Después de lo pregonado por los propios políticos en Canarias sobre el consenso ante la crisis económica, no puede acabar la legislatura sin un mínimo acuerdo sobre algunas cuestiones básicas para sobrevivir a estos tiempos y salir fortalecidos. Los ciudadanos merecemos una respuesta de nuestros políticos después de tantas promesas y tanto desaliento.
Los más de trescientos mil parados y la caída de todos los indicadores, que nos sitúan entre las comunidades que peor llevamos la crisis económica, son suficientes razones para justificar una mesa de diálogo sobre algunas cuestiones básicas.
No soy un experto en 'marketing' político, pero, por lo que observo en los distintos círculos en los que me muevo,creo que un sólo gesto de unidad serviría para que los canarios recuperásemos la confianza. Si recurro a los datos objetivos, la conclusión es la misma. Las distintas encuestas del CIS indican que, después de que estalló la crisis, la credibilidad de las instituciones políticas ha caído en picado. Algunas de las razones hay que buscarlas en la escasa capacidad para resolver los problemas concretos de los ciudadanos, en la corrupción -destapada en los últimos años- y en la imagen de gresca permanente ante la opinión pública.
En la compleja situación de Canarias, aún en el mejor momento económico, la crisis sobraría como argumento para el diálogo y el consenso. Sin crisis, esa mesa está también justificada, si pensamos en lo que necesita Canarias para consolidar su futuro a medio y largo plazo. Hace 30 años que no se revisan a fondo algunas líneas estructurales que constituyen la base de convivencia de los canarios y el desarrollo económico de la región. La prosperidad y algunos de los avances conseguidos son fruto, casi exclusivamente, de la negociación política en coyunturas concretas; de intereses momentáneos de los sucesivos pactos o del papel que ha jugado Coalición Canaria en Madrid frente a la debilidad de los partidos nacionales.
Creo que existen condiciones en este escenario político para que el diálogo y el consenso sean posibles. Existe predisposición de los líderes, sobre todo de Paulino Rivero, quien con mayor entusiasmo ha enarbolado la bandera del consenso político a nivel nacional. En su más íntima convicción cree que el diálogo es necesario para Canarias y para el propio nacionalismo, llamado a abanderar algunas de las propuestas vetadas a los partidos nacionales. Es el político que en mejor posición está para arriesgarse abandonando la política tradicional y abanderando gestos de consenso.
Sobre la disponibilidad de José Miguel Pérez nadie puede dudar a estas alturas. Entró en la política regional de la mano de un sector importante de su partido que creía que la oposición diseñada por López Aguilar era inadecuada para los tiempos de crisis. Ha sido José Miguel Pérez el primero en proponer al Gobierno un acuerdo sobre la renovación de los órganos del Parlamento y ha sido el primero en pedir un pacto para la reforma del REF, renunciando, incluso, al protagonismo público en este asunto.
Paulino Rivero y los socialistas, en sus propuestas, han dibujado una hoja de ruta que debe tomarse en serio. Un pacto en materia económica, por la Educación, por la sanidad, o la misma reforma del REF pueden ser los argumentos básicos que recompongan el consenso.
Es al PP al que no le interesa un pacto en este momento. Su estrategia política busca deteriorar la imagen de los socialistas en el poder. Cualquier mesa ha sido rechazada hasta ahora a pesar de las buenas palabras y las llamadas al diálogo. La cuestión es aguantar el estado de crispación y desánimo sabiendo que, en estas circunstancias, Zapatero es un cadáver y el poder está al alcance de la mano.
Por duro que parezca, ésta no es la mejor salida para Canarias, al menos con el PP de José Manuel Soria, al que anima el absolutismo político, la reducción de los nacionalistas a colaboradores de segundo orden y la aniquilación completa de los socialistas canarios. Ante esta posibilidad creo que merece la pena explorar el consenso, y en todo caso que se excluya quien crea que puede ir en solitario.

Quizás sea hoy la primera vez que siento que ha dejado su línea asentada en la objetividad, en una razonable imparcialidad. Con lo que Ud sabe que insinue el descubrimiento de la corrupción como un problema. No digo que no haya corrupción y que eso sea común a todas las formaciones políticas que mandan, pero no sea UD quien diga precisamente que en Canarias en los últimos años se ha descubierto una corrupción alarmante. Otra cosa es que Carlos Sosa haya sido capaz de desarrollar una campaña mediática sin precedentes contra sus enemigos de siempre y que los demás medios se hayan echo eco. Pero Sr Mederos, Ud que se caracteriza por su objetividad: ¿cuántos condenados hay siquiera en primera instancia? Y llevamos más de cinco años con la mandanga. No le parece que es una enorme decepción frente a lo que emponzoñadores de la vida pública anunciaban? Y encima dice que la principal víctima de aquel asesinato frustrado es un absolutista. Hombre, el sectarismo, el totalitarismo y sus cobardes cómplices, en diversas formaciones políticas están en otro sitio. Un fuerte saludo, y espero que después del verano vuelva a sus fueros.