Dije, este fin de semana, a un grupo de gente comprometida con diversas realidades políticas y sociales en Lanzarote que me pidieron que les ayudase a reflexionar sobre la evolución del poder político en Canarias desde su constitución como comunidad Autónoma, que vivimos es una democracia y que estoy orgulloso de lo que hemos logrado los canarios. El poder en Canarias sigue los patrones de las democracias representativas. Estamos ante una sociedad cuyos núcleos de intereses y poderes pelean en un marco legal para obtener posiciones de dominio a través de las instituciones de representación. Hemos logrado vivir en democracia. La única peculiaridad canaria, si lo podemos llamar así, es su articulación territorial. En la distribución del poder, las islas, entendidas cada una individualmente, han adquirido un papel relevante. La región se articula desde las islas, constituidas ahora en auténticos fortines. La gran representación que se otorga a la isla en la triple paridad de representación parlamentaria, ha articulado un poder político en el que domina lo insular. Ha triunfado plenamente el insularismo.
Igual que creo que con este modelo hemos dado un paso de gigante en nuestro desarrollo económico, social y político, creo, también, que el modelo está agotado. Ha impedido una articulación fuerte de Canarias como una auténtica región y de un liderazgo político de todos los canarios. Incluso, en lo económico, cada isla va a lo suyo. Sólo hay que echar una mirada a nuestros productos turísticos en el exterior. Tenerife compite con Lanzarote, sin que su actividad tenga otro reflejo regional que el estadístico. Ningún gobierno ha sido capaz de poner coto a esta desobediencia generalizada de las islas, entre otras cosas porque no tiene la autoridad suficiente para hacerlo, porque está mediatizado por el mal del reparto que impone la fragmentación política en la que ha derivado la región.
Las instituciones del Gobierno se ponen al servicio de las cuotas de poder de las siglas políticas, que en este caso coinciden con las de las islas. Así vemos cómo grandes inversiones y proyectos, vengan de donde vengan, se convierten en una puja de poder para desviarlo hacia intereses concretos en esas islas. Detrás de las complejas macrocifras de los presupuestos de la comunidad, siempre se esconde un desequilibrio económico importante.
Los partidos no han escapado del triunfo del insularismo. Gestionan su poder en torno a las organizaciones y barones isleños . Existen partidos, como el PP y el PSOE, que priman la pertenencia a una isla que a la región o a la nación. El chicharrerismo es propio de los tinerfeños, sean del partido que sean. Soria tiene tantos problemas con Cristina Tavío en su fortín chicharrero como Paulino Rivero con el de los herreños, o el propio López Aguilar con Casimiro Curbelo en La Gomera. Éstas son sólo pinceladas de los efectos perversos del modelo insularista que hemos consagrado y que debemos superar.
Creo que es necesario un gran pacto político y social que retome a Canarias en toda su dimensión. Un pacto que tenga como excusa, por ejemplo, la reforma del Estatuto de Autonomía que incluya la reforma electoral, con un principio de representación más equitativo, justo y proporcionado, que permita la vertebración de Canarias y la de liderazgos fuertes. La excusa de un pacto puede ser la crisis económica para abordar, en su conjunto, una nueva estructura en la que se asegure el peso y continuidad del turismo como fuente principal de ingresos y se apoye el crecimiento industrial, especialmente el tecnológico, y recuperar el sector agrícola.
Lo que no tengo claro es que los partidos políticos estén en disposición de acometer esta tarea. No veo con fortaleza suficiente a los agentes sociales para ello, ni a la patronal ni a los sindicatos y tampoco está suficientemente articulada la sociedad civil.
