los blogs de Canarias7

Archivos Diciembre 2009

Me pregunto si ha cambiado Canarias, de forma significativa, en el
último año; si existen elementos que han influido en nuestro
comportamiento como sociedad. He encontrado tres hechos que, desde mi
humilde perspectiva, tienen un significado común: la devastadora
crisis económica, la salida de López Aguilar y los problemas de
conciencia en los casos 'Aitana' y 'Aminetu Haidar'.

La crisis económica ha cambiado las expectativas de todos. Ha sido un
frenazo en seco para los que, anonadados por el relumbrón económico de
los últimos 20 años, habíamos olvidado que las cosas podrían
cambiar... para ir peor. No habíamos despegado del todo cuando, de
nuevo, estamos los canarios preparándonos para ser más pobres y
dependientes.

La crisis económica ha arruinado muchos planes, especialmente los de
los que tenían confiado a su empleo un proyecto de vida. Nadie 'ES' si
no tiene la dignidad de poder realizar sus planes,( que, en ocasiones,
supone ganar el pan de cada día ), sus proyectos de vida; los propios
y los de su familia. Quiénes tenemos empleo no podemos imaginar el
sufrimiento de quienes lo pierden, y de lejos, muy de lejos,
adivinamos su frustración.

Después están los proyectos empresariales. Muchos han quedado en la
cuneta, aparcados hasta un mejor momento. La crisis acucia a todos,
expulsa a los más débiles, refuerza a los necesarios para sobrevivir
y abre oportunidades a los que tienen vocación de riesgo. Es aquí
dónde los canarios tenemos el mayor reto. La crisis posibilita
transformar nuestro sistema productivo y dar paso a una renovación
generacional. Creo que, en general, la clase política está convencida
de que Canarias necesita refozar y ampliar el sector turístico e
iniciar otras aventuras de diversificación. Ideas, proyectos y
expectativas existen. Sólo falta el impulso necesario y la adecuada
comprensión y protección de los poderes públicos para dar el salto.
De lo que no están convencidos los políticos y algunos empresarios es
de la necesidad de dar el relevo a las nuevas generaciones de
canarios. Hoy , los que inician su etapa productiva pertenecen a la
generación mejor preparada de la historia de Canarias. Debemos dejar
paso a los más jóvenes. Abrir camino a políticos que comienzan a
militar y a despuntar en sus organizaciones y al frente de
instituciones públicas. Deben empujar los empresarios y profesionales
que trabajan en distintos sectores después de haber recorrido el mundo
formándose y llenando las alforjas de ideas que quieren desarrollar en
sus islas. Hoy, instituciones políticas y empresariales siguen en
manos de las mismas personas que hace 20 años gestionaban nuestro
destino. Algunas de ellas han pasado por todas y quieren acabar con
las botas puestas.

Los partidos deben dejar paso a sus jóvenes, los padres a los hijos y
las instituciones dejar que corra el aíre. No logro entender que
organizaciones privadas, como la Confederación Canarias de
Empresarios, o públicas, como la Cámara de Comercio, por poner sólo
dos ejemplos claros, preparen los relevos en sus directivas y
busquen, otra vez, entre los mismos candidatos, entre las mismas caras
y las mismas economías. Sin renovación generacional será imposible
acometer un cambio del modelo productivo y seguiremos reproduciendo
los mismos esquemas de dependencia y pobreza.

Como segundo hecho, el año en Canarias deja atrás a Juan Fernando
López Aguilar. Dicen sus heridos seguidores que han triunfado los
poderes fácticos canarios, los mismos que mantienen atados los
negocios y a los partidos políticos. Creo que somos muchos los que
vimos en Aguilar la posibilidad del cambio que Canarias necesitaba,
pero también vislumbramos, muy pronto, en él a un hombre atormentado
por los fantasmas ideológicos, cargado de odios y revanchismo contra
sus adversarios. Aguilar dilapidó su momento político y el de un gran
partido, como lo es, el de los socialistas canarios. Ha triunfado la
cordura política. No se puede liderar un proyecto en el que no se
cree. No se puede cambiar la realidad con una libreta llena de
esloganes, de ideas y proyectos sociales ya desechados. No se puede
hacer política desde la liquidación del adversario, como se pretendió
hacer desde la Policía, desde la Fiscalía y desde los tribunales de
Justicia. No fueron los poderes fácticos los que cerraron la etapa
Aguilar; fue el sistema el que funcionó y terminó por expulsar a
quien pretendió utilizarlo de forma poco democrática. Creo que
Canarias ha ganado al consolidar su propio tejido democrático, aunque
también ha perdido la posibilidad de renovarse, de pasar la hoguera de
la purificación política.


