Me pregunto si ha cambiado Canarias, de forma significativa, en el
último año; si existen elementos que han influido en nuestro
comportamiento como sociedad. He encontrado tres hechos que, desde mi
humilde perspectiva, tienen un significado común: la devastadora
crisis económica, la salida de López Aguilar y los problemas de
conciencia en los casos 'Aitana' y 'Aminetu Haidar'.
La crisis económica ha cambiado las expectativas de todos. Ha sido un
frenazo en seco para los que, anonadados por el relumbrón económico de
los últimos 20 años, habíamos olvidado que las cosas podrían
cambiar... para ir peor. No habíamos despegado del todo cuando, de
nuevo, estamos los canarios preparándonos para ser más pobres y
dependientes.
La crisis económica ha arruinado muchos planes, especialmente los de
los que tenían confiado a su empleo un proyecto de vida. Nadie 'ES' si
no tiene la dignidad de poder realizar sus planes,( que, en ocasiones,
supone ganar el pan de cada día ), sus proyectos de vida; los propios
y los de su familia. Quiénes tenemos empleo no podemos imaginar el
sufrimiento de quienes lo pierden, y de lejos, muy de lejos,
adivinamos su frustración.
Después están los proyectos empresariales. Muchos han quedado en la
cuneta, aparcados hasta un mejor momento. La crisis acucia a todos,
expulsa a los más débiles, refuerza a los necesarios para sobrevivir
y abre oportunidades a los que tienen vocación de riesgo. Es aquí
dónde los canarios tenemos el mayor reto. La crisis posibilita
transformar nuestro sistema productivo y dar paso a una renovación
generacional. Creo que, en general, la clase política está convencida
de que Canarias necesita refozar y ampliar el sector turístico e
iniciar otras aventuras de diversificación. Ideas, proyectos y
expectativas existen. Sólo falta el impulso necesario y la adecuada
comprensión y protección de los poderes públicos para dar el salto.
De lo que no están convencidos los políticos y algunos empresarios es
de la necesidad de dar el relevo a las nuevas generaciones de
canarios. Hoy , los que inician su etapa productiva pertenecen a la
generación mejor preparada de la historia de Canarias. Debemos dejar
paso a los más jóvenes. Abrir camino a políticos que comienzan a
militar y a despuntar en sus organizaciones y al frente de
instituciones públicas. Deben empujar los empresarios y profesionales
que trabajan en distintos sectores después de haber recorrido el mundo
formándose y llenando las alforjas de ideas que quieren desarrollar en
sus islas. Hoy, instituciones políticas y empresariales siguen en
manos de las mismas personas que hace 20 años gestionaban nuestro
destino. Algunas de ellas han pasado por todas y quieren acabar con
las botas puestas.
Los partidos deben dejar paso a sus jóvenes, los padres a los hijos y
las instituciones dejar que corra el aíre. No logro entender que
organizaciones privadas, como la Confederación Canarias de
Empresarios, o públicas, como la Cámara de Comercio, por poner sólo
dos ejemplos claros, preparen los relevos en sus directivas y
busquen, otra vez, entre los mismos candidatos, entre las mismas caras
y las mismas economías. Sin renovación generacional será imposible
acometer un cambio del modelo productivo y seguiremos reproduciendo
los mismos esquemas de dependencia y pobreza.
Como segundo hecho, el año en Canarias deja atrás a Juan Fernando
López Aguilar. Dicen sus heridos seguidores que han triunfado los
poderes fácticos canarios, los mismos que mantienen atados los
negocios y a los partidos políticos. Creo que somos muchos los que
vimos en Aguilar la posibilidad del cambio que Canarias necesitaba,
pero también vislumbramos, muy pronto, en él a un hombre atormentado
por los fantasmas ideológicos, cargado de odios y revanchismo contra
sus adversarios. Aguilar dilapidó su momento político y el de un gran
partido, como lo es, el de los socialistas canarios. Ha triunfado la
cordura política. No se puede liderar un proyecto en el que no se
cree. No se puede cambiar la realidad con una libreta llena de
esloganes, de ideas y proyectos sociales ya desechados. No se puede
hacer política desde la liquidación del adversario, como se pretendió
hacer desde la Policía, desde la Fiscalía y desde los tribunales de
Justicia. No fueron los poderes fácticos los que cerraron la etapa
Aguilar; fue el sistema el que funcionó y terminó por expulsar a
quien pretendió utilizarlo de forma poco democrática. Creo que
Canarias ha ganado al consolidar su propio tejido democrático, aunque
también ha perdido la posibilidad de renovarse, de pasar la hoguera de
la purificación política.
Por último, creo que tenemos dos motivos para sentir espoleada
nuestra conciencia. Aminetu Haidar mostró el rostro de las causas
humanas. Es el icono de una reivindicación irreprochable, pero también
la imagen del conflicto en África. Hizo visible la causa saharaui y
nuestra posición en medio de un gran agujero de inseguridad cuyas
consecuecias son imprevisibles. El conflicto nos ha devuelto el recelo
y el miedo.
Pero si alguién logró conmocionar nuestra conciencia más íntima fue la
injusticia cometida con Diego Pastrana, el padrastro de Aitana, la
niña de tres años fallecida en Tenerife. Nos habíamos acostumbrado a
convivir en una pecera de pirañas alimentadas día a día, con sangre y
visceras, por todos. Pusimos en la picota y en peligro demasiados
valores que habrá que ir recobrando.