Archivos Enero 2010
La presidencia de la Unión Europea se ha convertido para Zapatero en un calvario. La visión que de él trasladan los principales líderes políticos europeos y la prensa internacional es de inconsistente, iluminado y derrochador del gasto público. Ayer a Zapatero se le junto el cielo con la tierra. Los datos del paro, un aumento del 18, 18% eran abrumadores, a lo que hay que unir que la banca española, hasta ahora a salvo de las críticas internacionales, descubrieron sus miserias, traducidas en pérdidas cuantiosas y en una bolsa de «morosidad subjetiva» -como llamó Francisco González a la posible morosidad de las promotoras- que supera los 320.000 millones. España está a la cola de los países que remontarán de la crisis y esta es la crítica menos perversa. Esta semana, en Davos, Nouriel Roubini, economista asesor de la Casa Blanca, consideró a España un peligro potencial para la Eurozona, muy por encima de Grecia, sobre la que se apunta la posibilidad de su salida del euro. En todos los foros internacionales se escucha que somos un país peligroso
¿Qué hace Zapatero ante tanta adversidad? Primero elaborar una teoría de la conspiración: los países más potentes en la UE conspiran contra la periferia, contra España. Segundo: sacar pecho con más propaganda y más debate, ahora con toques de liberalismo hasta ahora perverso, pero que cuadra en el conjunto de la opinión europea. De repente, ayer Zapatero se vuelve liberal, austero y reformista. Propone un plan de austeridad de la administración pública y la reforma del sistema de pensiones. Justo todo lo contrario a todo lo que ha dicho y hecho hasta ahora. ¿Es creíble? Creo que es tarde, pero para eso están las campañas de imagen, las que mejor maneja Zapatero.
No logro entender que algunos miembros de la Judicatura se rasguen las togas con la absolución del ex presidente de la Audiencia Provincial, José Antonio Martín y Martín, cuando el debate jurídico sobre la tipificación de la conducta del magistrado al orientar al abogado de Bornia ya era controvertida en la misma sala que lo condenó. El magistrado Javier Varona, nada sospechosos de ser un hombre de derechas, dijo en su voto particular que la conducta de Martín era reprobable, pero no delictiva. En la misma línea se manifestó otro hombre poco sospechoso en la izquierda, el ex fiscal general del Estado, Eligio Hernández, quien proclamó, en medio de una fiesta de incomprensión generalizada, la inocencia de Martín. Esa algarabía generalizada es, posiblemente, la clave de bóveda de muchos tropiezos, errores y desautorizaciones políticas y judiciales. Martín y Martín se vio envuelto en la paranoia de la sospecha que vivimos en esos meses. «Hasta el presidente de la Audiencia es un corrupto», gritaba enardecido el país. Políticos y periodistas analizamos sesudamente cómo el fenómeno alcanzaba el corazón de la Justicia. ¿Qué queda de esa etapa? Además de errores inducidos por ese estado febril, archivos, absoluciones y un rosarios de imputados en casos que no llegan a sumar la dimensión y la proporción que el asunto adquirió. Posiblemente esa algarabía propició el clima necesario para la condena de Martín y Martín, a pesar de las escasas y poco contundentes pruebas para acreditar jurídicamente la lamentable actuación de asesoramiento a un narcotraficante. Se requerían modelos ejemplarizantes para la nueva etapa y el presiente de la Audiencia Provincial era una pieza de caza mayor, como algún juez lo definió en la cacería de conejos en la que estaba.
Creo que José Miguel Pérez es una buena opción para dirigir el Partido Socialista Canario y debo reconocer que ayer, cuando se postuló públicamente, me alegró. Es un político con una amplia visión de lo que Canarias necesita como región en el mundo, en Europa, en el seno del Estado y dentro de las Islas. Es un hombre con planes a largo plazo. Planes que, además, -y es lo importante-, los entiende como conciliables con otras políticas y con otros políticos. Es un hombre discreto en lo personal y en lo político, enemigo de la grandilocuencia y la pomposidad. Me atrevo a decir de él, empeñando mi palabra, que es un hombre de los de fiar. Los hombres de fe, no se por qué, tienen un plus que no tienen los que en nada creen, y José Miguel es de credo, de palabra y de compromiso con sus ideales y con la gente.
