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Después de Haidar

A las 18.00 horas del jueves, la portada de CANARIAS7 llevaba un titular a cinco columnas que decía que el regreso de Haidar a su casa era inminente. Todos los datos apuntaban a que así sería, y optamos por una foto que se pudiese levantar si, finalmente, Aminatu viajaba esa noche a El Aaiún y obteníamos la deseada imagen saliendo del hospital, como así fue. Durante varias horas la portada del periódico estaba sostenida por ese titular y una foto del camión utilizado por los cooperantes españoles secuestrados hace ahora quince días en Mauritania por Al Qaida, que llegó al Puerto de la Luz procedente de ese país. La portada que nunca vio la luz provocaba una seria reflexión: África, que hasta ahora era una oportunidad para Canarias, se estaba convirtiendo en un problema.
Hace dos año la Cámara de Comercio Americana irrumpía en las islas con una idea: convertir Canarias en una plataforma de servicios hacia África. Era el espacio más europeo cercano al continente con mayores cotas de seguridad y calidad de vida para instalar empresas, empresarios y funcionarios que trabajarían desde aquí en el continente vecino. Estaban en juego más de sesenta mil millones de euros que la administración Bush pensaba invertir en distintas áreas de desarrollo en el continente vecino. Estaba detrás el interés por el petróleo del Golfo de Guinea y de la línea Canarias-Sáhara, más asequible que el obtenido en medio de un costoso conflicto bélico en Oriente. Políticos canarios hicieron comprender a la administración de Zapatero la necesidad de hacer de las Islas un espacio de seguridad frente al convulso continente africano, escenario de la pugna de intereses entre Europa, China y Estados Unidos, administrando estas potencias las guerras y miserias locales. Asentar en Canarias los diversos intereses en pugna de las potencias serviría para proteger a las Islas de cualquier conflicto. En esa línea se crea la Casa África y Cruz Roja Internacional optó por instalar en Gran Canaria su centro de distribución internacional hacia África, al mismo tiempo que se ponía en marcha una línea marítima con Tarfaya y varias líneas aéreas.
Desde el Gobierno de Canarias, desde las Cámara de Comercio y desde las confederaciones de empresarios se inicia una serie de acciones encaminadas llegar a África. Se refuerzan determinados servicios de información y otros de seguridad internacional al mismo tiempo que se avanza a gran velocidad en acuerdos con Marruecos para trazar la mediana y la explotación conjunta de los recursos naturales que pueden existir en el subsuelo submarino. El discursos político canario se impregna de un nuevo elemento en la percepción del futuro de Canarias: África. El Plan Canarias se articuló con este extremo como eje esencial de la diversificación de la economía. Nada debe cambiar en esa estrategia a pesar de que la crisis Haidar y el secuestro de los cooperantes catalanes ha puesto ante nuestros ojos la otra cara de la moneda, el peligro de ser frontera de una de las zonas más calientes del planeta y de que los acontecimientos se nos vuelvan en contra.
Por ello es muy preocupante que España no haya logrado resolver el caso Haidar con sus propios medios, en una relación bilateral de fuerza. A España le corresponde ser el vecino próximo de un país complicado, un país enfrentado a su propio drama y a los que le imponen la situación de Magreb. Madrid fue incapaz también de mover sus fichas en el tablero internacional, especialmente en la Unión Europea y en Estados Unidos, países que han intervenido en última instancia y dando a Marruecos la victoria política y a Haidar la victoria moral. La situación estratégica de España y especialmente de Canarias exige que el Gobierno de Zapatero sea contundente en la defensa de la seguridad con Marruecos y en las alianzas internacionales. Este episodio deja en muy mal lugar a España en el contexto internacional, su indefinición, su buenismo, su idealismo planetario, plantean serios problemas a la seguridad de Occidente, de la que Marruecos se ha convertido en guardián a precio.
El Gobierno de España y el gobierno Canario, al que nadie en Madrid ha consultado su posición y al que nadie comunicó la resolución del conflicto a pesar de su saber estar en el conflicto, deben continuar, con mayor ahínco, en sus planes de neutralidad de Canarias y de expansión hacia el vecino continente. Zapatero debe a Canarias ejecutar plenamente los planes de seguridad que se iniciaron con la crisis de las pateras, tanto desde el punto de vista de la defensa y la seguridad, como desde el diplomático y el económico. Sólo desde una posición de ventaja en Canarias en cuanto se convierta en plataforma de intereses múltiples a nivel internacional y desde una posición estratégica de fuerza en el contexto internacional, se puede garantizar que Canarias siga siendo en África una basa y una oportunidad.
Zapatero, en su agenda internacional para presidir la Unión Europea, debe colocar este asunto como prioritario. Ayer sonaba a demagogia el anuncio de Moratinos de dedicarse en cuerpo y alma a la causa palestina durante la presidencia de la Unión Europea, cuando acaba de salir de una crisis de la misma naturaleza en las puertas de su casa.

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