingenuo de que las democracias conducirán al islam de la teocracia a la laicidad.
Lo cierto es que, bien por el hecho religioso o por nuestra aplastante tecnología, el islam nos percibe como una amenaza. Su visión teocrática y sus propias peculiaridades religiosas le hace reaccionar con violencia contra Occidente. Ambas 'macroculturas' provocan un choque de intereses que los occidentales percibimos con incomodidad y que evitamos a toda costa, posiblemente por las irrenunciables dudas que genera nuestra propia civilización.
Ser occidental es vivir esta dudosa y tortuosa realidad cultural en la que nos desenvolvemos, pero es mil veces más valiosa que una sociedad teocrática y monolítica, como la que dejamos atrás en Occidente con las luces, o como la que práctica hoy el mundo islámico. Ser occidental es vivir entre dudas, andar muy escasos de fe, en la búsqueda diaria del sentido del mundo, en cómo superar el conflicto, muchas veces negándolo.
Quien cree que no existe un conflicto entre dos cosmovisiones está cometiendo otro pecado de escrúpulo occidental, que no es otro creer que reconocer las diferencias puede llevarle al racismo, a la exclusión y al integrismo, a todo lo contrario a lo que sustenta la tolerancia y el pluralismo. Pero la tolerancia se basa en el rechazo a todo dogma impuesto, en impedir el perjuicio mutuo y en la reciprocidad, que es lo que Occidente se exige a sí mismo para la convivencia y debe exigir a los que quieran vivir entre nosotros. Los límites no están en la libertad de credo y culto, sino en la exigencia de respeto a todas y cada una de las leyes que rigen la cultura de la libertad y la democracia.

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Hace algunos meses que José Manuel Soria montó una campaña a cuenta de la austeridad que debía practicar el Ejecutivo. Fue justo después de que algún presidente de comunidad y algún alcalde renunciasen a sus vehículos oficiales. A rebufo de la algarada popular a cuenta de la ejemplaridad ante la crisis económica, el vicepresidente propuso quitar coches oficiales, incluido el suyo, dejando caer que iría en guagua. Cuatro meses después sigue en coche oficial y con escolta.
La campaña no era inocente, como casi nada en la política que practica Soria, y estaba destinada a dejar a sus socios como nuevos ricos. Siempre habla quien tiene que le diga, como así hizo el propio Paulino Rivero días después desautorizando las pretensiones de su vicepresidente. La claridad de Rivero obtuvo otra respuesta contundente. Una filtración de facturas del presidente y de su esposa estaba destinada a probar la tesis de Soria sobre el rancio estilo de sus socios con el dinero público.
El Gobierno lo niega, pero en política la venganza se sirve en coche oficial. Paulino Rivero no olvida y hace el puzzle con firmeza y hasta con cierta frialdad de gobernante que sabe que se juega la autoridad si no pone límites a quien apuesta más fuerte que él y no tiene escrúpulos para la traición.
Los coches oficiales y el gasto corriente es el chocolate del loro, pero es un bocado suculento para el sensacionalismo en época de crisis. Ahora no será Soria quien venda -o use como arma arrojadiza- este primer capítulo de recortes del Gobierno, sino José Miguel Ruano, y creo que tampoco será Soria el que venda la reestructuración del Gobierno para ahorrar, sino Paulino Rivero, quien ha colocado en el seno del consejo de Gobierno el debate y la decisión sobre este asunto.

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A pesar del éxito, -leído desde estas claves porque los lastres y los peligros que genera el nacionalismo también deben ser revisados-, el proyecto sólo ha logrado una mínima parte de sus objetivos y está amenazado de muerte si no logra algún acuerdo entre las fuerzas mayoritarias. Su inmensa división interna, con un popurrí de siglas (NC, PNC, API, AHI, PPM, DMX La Laguna, CAN, UPF, AMF, Nacionalistas Gomeros, ATI, PIL PNL, etc.) es uno de los lastres que se suma, en este momento, a la debilidad del Archipiélago, sobre todo cuando los partidos de ámbito nacional muestran una endeblez insalvables para colocar el poder canario en Madrid.

Al nacionalismo le queda, desde la unidad, objetivos mínimos por cumplir. Algunos de ellos ya establecidos en distintos programas de las formaciones, como un nuevo Estatuto de Autonomía mucho más regionalista, el reconocimiento constitucional de la ultraperificidad, un mayor grado de competencias en distintas materias, especialmente las vinculadas al transporte, como costas, puertos y aeropuertos; el reconocimiento de las aguas archipielágicas o las relaciones externas con el entorno africano. Son estos acuerdos mínimos para un programa de unidad, como el que estableció el acuerdo electoral entre PNC y CC en el 2007, los que podrían servir para establecer la actuación conjunta.

