Si Paulino Rivero logra en los próximos meses la reforma del REF de Canarias se apuntará un tanto importante. El presidente puede presumir de muchos 'hitos', algunos incomprensibles como mantener a consejeros que no han dado la talla, pero no puede alardear de lograr 'tocar' elementos fundamentales y estructurales. A pesar de sentarse en muchas mesas no logró sacar adelante el nuevo Estatuto de Autonomía, ni ha logrado un acuerdo para renovar los órganos dependientes del Parlamento de Canarias. Es verdad que la coyuntura económica y política no han sido favorable para Rivero y que las ataduras que sostiene con José Manuel Soria le dejan escaso margen para evitar los desaguisados, pero una vez perdido el pudor para corregir los desajustes de sus socios sin ponerse colorado, es mejor que se ponga las pilas, pacte lo que tenga que pactar con los socialistas canarios y en Madrid y nos de una alegría de legislatura.
Va bien encaminado el presidente asumiendo personalmente un tema tan espinoso como este, en el que poco, -o nada-, puede hacer su vicepresidente, a pesar de que con excesiva reserva, viene trabajando el asunto desde hace meses en el subsuelo del Ministerio de Economía y Hacienda. Pero la voluntad política no se trabaja en los despachos de los subsecretarios, sino en Férraz y en Moncloa y allí sólo tiene acceso Paulino Rivero y José Miguel Pérez.
Es un momento propicio para este acuerdo por las duras circunstancias económicas y por la necesidad política de Zapatero y bien planteado, un nuevo REF puede ayudar a la diversificación de la economía, a la mejora del negocio turístico, y la apuesta por el comercio con África y al desarrollo de las nuevas tecnologías.
Archivos Agosto 2010
Después de lo pregonado por los propios políticos en Canarias sobre el consenso ante la crisis económica, no puede acabar la legislatura sin un mínimo acuerdo sobre algunas cuestiones básicas para sobrevivir a estos tiempos y salir fortalecidos. Los ciudadanos merecemos una respuesta de nuestros políticos después de tantas promesas y tanto desaliento.
Los más de trescientos mil parados y la caída de todos los indicadores, que nos sitúan entre las comunidades que peor llevamos la crisis económica, son suficientes razones para justificar una mesa de diálogo sobre algunas cuestiones básicas.
No soy un experto en 'marketing' político, pero, por lo que observo en los distintos círculos en los que me muevo,creo que un sólo gesto de unidad serviría para que los canarios recuperásemos la confianza. Si recurro a los datos objetivos, la conclusión es la misma. Las distintas encuestas del CIS indican que, después de que estalló la crisis, la credibilidad de las instituciones políticas ha caído en picado. Algunas de las razones hay que buscarlas en la escasa capacidad para resolver los problemas concretos de los ciudadanos, en la corrupción -destapada en los últimos años- y en la imagen de gresca permanente ante la opinión pública.
En la compleja situación de Canarias, aún en el mejor momento económico, la crisis sobraría como argumento para el diálogo y el consenso. Sin crisis, esa mesa está también justificada, si pensamos en lo que necesita Canarias para consolidar su futuro a medio y largo plazo. Hace 30 años que no se revisan a fondo algunas líneas estructurales que constituyen la base de convivencia de los canarios y el desarrollo económico de la región. La prosperidad y algunos de los avances conseguidos son fruto, casi exclusivamente, de la negociación política en coyunturas concretas; de intereses momentáneos de los sucesivos pactos o del papel que ha jugado Coalición Canaria en Madrid frente a la debilidad de los partidos nacionales.
Creo que existen condiciones en este escenario político para que el diálogo y el consenso sean posibles. Existe predisposición de los líderes, sobre todo de Paulino Rivero, quien con mayor entusiasmo ha enarbolado la bandera del consenso político a nivel nacional. En su más íntima convicción cree que el diálogo es necesario para Canarias y para el propio nacionalismo, llamado a abanderar algunas de las propuestas vetadas a los partidos nacionales. Es el político que en mejor posición está para arriesgarse abandonando la política tradicional y abanderando gestos de consenso.
Sobre la disponibilidad de José Miguel Pérez nadie puede dudar a estas alturas. Entró en la política regional de la mano de un sector importante de su partido que creía que la oposición diseñada por López Aguilar era inadecuada para los tiempos de crisis. Ha sido José Miguel Pérez el primero en proponer al Gobierno un acuerdo sobre la renovación de los órganos del Parlamento y ha sido el primero en pedir un pacto para la reforma del REF, renunciando, incluso, al protagonismo público en este asunto.
