En esta misma columna pedimos perdón, el pasado domingo, a Diego Pastrana y a su familia por sumarnos a su condena pública, aclarando que lo hicimos desde los datos, absolutamente fiables, que teníamos en nuestro poder y convencidos de que los malos tratos a menores es un tema de interés público. Había dejado de flagelarme con este asunto y, después de ver al hermano de Diego en un programa del corazón el viernes y saber que el mismo Diego podría haber firmado un contrato, más me cuestiona este asunto, porque después de una sincera preocupación general, hemos vuelto al punto de partida: en la actualidad la inocencia es también carne para las pirañas.
Recapitulemos. Yo no me arrepiento de haber dado esa noticia; es más, no me arrepiento de impulsar la información y hasta los debates internos, por no haber reparado lo suficiente en el hecho informativo y maltratar el asunto en nuestras páginas el día que murió la menor.
No faltamos nunca a la verdad, a la verdad que imponen los protocolos de trabajo que establecemos para verificar la información que damos a nuestros lectores con todas las garantías. Teníamos una nota de prensa de la Guardia Civil, la confirmación médica del diagnóstico y otras informaciones, de fuentes gubernamentales,absolutamente fiables. ¿De qué tenemos que pedir perdón en este asunto? Sentimos remordimientos por haber sacrificado a una persona inocente. Falló el sistema y entre todos apuramos las consecuencias. Nosotros, los periodistas, posiblemente vivimos la angustia de una crisis de indentidad, de no saber exactamente qué es lo que debemos hacer ante una opinión pública que yo denomino la pecera de las pirañas, a la que hay que echar más carnaza, más sangre y más sexo cada día. Nuestro pecado como periodistas, como medio, es dejarnos seducir por quién así concibe la comunicación hoy en España y por quién, con ánimo totalitario y desde las instituciones, la practican.
¿Dónde quebró más estrepitosamente el sistema? Desde mi punto de vista en el momento en el que quiebra la presunción de inocencia, y no sólo en su vertiente jurídica, sino también en su uso democrático. La presunción de inocencia tiene mucho que ver con el cómo percibimos a los acusados, y es evidente que aquí todos sentenciamos y condenamos socialmente a Diego cuando la doctrina democrática propugna que se es inocente hasta que se demuestre la culpabilidad.
Hoy en España esta perversión democrática de la presunción de inocencia, es una opción política y social, una perversión pensada y consentida por todos. Imputar, una figura jurídica que refuerza la presunción de inocencia y las garantías de un denunciado o investigado, se ha convertido en un arma arrojadiza de condena social y política. Es tan potente la figura en la prensa que, siendo facultad de un juez, es la Guardia Civil, la Policía y el Gobierno los que imputan en sus notas de prensa. Este es sólo un ejemplo de muchas perversiones a las que ya es hora de poner nombre. Y es curioso que quienes más han abusado de esta opción para condenar a inocentes, especialmente a políticos, son hoy los que más se rasgan las vestiduras con la actuación de la prensa con Diego Pastrana.
En esta pecera de pirañas, hace tiempo que quebró, no sólo la presunción de inocencia, sino la decencia. La información espectáculo no es una opción de comunicación exclusiva de los programas rosas y realities. El Gobierno de Zapatero practica y abusa de esta política continuamente. La masa se percibe como a pirañas hambrientas a las que hay que dar cada día una ración de sangre. Es ese el último triunfo de la ingeniería del marketing gubernalmental en la última etapa. Ofrecer espectáculo a costa de la corrupción, a costa de los grandes sucesos que conmocionan a las masas, además de introducir debates sobre aspectos religiosos o morales que afectan a la conciencia. Cada vez que esto se ha hecho, ha quebrado la presunción de inocencia en su dimensión más democrática, menos formal o jurídica, aunque creo que ambas son indisociables. La condena en sentencia firme, debe suponer la condena social, y no al revés.
En el caso de Pastrana se quebró la presunción de inocencia cuando la Guardia Civil envió a los medios de comunicación una nota informativa en la que daba cuenta de forma escabrosa del suceso. Después de relatar los hechos, de forma lacónica y con tono de narración de suspense, acaba con una lapidaria conclusión: «La víctima es una niña de tres años». Un punto y seguido que pone los pelos de punta y que activa, irremediablemente, todos los mecanismos de defensa humana de los menores. El espectáculo ha comenzado.
« Haidar gana una batalla a Marruecos y España la pierde |Inicio| Ninguna guerra es justa »
La pecera de las pirañas
0 TrackBacks
Abajo están listados los blogs que hacen referencia a esta entrada: La pecera de las pirañas.
URL de TrackBack de esta entrada: http://www.canarias7.es/blogadmin/mt-tb.cgi/5175

Escribir un comentario