Por último, creo que tenemos dos motivos para sentir espoleada
nuestra conciencia. Aminetu Haidar mostró el rostro de las causas
humanas. Es el icono de una reivindicación irreprochable, pero también
la imagen del conflicto en África. Hizo visible la causa saharaui y
nuestra posición en medio de un gran agujero de inseguridad cuyas
consecuecias son imprevisibles. El conflicto nos ha devuelto el recelo
y el miedo.

Pero si alguién logró conmocionar nuestra conciencia más íntima fue la
injusticia cometida con Diego Pastrana, el padrastro de Aitana, la
niña de tres años fallecida en Tenerife. Nos habíamos acostumbrado a
convivir en una pecera de pirañas alimentadas día a día, con sangre y
visceras, por todos. Pusimos en la picota y en peligro demasiados
valores que habrá que ir recobrando.

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La de Cándido Reguera no es la mejor manera de llegar a ser alcalde de una corporación. Quizás sea esta la última oportunidad de un político que siempre ha vivido en un segundo plano y aspirando al primero. Hoy, por fin, es alcalde con mando en plaza, pero lo es con una soga al cuello y una pesada piedra al otro extremo. No sólo está amarrado a dos concejales imputados en el caso Unión , sino al lastre de los compromisos con una fuerza política que contamina todo lo que toca. Incurre el Partido Popular en el mismo error que el Partido Socialista. Caminar de la mano del PIL es pactar con el diablo. Es saber que, irremediablemente, te contaminará, que te arrastrará al abismo. Es, además, una flagrante contradicción ética para un partido que, a pesar de los errores y la provisionalidad orgánica en la que lleva muchos años en Lanzarote, ha logrado mantener cierta distancia de los contaminados actores de la escena política lanzaroteña.
La paz institucional y la gobernaza es endiablada en Lanzarote y a eso de agarra el PP. Por la misma razón que se ha implicado con Dimas podría el PP permanecer al margen de la situación, convertirse en una alternativa real para los ciudadanos de Arrecife y de Lanzarote y optar a gobernar en el futuro. Por la misma razón podría el PP apoyar a Pérez Parrilla y mantener de forma crítica una oposición constructiva y pasar, de una vez por todas en esa isla, de la convicción de que sólo desde el poder se ganan las elecciones. Es la tesis es Dimas, la que contamina y la que lleva a la cárcel. Es el fuego fascinador de Dimas, el que a todos atrae y a todos quema. Hora acabó en Lanzarote con el código de buena conducta del PP y las expectativas de ser alternativa.