Es parco en las expresiones, al menos las que requiere el marketing político. Dicen de él que le falta expresividad, emotividad política y garra para llegar al gran público y entusiasmar a las masas. De hecho, algunos de sus compañeros le llaman, de forma maliciosa, el muditio por su parquedad y por sus silencios. Yo creo que su prudencia y discreción son un valor en política. Al PSC le sobran mitineros y a Canarias políticos de manuales y pasarelas. Si de algo carece el socialismo canario es de responsabilidad, de prudencia y de sosiego para afrontar el futuro en común en medio de la crisis que nos asola.
Pérez anunció que mantendrá el programa político y la estrategia puesta en marcha por Juan Fernando López Aguilar. Ni en los programas, ni en la estrategia está la diferencia entre él y Aguilar, sino en cómo hacer política. Pérez cree firmemente en el diálogo, en su propio partido y fuera de él; y cree que todos tenemos algo que aportar a la sociedad, estemos donde estemos y pensemos como pensemos.
Triste espectáculo el que el hemos dado a cuenta del cierre de los presupuestos en todas las administraciones canarias. El primero en el Parlamento en diciembre y el último el jueves en el Cabildo Insular de Gran Canaria. El discurso político se ha instalado, merecidamente, en la crisis económica, pero, inmerecidamente, en la crispación permanente. Mientras los grandes discursos políticos se pergeñan en la teoría del consenso, la sensibilidad y la protección social, la práctica concreta es una lamentable guerra partidista sobre cifras, usadas como carros de combate contra los adversarios políticos frenando, aún más, a las administraciones.
El Partido Socialista hizo de los presupuestos de la comunidad autónoma su guerra particular con una enmienda a la totalidad y la consiguiente carajera política. Los socialistas no quisieron hablar con el Gobierno y consensuar, por el bien de todos los canarios, la distribución del escaso dinero que queda en las arcas públicas y que deben tener como único destino salvar los escollos de la crisis económica. El Gobierno tampoco puso empeño en hablar y ahora CC y el PP pasan la correspondiente factura en el Cabildo de Gran Canaria a cuenta del Plan de Cooperación municipal, usando la misma estrategia que tanto han criticado.
No ha sido este el momento de hacer política de guerra a cuenta de los presupuestos de las instituciones. Lo razonable, en términos económicos, es ajustarse el cinturón. Lo razonable y lo responsable, en términos políticos, es no hacer de la crisis una guerra política en la creencia de que los ciudadanos van a percibir mejor como defensor al que más alto grite en el debate. En la coyuntura en la que estamos, sólo los que aporten soluciones prácticas y ofrezcan consenso ganaran terreno ante la opinión pública.
El ministro de Fomento, José Blanco, dio a conocer hoy en el Congreso de los Diputados el nuevo modelo aeroportuario español que el Gobierno piensa poner en marcha a lo largo de esta legislatura. AENA seguirá siendo pública. Sólo se privatiza un 30% . La gran empresa se disgrega en varias empresas filiales y el Gobierno posibilita a la participación de otras administraciones en la gestión de los aeropuertos de más tráfico aéreo.
A priori, y a falta de un análisis más profundo de la propuesta de Blanco, da la impresión de que el Gobierno ha querido satisfacer a todos, especialmente a los nacionalistas, pero creo que el proyecto abre nuevos frentes y más intensos.
Los catalanes ya andan enfadados por los pasillos del Congreso. Ellos no quieren el 49% de las acciones de El Prat. Han pedido la gestión total de los aeropuertos catalanes y la fórmula anunciada por Blanco los convierte en convidados de piedra en un consejo de administración. Los canarios no ha reaccionado, pero la propuesta tampoco responde a la idea que ha expresado Paulino Rivero. No hay traspaso de competencias, ni un órgano coordinador de toda la actividad aérea en Canarias, justificado por el fraccionamiento del territorio.
Sólo existe la promesa de un comité aeroportuario de planificación y rutas y pequeñas empresas de gestión en cada aeropuerto en la que podrán participar los ayuntamientos, los cabildos, los ayuntamientos y las cámaras de comercio.
