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El camino de ZP

Se ha tardado seis años y ha costado miles de millones de euros forjar un líder que, en un momento de la historia de España, cuando estallaron las bombas en Atocha, estaba en proceso de aprendizaje. Los líderes deben forjarse desde abajo y en la oposición, nunca experimentando con el poder como ha hecho Zapatero. Quizá, si la crisis no hubiese estallado como lo ha hecho, el presidente del Gobierno hubiese pasado inadvertido para la historia; o quizá fuese un líder-defensor de los derechos sociales de sectores minoritarios. Podría haber paseado con algunos premios internacionales bajo el brazo, constituir su empresa de relaciones y dar conferencias a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero los líderes se sabe que lo son cuando se enfrentan a las dificultades y las resuelven. Ese test no lo ha pasado Zapatero. Ha tenido que aprender a la fuerza , y además poniendo todas su resistencia para cambiar de criterio, para tener cintura y defender los intereses generales en cada momento de esta reciente historia de crisis.
Zapatero ha resistido en el poder porque la democracia española está muy consolidada; pero España no se puede permitir otra vez, una situación como la que hemos vivido. En la sucesión a su liderazgo está la única razón que le queda a Zapatero para seguir al frente del Gobierno. Una vez hechas las tareas que debió emprender hace dos años debería irse y dejar que sea otro el que asuma enfrentarse al criterio de los electores. Sólo así alguien, en algún libro de historia o al pasar delante de su retrato de presidente, podrá decir de él que hizo lo que debía en un momento difícil para los españoles.
Como dicen algunos de sus correligionarios, «ha cogido el cuchillo y no tiene intención de soltarlo». Quiere demostrar que la confianza depositada en él no ha sido baldía, y que lo mismo que permitió el matrimonio gay podrá resolver la situación económica. Ha hecho lo que debía, pero se le nota que no está convencido. En la toma de decisiones se detecta la inmadurez de ese liderazgo. Sigue provocando desconfianza. La reforma laboral es un ejemplo claro de su indecisión. Camufla las medidas creando un estado de confusión; premia y castiga a unos y a otros en la misma proporción; gana tiempo introduciendo trámites innecesario y trata de conciliar, de forma arbitraria, los intereses de empresarios y trabajadores. Castiga a la patronal penalizando la contratación temporal. Castiga a los trabajadores abaratando el despido para el fomento del empleo, pero, como no termina de ceder ante el paternalismo obrero que le impulsa, termina haciendo que recaiga en el Estado el pago del ahorro del despido para que los trabajadores no lo sufran. Termina no convenciendo a nadie.
A pesar de todo, ahora comienza su verdadero liderazgo, si es capaz de ejercerlo. Si Zapatero quiere pasar a la historia como un hombre de Estado y que España olvide todos sus errores, debe continuar con las reformas iniciadas para afrontar el futuro dentro del marco de la Unión Europea y ante los retos de la globalización y la internacionalización extrema de la economía, y después dimitir dando paso a otro candidato.
Para crecer en credibilidad ante los ciudadanos, Zapatero, deberá cambiar su Gobierno de forma inmediata y tener gestos de austeridad. Sólo así pondría a su partido en la casilla de salida para perder o ganar las elecciones por la mínima, como en las peores épocas del 'felipismo'. Ese es el camino. Para ello deberá combinar la rapidez que exigen la UE y los mercados internacionales y ganar fiabilidad; y por otro lado tendría que intentar el máximo consenso con los partidos políticos en el Congreso español. La geometría variable ya no sirve. Debe mandar todos y cada uno de los papeles de las reformas que tiene que emprender a Rajoy y comprometerlo con las soluciones. El PP no puede seguir siendo espectador impasible y las reformas que necesita el Estado no pueden seguir en manos de los partidos minoritarios con los que pacta el PSOE. Debe sentar en una misma mesa al PP y a los partidos del arco parlamentario, al menos a los más afines a las reformas, como CiU, el PNV o CC. Para Rajoy, colaborar en algunas cuestiones, como la abstención anunciada el próximo martes para aprobar la reforma laboral, es también vital, porque, aunque no de fondo, éstas también son sus propuestas y tiene necesidad de presentarse como alternativa.
Las elecciones catalanas son una clave importante, pero no la única. Si Zapatero busca otros consensos para ésta y otras reformas que queden pendientes podrá matizar el poder de CiU. Echarse exclusivamente en sus manos para salvar su Gobierno y el catalán sigue siendo una salida de esa geometría variable que tanto ha hipotecado al Estado.

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