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A las 18.00 horas del jueves, la portada de CANARIAS7 llevaba un titular a cinco columnas que decía que el regreso de Haidar a su casa era inminente. Todos los datos apuntaban a que así sería, y optamos por una foto que se pudiese levantar si, finalmente, Aminatu viajaba esa noche a El Aaiún y obteníamos la deseada imagen saliendo del hospital, como así fue. Durante varias horas la portada del periódico estaba sostenida por ese titular y una foto del camión utilizado por los cooperantes españoles secuestrados hace ahora quince días en Mauritania por Al Qaida, que llegó al Puerto de la Luz procedente de ese país. La portada que nunca vio la luz provocaba una seria reflexión: África, que hasta ahora era una oportunidad para Canarias, se estaba convirtiendo en un problema.
Hace dos año la Cámara de Comercio Americana irrumpía en las islas con una idea: convertir Canarias en una plataforma de servicios hacia África. Era el espacio más europeo cercano al continente con mayores cotas de seguridad y calidad de vida para instalar empresas, empresarios y funcionarios que trabajarían desde aquí en el continente vecino. Estaban en juego más de sesenta mil millones de euros que la administración Bush pensaba invertir en distintas áreas de desarrollo en el continente vecino. Estaba detrás el interés por el petróleo del Golfo de Guinea y de la línea Canarias-Sáhara, más asequible que el obtenido en medio de un costoso conflicto bélico en Oriente. Políticos canarios hicieron comprender a la administración de Zapatero la necesidad de hacer de las Islas un espacio de seguridad frente al convulso continente africano, escenario de la pugna de intereses entre Europa, China y Estados Unidos, administrando estas potencias las guerras y miserias locales. Asentar en Canarias los diversos intereses en pugna de las potencias serviría para proteger a las Islas de cualquier conflicto. En esa línea se crea la Casa África y Cruz Roja Internacional optó por instalar en Gran Canaria su centro de distribución internacional hacia África, al mismo tiempo que se ponía en marcha una línea marítima con Tarfaya y varias líneas aéreas.
Desde el Gobierno de Canarias, desde las Cámara de Comercio y desde las confederaciones de empresarios se inicia una serie de acciones encaminadas llegar a África. Se refuerzan determinados servicios de información y otros de seguridad internacional al mismo tiempo que se avanza a gran velocidad en acuerdos con Marruecos para trazar la mediana y la explotación conjunta de los recursos naturales que pueden existir en el subsuelo submarino. El discursos político canario se impregna de un nuevo elemento en la percepción del futuro de Canarias: África. El Plan Canarias se articuló con este extremo como eje esencial de la diversificación de la economía. Nada debe cambiar en esa estrategia a pesar de que la crisis Haidar y el secuestro de los cooperantes catalanes ha puesto ante nuestros ojos la otra cara de la moneda, el peligro de ser frontera de una de las zonas más calientes del planeta y de que los acontecimientos se nos vuelvan en contra.
Por ello es muy preocupante que España no haya logrado resolver el caso Haidar con sus propios medios, en una relación bilateral de fuerza. A España le corresponde ser el vecino próximo de un país complicado, un país enfrentado a su propio drama y a los que le imponen la situación de Magreb. Madrid fue incapaz también de mover sus fichas en el tablero internacional, especialmente en la Unión Europea y en Estados Unidos, países que han intervenido en última instancia y dando a Marruecos la victoria política y a Haidar la victoria moral. La situación estratégica de España y especialmente de Canarias exige que el Gobierno de Zapatero sea contundente en la defensa de la seguridad con Marruecos y en las alianzas internacionales. Este episodio deja en muy mal lugar a España en el contexto internacional, su indefinición, su buenismo, su idealismo planetario, plantean serios problemas a la seguridad de Occidente, de la que Marruecos se ha convertido en guardián a precio.
El Gobierno de España y el gobierno Canario, al que nadie en Madrid ha consultado su posición y al que nadie comunicó la resolución del conflicto a pesar de su saber estar en el conflicto, deben continuar, con mayor ahínco, en sus planes de neutralidad de Canarias y de expansión hacia el vecino continente. Zapatero debe a Canarias ejecutar plenamente los planes de seguridad que se iniciaron con la crisis de las pateras, tanto desde el punto de vista de la defensa y la seguridad, como desde el diplomático y el económico. Sólo desde una posición de ventaja en Canarias en cuanto se convierta en plataforma de intereses múltiples a nivel internacional y desde una posición estratégica de fuerza en el contexto internacional, se puede garantizar que Canarias siga siendo en África una basa y una oportunidad.
Zapatero, en su agenda internacional para presidir la Unión Europea, debe colocar este asunto como prioritario. Ayer sonaba a demagogia el anuncio de Moratinos de dedicarse en cuerpo y alma a la causa palestina durante la presidencia de la Unión Europea, cuando acaba de salir de una crisis de la misma naturaleza en las puertas de su casa.