La contradicción es que la disputa política de los nacionalistas con el Gobierno está centrada en los aeropuertos rentables, que son sólo nueve, frente a los de servicio público, aquellos que son necesarios para no quedarnos aislados, que son 103 en toda España, seis de ellos en Canarias.
El año que se avecina tiene toda la apariencia de ser de trámite desde el punto de vista político y económico. No hay elecciones a la vista, pero hay que colocarse para las que se convocan en 2011. Este es un año para salvarse ante los electores con la crisis como motor que mueve todas las claves de la política. Habrá muchos frentes, algunos de dura travesía, pero, aparentemente ninguno podrá con la voluntad de Zapatero de apurar la legislatura y es lo propio y lo sensato, salvo que las cosas se pongan peor. Es un año para la propaganda y la recolocación de las piezas del puzzle político y económico.
Por lo pronto todos nos apuntamos a los brotes verdes para superar el miedo a la crisis y recolocar las sensaciones de los ciudadanos. Obama, Zapatero, Paulino Rivero y José Manuel Soria apuntan el inicio de la recuperación. Es verdad que una de las claves de la crisis económica es psicosocial. El contagio del miedo global ha sido uno de los factores que más ha influido en el hundimiento de la economía, aunque sus causas, la crisis crediticia y la crisis del ladrillo en España, sean objetivas. Lo cierto es que hasta las economías domésticas más sólidas, beneficiadas por las rebajas de la crisis, han echado el cerrojo al consumo, dando paso a la espiral de miedo.
Una de las claves de la esa recuperación es el consumo, pero para consumir es necesario tener empleo, o como mínimo capacidad de endeudamiento, y ninguna de las dos variantes se dan en este momento, al menos en España y en Canarias. Todo lo contrario, la previsión es que el paro siga en aumento y que los bancos no aflojen en sus exigencias. Ya no existe capacidad por parte del Estado de estimular la economía, el déficit provocado por el gasto de los ahorros en la crisis económica alcanza ya el 6% del PIB en España y aunque todo sube para paliar la carencia de ingresos, el dinero no llega para todo.
La clave, en términos de comunicación, ésta en el hecho de que aunque exista una recuperación económica, ésta será mínima y el ciudadano no la notará. Será muy difícil que Zapatero y su Gobierno recuperen prestigio y recobren la confianza. Objetivamente la crisis sigue siendo galopante y los signos de recuperación que se puedan dar serán insuficientes para que los españoles se convenzan de que Zapatero es el 'hombre de Estado' que ha salvado la situación. Cuatro millones de parados son muchos parados y aún quedan muchos ajustes en las empresas para evitar cerrar. Al Gobierno sólo le queda la propaganda. Cualquier dato positivo será explotado como signo de la buena marcha del país, al margen de poner en la calle debates éticos-morales e ideológicos en los que estaremos entretenidos durante meses. La presidencia de la UE y la visita de Obama a España da para muchas fotos, pero serán insuficientes para tapar los efectos del paro.
Estos primeros meses si son importantes en términos políticos para España, otra cosa es que los aprovechemos al máximo y que podamos estar en la escena internacional con dignidad. La política de Moratinos en el caso Haidar y El Sáhara, en Kosovo, en Afganistán, en el secuestro del 'Alakrana' o en el de los cooperantes catalanes, ha disminuido la capacidad diplomática de España. España ha salido muy debilitada en el frente mediterráneo con la crisis con Marruecos, dejando la sensación a Francia y a Estados Unidos de que provoca problemas, más que ayuda a resolverlos.
Para Canarias estos primeros meses también son importantes. A partir de Lisboa, todas las directivas europeas tienen que ser adaptadas a las peculiaridades de las regiones ultraperiféricas, lo que abre la puerta a una mayor intervención del Gobierno autónomo en la política europea para las Islas.