Dentro de este contexto, los nacionalistas grancanarios deben ser conscientes del desequilibro interno en Coalición Canaria, como otro lastre que debe pesar en las decisiones que adopten en el futuro. Aunque parezca que no, la tentación, -siempre viva y constante-, de hegemonía tinerfeña sigue operando silenciosamente y sólo podrá equilibrar la situación la presencia de los nacionalistas grancanarios.


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Ahora que se impone el consenso como marca de futuro, los nacionalistas canarios también deben sentirse llamados a una seria reflexión sobre su propia unidad. La crisis del nacionalismo no tiene nada que ver con la crisis económica, pero la falta de respuestas imaginativas de éstos a los canarios y la falta de unidad interna pasará factura política a los que se empeñan en mantener las divergencias.
El nacionalismo canario debe reconocer el fracaso de su proceso de unidad política, pero una evaluación objetiva de su papel en Canarias, tendría que valorar el triunfo de una buena parte de sus postulados en la sociedad. El punto de partida ideológico, el núcleo de su pensamiento, estaba también preconstituido en las especiales relaciones que siempre ha mantenido con el Estado; en esta última etapa, concretado, en el REF en 1991 y sus sucesivas reformas, así como en los hechos diferenciales de la lejanía y la insularidad, además de un amplio sentimiento de canariedad.
En ese éxito ha jugado un papel importante la búsqueda permanente que ha mantenido Canarias para identificarse y organizarse en el marco geográfico, social y administrativo en el que nos ha tocado vivir. En este último siglo, debatiéndonos entre el provincianismo, el insularismo y la regionalidad, hemos logrado un Estatuto que a los nacionalistas les ha servido para consolidar sus premisas. Herramientas que van quedando obsoletas y que requieren ser de nuevo revisadas sí, finalmente, se impone la sensatez y algunos personalismos dan un paso atrás, permitiendo otras vías para la revisión de las bases de la convivencia de los canarios en claves de futuro.
Los nacionalistas, desde el poder, especialmente a través de CC, han sido protagonistas indiscutibles de esta última etapa de consolidación democrática en las Islas. Su presencia en la sociedad canaria es de mayor calado de lo que pensamos. Han logrado aumentar los niveles de conciencia de la cultura canaria, creando un universo propio en el que diversas corrientes de pensamiento confluyen en la idea de una Canarias europea, distinta y distante, diferenciada, de autogobierno, con capacidad para hablar de tú a tú con el Estado y con Europa.
En el ámbito económico han logrado sustraer de la dinámica del mercado a algunos sectores en las Islas para, desde un marcado intervencionismo, crear redes empresariales que dominen el tejido productivo canario. Más del cincuenta por ciento del negocio turístico está ya en manos de canarios y los nuevos espacios que surgen de la diversificación están orientados, desde la administración, para que sean empresas canarias las que los dirijan.
La bonanza económica permitió que el juego de poder desviase mucho dinero para que los objetivos básicos del programa nacionalista se concretasen a pesar de que la organización de desmoronaba contagiada por el 'lobysmo', el caciquismo y el personalismo. El nacionalismo ha logrado controlar el diálogo con el Estado a través de un menguado grupo de parlamentarios; ha monopolizado gran parte de las relaciones con la Unión Europa; ha establecido una amplia red de conexiones exteriores al margen del propio Estado; ha creado canales propios de consolidación regional, como una red de transporte que permite la movilidad, la Radio y la Televisión Autonómica y la idea de seguridad propia se ha concretado en un cuerpo policial.
La relevancia política de Canarias en el Estado, ha venido de la mano de canarios con influencias en Madrid, de los problemas de seguridad geoestratégica con el entorno, y, en esta última etapa, de la presencia de una fuerza nacionalista en el Parlamento. Canarias se benefició de la bonanza económica con Aznar, porque fueron necesarios los votos de CC en la primera legislatura, como ahora lo son para Zapatero.
Una vez consolidados algunos elementos sociales y políticos que distinguen a los canarios y comprobada la eficacia sobre la influencia para la gobernabilidad del Estado, a los nacionalistas no les queda otro remedio que avanzar en la posibilidad política de recuperar su propia unidad. El consenso para abordar los problemas que padece Canarias necesita también de la confluencia de ellos si quieren hacer valer el peso real que tienen ante la lejanía.