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Entre los múltiples errores del Gobierno español en la gestión de la crisis Haidar sobresale uno que produce indignación: Moratinos engañó durante un mes a los españoles y puso en riesgo la credibilidad de las instituciones del Estado con el único fin de salvaguardar su propia ineptitud. Supo desde el principio que Marruecos tenía la intención de expulsar a Haidar del Sáhara y supo que, a pesar de sus protestas verbales a través de la línea telefónica, Marruecos metió en un avión de vuelta a Lanzarote a la activista saharaui. Moratinos no valoró adecuadamente la capacidad de lucha de Aminetu Haidar, ni las consecuencias de su flojera diplomática frente a Marruecos. A pesar de que vio crecer el problema día a día y que uno de los aspectos claves del debate político y público era conocer quién la dejó pasar en la frontera, nunca se dio por aludido. Escurrió el bulto cuando se le preguntó por este asunto, y como mínimo no desmintió nunca nada de lo que al respecto se decía.
Moratinos obligó al presidente del Gobierno y a la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, a mentir y culpar de la entrada ilegal a la propia Policía, que siempre actuó correctamente. Y lo que es más grave: colaboró y fue cómplice del atropello de los derechos humanos de una saharaui que, gracias a su valor personal ha logrado ganar la partida desde un pequeño cuchitril del aeropuerto de Lanzarote.
El Gobierno en este asunto ha actuado desde el nerviosismo. Una vez más no ha manejado adecuadamente las claves de la crisis y ha transmitido la sensación de descoordinación y de desgobierno. Una situación que se puede volver a repetir si los rumores que corren sobre el secuestro de los cooperantes en Mauritania llegan a confirmarse.

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Dice el escritor canario Santiago Gil que los recuerdos terminan por difuminarse con el tiempo. Son como sombras que aparecen ante nuestros ojos, los del alma, y con la misma velocidad se arrinconan para seguir viviendo el irremediable presente. Los recuerdos son amigos fieles, con sus virtudes y sus defectos, y el escritor conserva nítidas imágenes del pasado, entre ellas muchas de las vivencias de la niñez que se hacen presentes, hilvanadas en sus textos, logrando confundir mis propios recuerdos, los que conservo de compartir con él parte de nuestra juventud en Santa María de Guía.
En su columna del domingo en CANARIAS7 cuenta los recuerdos que conserva de su abuelo, corresponsal en el norte de Gran Canaria y el cajón en el que la familia conservaba los artículos de prensa publicados por él. Yo conservo en mi retina los que su padre exponía como reliquias en la tienda de quesos y vinos que regentó, durante mucho tiempo, en la entrada del pueblo y que ahora es reivindicada por los guienses como parte de la historia de la ciudad. Los releía con deleite, pensando que algún día compartiría la magia de ver impresas mis propias letras y mis ideas en un periódico.
Pero si algo aprecio de los recuerdos de esa época son los valores con los que crecimos. Recuerdo, sin sombras, la honestidad intelectual y ética de Santiago Gil. Desde que lo conozco he estimado en él la transparencia para vivir, el compromiso con los que le rodean, la fidelidad y la cercanía. En cada uno de sus libros y en cada una de sus 'Psicografías' semanales, resuma ese compendio de valores que nacieron y se cultivaron en las calles de Guía y que trasmiten la esencia de los 'hombres buenos'.
Hoy, Santiago Gil, pertenece a esa generación de escritores canarios consagrados, que han logrado superar los tópicos isleños y hacer literatura universal. Ayer fue un día importante para él y para los canarios que creemos en la savia nueva, aquella que conjuga la tradición y el futuro; generación que cree que es posible otra sociedad canaria mucho más cercana a las utopías, que se nutre de toda la sabiduría de siglos de historia peculiar, la que nace de la comprensión del momento y no del rencor. Ayer el escritor canario presentó en Las Palmas de Gran Canaria su nuevo libro, 'Las derrotas cotidianas', del que sólo he podido leer las galeradas que ofreció Pleamar, pero que espero tener en mis manos para disfrutarlo, este fin de semana.

