He tenido unos días entretenidos y tensos con la orla de mi hija mayor, que sigue siendo menor de edad, y que acaba cuarto de la ESO. Hace unos día me presentó una 'hojita' de un local de copas de Las Palmas de Gran Canaria para que la firmara y la autorizara a ir a la fiesta de su orla. El documento no ponía dirección, ni teléfono. Advertía de en la fiesta a la que iba mi hija había barra libre y me responsabilizaba de todo lo que le ocurriese, dejando al margen al local y al colegio, al que citan expresamente.
Joder... barra libre... Saltaron todas mis alarmas. Como primera medida retrace la firma. Me preguntaba ¿cómo es posible que locales muy conocidos de Las Palmas se arriesguen a servir alcohol a menores de edad? ¿Cómo el colegio entra en este asunto? ¿Para qué sirve una autorización a mi hija para que beba alcohol si la Ley prohíbe expresamente la venta? No lograba encajar el asunto.
Comencé a hacer preguntas y comenzaron los problemas de entendimiento propios de la edad: "No te metas". "Eso es así, lo han hecho todos los colegios"; "todos los padres firman menos ustedes"; "ya estoy harta de que intervengas en mi vida". Comenzó la lucha de identidad e independencia, que en este caso consiste para ella en conseguir salir tarde, como los vampiros, a partir de las doce, que la recoja yo de madrugada y tener la libertad de beber alguna copa, si se tercia
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Tenía razón, incomprensiblemente, algunos colegios de Las Palmas han colaborado en hacer fiestas de este tipo. Otros, aunque aparecen en el documento eximidos de la responsabilidad, no intervienen en la organización del evento, pero con su nombre dan apariencia de que la fiesta es 'oficial'. Los padres firman pensando que es algo controlado y que forma parte de los rituales propios del centro.
Los locales, algunos muy conocidos, ofrecen sus espacios con barra libre hasta altas horas de la madrugadas para menores, encubriéndolo con la firma de una autorización, cuyo valor creo que es nulo. Los locales más serios cierran sus puertas para que no entren adultos y ponen seguridad privada, pero sirven alcohol. Otros son locales sin ningún tipo de autorización administrativa cuyos dueños o representantes tratan directamente con los menores o con intermediarios.
Si eres padre o madre de un adolescente que busca su identidad y acaba algún ciclo formativo debes saber que esto está funcionando así. Y en privado te contaré como convencí a mi hija y a sus amigos para que montaran una fiestita menos comprometida y más organizada por ellos. Hoy están como locos comprando papas y refrescos, y seguro que colarán alguna botella de ron, pero eso también, creo, forma parte de la rebeldía propia de la edad.

Me ha gustado mucho el artículo y más me ha gustado la postura de este padre que se ha situado entre la demanda de su hija y la no permisividad "camuflada" hacia el consumo de alcohol, consumo de un determinado tipo de fiestas... Requiere mucho diálogo y persuación dialogar con una hija adolescente y ofrecer una alternativa más saludable y no menos divertida que la primera y requiere también valentía cuestionar el papel que los colegios tienen en alentar este tipo de eventos como final de una etapa de estudios.