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La mayor virtud de los socialistas es la de enredarse en sí mismos. Tienen problemas para salvar el honor en las próximas elecciones y andan en los prolegómenos de una crisis en toda regla por el relevo de Zapatero, único asunto del que el presidente no se preocupa, quizás porque ya ha tomado la decisión de quedarse y seguir metiendo la pata.
Los procesos de primarias abiertos, especialmente en Madrid y en Valencia, son, en sí mismos, un cuestionamiento de la autoridad de Zapatero, al que un amplio sector del PSOE da por muerto y lo quieren obligar a que tome la única decisión trascendental que le queda por tomar en esta última legislatura. A Zapatero sólo le queda iniciar el proceso de sucesión para la secretaria general y la presidencia del Gobierno tras el estrepitoso fracaso de su política ante la crisis económica, la inviabilidad de su programa social y el agotamiento de sus convicciones ideológicas.
Los focos de oposición dentro de su partido crecen como champiñones y lo que hasta ayer era un debate prohibido es hoy una disputa abierta disfrazada con florituras socialdemócratas. Antonio Asunción, un socialista de los de recorrido en la vieja guardia, ha sido el primero en poner nombre al asunto y colocar el debate en su sitio al pedir primarias para el candidato a la Moncloa. Antes fue Tomás Gómez, un hombre elegido por el propio Zapatero, el que se atrevió a poner límites a la autoridad del presidente para nombrar candidato en Madrid; pero mucho antes ya opinaba, en privado, que el presidente era un «cadáver político». Y esa es la otra clave del asunto, porque muchos socialistas detectan el olor a muerto que desprende Zapatero y están dispuestos a salvar la herencia, mientras que el presidente prefiere convertirse en un zombi.

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Soria hizo ayer una abrumadora exhibición, muy a la americana, del uso de la alta tecnología de la comunicación en política. A un blog personal, a su página web y a sus cuentas en todas las redes sociales, añade ahora un 'reality' de ejecutivo político. Da la impresión de que le cundió la lectura de algún manual de autoayuda estilo 'made in usa', tipo 'Cómo contar historias', o 'Como convercer a la gente contando historias', por ejemplo...

Ayer compareció con un micrófono de telepredicador, (con cartuchera a lo Cantizano incluida). Nos abrumó con la gestión de información a través de un lujoso iPhad, el último grito de la muy exclusiva Apple Inc. Añadió grandes pantallas de televisión de fondo de escenario, como en los telediarios o en los grandes concursos televisivos.

Los abalorios tecnológicos de última generación sirvieron de complemento a una puesta en escena muy televisiva, con vestimenta 'sport', como corresponde a la prolongación de las vacaciones que injustificadamente hacemos los canarios hasta después de las fiestas del Pino. Unas gafas muy 'chic', de eterno opositor, daban un toque de desenfado a un interesado político con aspiraciones de intelectual.

Soria ha ensayado mucho distintas fórmulas para escenificar su presencia pública. De sus estilos y marcas se podría hacer una tesis, pero en esta ocasión se pasó. Abrumó con tanta tecnología punta y con un desenfado inapropiado. Para decirnos a todos que seremos más pobres el próximo año no hace falta montarse en escenarios de lujo.

Su rueda de prensa contrastó vivamente con la de Paulino Rivero el día anterior en traje de faena y con un repertorio de preocupaciones sociales, económicas y políticas. Contrastó ayer con la del consejero de Empleo, Jorge Rodríguez, en la sala de actos de su consejería ante una triste mesa y un 'display' barato con el logotipo del Gobierno.


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Espero que cunda la cordura y que la 'Flotilla de la Independencia' que se prepara para zarpar desde Canarias hacia El Aaiún se quede en los preparativos. El Observatorio de Derechos Humanos para los Territorios Ocupados del Sáhara, con apoyo de algunas organizaciones e instituciones canarias, busca una acción política de amplia repercusión internacional, pero de paso coloca a las Islas en una situación muy delicada. Volver a ser el centro de una polémica internacional muy parecida a la desatada el pasado 30 de Mayo en Israel, con un saldo de 9 muertos, y en el centro de operaciones de la resistencia política saharaui, como ocurrió con el 'caso Aidar' en Lanzarote, perjudica gravemente los intereses de los canarios.

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