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En este mismo espacio expresaba hace quince días mis dudas sobre la foto de Aminatu Haidar en el aeropuerto de Lanzarote en relación a la posición canaria en África y a los conflictos que nos rodean. Ningún territorio vecino reúne las condiciones de democracia y libertad para que los cientos de conflictos que asolan el continente tengan eco internacional. Es la democracia la que permite que la información circule libremente, que los estados de opinión prosperen y que las causas justas tengan el eco que merecen.
La incidencia de la huelga de hambre de Haidar, de estar en este momento en su casa de El Aaiún, no hubiese tenido éxito alguno, ni en Marruecos, ni fuera de Marruecos, más allá de algún artículo aislado en algún periódico nostálgico.
El caso Haidar, los errores del Gobierno de España, han colocado un foco en las Islas que amplifica a nivel mundial su causa. Nos ha colocado en la más absoluta visibilidad internacional, tanto para sus justificados ideales como para otras causas no tan justificadas y de mayor riesgo para nosotros, como las que mueven a las organizaciones terroristas que sostienen secuestrados a cuatro españoles en el desierto.
El caso Haidar ha derrumbado un muro de seguridad, hasta ahora defendido débilmente por la diplomacia española en distintos acuerdos con Marruecos. Una opción política en materia de exterior legítima pero que, a la vista de los resultados, nos coloca, especialmente a Canarias, en el disparadero de la inseguridad que nos rodea.
A partir de ahora, después de este grave error diplomático de España al dejar que Marruecos imponga su voluntad sobre este asunto, Canarias podrá ser el escenario de cualquier reivindicación del convulso mundo árabe y subsahariano. La experiencia de estos últimos 25 días hay que analizarla también desde esta perspectiva, no sólo desde las aspiraciones humanitarias de Haidar y de las que sostienen quienes la rodean desde el ámbito político. Para Canarias, la firmeza del Gobierno de España con la política africana es absolutamente imprescindible, como es imprescindible la adecuada y pronta resolución del conflicto del Sáhara. La debilidad española en materia internacional nos ha colocado en el centro del huracán, en el peor de los escenarios posibles, en medio de conflictos sin resolver como el del Sáhara, el terrorismo internacional de Al Qaeda, cuyas sedes están ubicadas a menos de doscientos kilómetros de las Islas. Estamos en los límites de la frontera en la que vive la más insultante pobreza. Nos rodean una serie de estados fallidos en los que proliferan los regímenes corruptos, el tráfico de armas y de seres humanos. Un auténtico polvorín en una especie de tierra de nadie, escenario de poderes encontrados, que hace frontera con Canarias.
El terrorismo islamista y la expansión vertiginosa del radicalismo en las fronteras de Marruecos, en la zona del Sahel, han constituido hasta hoy la mejor garantía de Marruecos para mantener en vilo a Occidente y someternos al chantaje sinuoso, por otro lado inaceptable para un estado democrático como España. La cooperación de Marruecos en la lucha contra la inmigración ilegal o el terrorismo resulta vital para nuestra seguridad. Pero es un error plantear esta relación desde la debilidad, entre otras cosas porque Marruecos abre y cierra sus fronteras cuando quiere.
Centrar el tema en una cuestión estrictamente legal, como hace el Gobierno de Zapatero, es otra mentira en esta crisis y desvía la atención de los problemas de fondo, entre ellos la debilidad de España y de Canarias. Si el problema Haidar no se ha solucionado es porque una de las dos partes no quiere y en este caso es Marruecos quien se planta y España quien cede. Marruecos no la quiere recibir y Moratinos no tiene suficiente fuerza para imponer la única solución posible: enviarla a El Aaiún, donde vive su familia. Lo que me temo es que Zapatero (no el Rey) está convencido de que la vida de Haidar no es sacrificio suficiente para deshacer su política exterior para Marruecos y plantarse ante Francia y ante la UE.