Paulino Rivero y los socialistas, en sus propuestas, han dibujado una hoja de ruta que debe tomarse en serio. Un pacto en materia económica, por la Educación, por la sanidad, o la misma reforma del REF pueden ser los argumentos básicos que recompongan el consenso.
Es al PP al que no le interesa un pacto en este momento. Su estrategia política busca deteriorar la imagen de los socialistas en el poder. Cualquier mesa ha sido rechazada hasta ahora a pesar de las buenas palabras y las llamadas al diálogo. La cuestión es aguantar el estado de crispación y desánimo sabiendo que, en estas circunstancias, Zapatero es un cadáver y el poder está al alcance de la mano.
Por duro que parezca, ésta no es la mejor salida para Canarias, al menos con el PP de José Manuel Soria, al que anima el absolutismo político, la reducción de los nacionalistas a colaboradores de segundo orden y la aniquilación completa de los socialistas canarios. Ante esta posibilidad creo que merece la pena explorar el consenso, y en todo caso que se excluya quien crea que puede ir en solitario.
Los 10 Estados que ocupan los primeros puestos del Índice de Estados fallidos este año -las naciones más vulnerables del mundo- son un grupo tristemente familiar. Somalia, un país destruido, ocupa el primer lugar desde hace tres años, y ninguno de los 10 primeros ha dado muestras de mejorar mucho, o nada, desde que Foreign Policy y el Fondo por la Paz empezaron a publicar la lista en 2005. En conjunto, los 10 primeros puestos los han ocupado en rotación 15 desgraciados países en los seis años del Índice, siete de ellos cerca de Canarias. Da la impresión de que la quiebra del Estado es una enfermedad crónica,según la prestigiosa revista.
Esta es una parte de la reflexión que incluyo en una recopilación de artículos publicados en mi columna de Canarias7, La Arista, durante los últimos cinco años y que la Fundación Néstor Álamo me ha invitado a publicar en un libro que presentaremos el próximo jueves en la Casa de la Cultura de Guía:
La realidad política canaria se asemeja a los dibujos chinos de Armando Gil, un joven pintor canario que experimenta con esta técnica oriental y consigue obras de gran impacto por su complejidad, como la que ilustra este libro. Este galimatías, éste laberinto de escenas que conforman el pensamiento, aparentemente desordenado, y que nace en la servilleta de un bar cuando tomamos un café o en la esquina de un folio cuando hablamos por teléfono, tiene mucha semejanza con la política canaria. Es incomprensible a simple vista. Hay que sumergirse en ellos para descubrir cada uno de sus retorcidos detalles, recorrer despacio sus escenas sucesivas y descubrir su orden interno. Interpretar esos dibujos requiere un esfuerzo, un acercamiento objetivo y parcial. Sólo la mirada distante te da la dimensión real de lo que estás observando, mientras que la belleza y la miseria hay que buscarlas en los detalles.
En mi quehacer como periodista sólo trato de escudriñar esos trazos, desentrañar su verdad, su belleza y sus miserias. Trato de describir su significado, unir sus dispersos elementos para dar a mis lectores herramientas para su interpretación.
Lo hago desde la libertad y la independencia. Establezco conclusiones editoriales, me alineo a posiciones que se identifican políticamente sin complejos; unas veces de un lado y otras de otro. Me mueve la responsabilidad con el marco de convivencia consensuado en el que convivimos, que creo es de libertad. Busco siempre aliarme con el progreso necesario para construir, entre todos, una Canarias sólida y una sociedad justa.
Escribo sin pretensiones literarias serias, entre otras cosas porque reconozco en mi forma de expresión escrita la pretendida objetividad y sobriedad que heredé de mi formación cristiano- marxista. Pero lo hago honestamente porque creo que puedo aportar alguna luz a la reflexión sobre una compleja red de intereses políticos, económicos e ideológicos que, legítimamente, constituyen la estructura política y social de Canarias.
Un último apunte que puede parecer improcedente y a justificación no solicitada. No se dejen llevar por las apariencias. Alguno de los periodistas que ustedes admiran por sus ideas, expresadas y defendidas con pasión y siempre desde la misma arista de la realidad, cobran mucho más que yo por elaborarlas y sostenerlas. Busquen las razones, los argumentos, las claves que ayudan a interpretar lo que pasa alrededor nuestro y duden de quien más ardor muestra con su pluma siempre desde el mismo lado del barranco.