Por lo demás, Canarias seguirá arrastrando la crisis si no se ponen en marcha las medidas anunciadas para la recuperación turística y se amplían, o se suprimen, las tasas aeroportuarias, una medida ésta que ha logrado que las compañías aéreas se interesen por Canarias. La buena sintonía con Madrid y la paz social son las únicas vías para superar el trámite en las islas.
La crisis económica ha supuesto también un frenazo a la expansión de la globalización y de los proyectos a gran escala. Se ha apoderado de nosotros la incertidumbre y la duda sobre la viabilidad del futuro global, de las instituciones mundiales y de la gobernanza entre los estados. Las propuestas del G-20 ante la crisis han sido un fracaso, como lo fue la cumbre sobre el clima en Copenhague. Creo que la incertidumbre es más psicológica y que el aparente 'parón' es sólo un paréntesis.
La sociedad universal es un hecho imparable que comenzó con la Revolución Industrial y tiene su continuidad en el desarrollo de las tecnologías de la comunicación y la interacción de las redes. La crisis económica tiene mucho que ver con la capacidad de comunicación universal que posibilita el desarrollo de las nuevas tecnologías. Los estados tradicionales ya no sirven para regular la abundancia que sobrepasa sus fronteras territoriales. Las relaciones conómicas, culturales, científicas, mediáticas y hasta las terroristas, son universales.
Es inevitable el proceso global y que las sociedades pivoten, exclusivamente, entre lo muy local y lo universal, abriendo un mundo de posibilidades para los individuos y sus entornos más próximos. Quien sea capaz de arriesgarse ahora en ese nuevo mundo será quien tenga las riendas del futuro más inmediato. Quien hoy se esconda para que pase el temporal, podrá sobrevivir a la crisis, pero no al nuevo escenario global. Quién no sea capaz de montarse en este carro, será mucho más débil y residual. Dentro de unos años, estará fuera del mercado y, lo que es mucho más grave, fuera de la nueva cultura universal.
Esta reflexión, aparentemente caprichosa y extemporánea, no lo es. Algunas veces tengo la sensación, y hasta la angustia, de que Canarias vive de espaldas a este proceso de renacimiento global. Tengo la sensación, creo que certera, de que las instituciones canarias y nuestras empresas, están perdiendo este tren, posiblemente lastradas por las visiones cortoplacistas y subvencionadas, incapaces de la renovación institucional y generacional.
Hemos vivido siempre agarrados a las diferencias que conlleva la lejanía. Esa visión subvencionada sigue imperando en nuestros comportamientos sociales, productivos e institucionales. Esa visión nos aleja del nuevo paradigma que surge de la revolución de las tecnologías de la comunicación y que pone en nuestras manos un mundo lleno de oportunidades estemos donde estemos. Esas diferencias, la lejanía, la territorialidad limitada, la soledad en el Atlántico, hasta ahora esgrimidas desde el victimismo, pueden ser una oportunidad, más que un lastre, en este nuevo escenario.
Afortunadamente, junto a nuestra resistencia, a nuestros complejos históricos y a nuestras rémoras institucionales, convive otra generación que ya dialoga de tú a tú con ese nuevo mundo. Canarios que no son espectadores y usuarios, sino que interactúan activamente y aprovechan todas las posibilidades que el sistema universal de comunicación proporciona. Canarios que piensan en cómo colocar en ese mundo global los recursos locales. Una nueva generación, tecnológicamente preparada , abanderando una nueva forma de estar en el mundo, de pensar y hasta de sentir en lo universal. Una generación a la que hay que situar en el primer plano, a la que hay que mimar para que tomen las riendas de ese futuro, ya nada lejano.
El nuevo paradigma global impone nuevos actores en todos los escenarios, desde el cultural al político pasando por el empresarial. Se imponen nuevas reglas económicas, nuevos juegos para los negocios, nuevas formas de hacer política y una cultura que nada tiene que ver con la que consideramos tradicional. Se imponen nuevas instituciones y nuevas organizaciones adaptadas a este nuevo escenario y Canarias no puede estar al margen de este proceso.