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Aminatu Haidar está siendo un fuego purificador para la izquierda española. Me congratulo de que los artistas e intelectuales tengan, por fin, una causa justa e irreprochable que defender, como es la cuestión del Sáhara y la de una mujer como Haidar. Las otras causas han sido siempre bastante sospechosas y algunas de muy dudosa legitimidad ética e ideológica.
No creo que las víctimas de ETA puedan apreciar mucho a nuestros artistas. Han mantenido posturas ambiguas por el simple hecho de considerarlas "organizaciones de derechas". De la misma manera, no estoy convencido de que el apoyo a Haidar fuese el mismo si ésta fuera cubana y pidiera la libertad de los presos políticos.
Después del discurso de Obama, en el que reconoce que existen "guerras justas", puede ser que nuestros artistas comiencen a arrepentirse de su 'No a la guerra'. Como mínimo deben estar rumiando el asunto. Si tienen honor intelectual, que se supone, reconocerán que Obama les ha defraudado en sus expectativas. Espero también que no traten de justificarlo con el manido argumento de las posibilidades del poder. Es más, creo que no se pueden justificar las diferencias entre distintas guerras, las que hace la derecha, ilegales y unilaterales, y las que hace la izquierda, legales y multilaterales. Las guerras son guerras, siempre cruentas, injustas e indeseables para la condición humana y algunas veces, como lleva siglos diciendo la Santa Madre Iglesia Católica y ahora Obama, necesarias para frenar la barbarie mayor. No nos debe servir el argumento de que las guerras legales son mejores que las ilegales. No nos debe servir que las guerras de la izquierda son mejores que las que declaran las derechas, como no nos debe servir que las dictaduras de la izquierda son más legítimas que las de derechas.

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En esta misma columna pedimos perdón, el pasado domingo, a Diego Pastrana y a su familia por sumarnos a su condena pública, aclarando que lo hicimos desde los datos, absolutamente fiables, que teníamos en nuestro poder y convencidos de que los malos tratos a menores es un tema de interés público. Había dejado de flagelarme con este asunto y, después de ver al hermano de Diego en un programa del corazón el viernes y saber que el mismo Diego podría haber firmado un contrato, más me cuestiona este asunto, porque después de una sincera preocupación general, hemos vuelto al punto de partida: en la actualidad la inocencia es también carne para las pirañas.
Recapitulemos. Yo no me arrepiento de haber dado esa noticia; es más, no me arrepiento de impulsar la información y hasta los debates internos, por no haber reparado lo suficiente en el hecho informativo y maltratar el asunto en nuestras páginas el día que murió la menor.
No faltamos nunca a la verdad, a la verdad que imponen los protocolos de trabajo que establecemos para verificar la información que damos a nuestros lectores con todas las garantías. Teníamos una nota de prensa de la Guardia Civil, la confirmación médica del diagnóstico y otras informaciones, de fuentes gubernamentales,absolutamente fiables. ¿De qué tenemos que pedir perdón en este asunto? Sentimos remordimientos por haber sacrificado a una persona inocente. Falló el sistema y entre todos apuramos las consecuencias. Nosotros, los periodistas, posiblemente vivimos la angustia de una crisis de indentidad, de no saber exactamente qué es lo que debemos hacer ante una opinión pública que yo denomino la pecera de las pirañas, a la que hay que echar más carnaza, más sangre y más sexo cada día. Nuestro pecado como periodistas, como medio, es dejarnos seducir por quién así concibe la comunicación hoy en España y por quién, con ánimo totalitario y desde las instituciones, la practican.
¿Dónde quebró más estrepitosamente el sistema? Desde mi punto de vista en el momento en el que quiebra la presunción de inocencia, y no sólo en su vertiente jurídica, sino también en su uso democrático. La presunción de inocencia tiene mucho que ver con el cómo percibimos a los acusados, y es evidente que aquí todos sentenciamos y condenamos socialmente a Diego cuando la doctrina democrática propugna que se es inocente hasta que se demuestre la culpabilidad.
Hoy en España esta perversión democrática de la presunción de inocencia, es una opción política y social, una perversión pensada y consentida por todos. Imputar, una figura jurídica que refuerza la presunción de inocencia y las garantías de un denunciado o investigado, se ha convertido en un arma arrojadiza de condena social y política. Es tan potente la figura en la prensa que, siendo facultad de un juez, es la Guardia Civil, la Policía y el Gobierno los que imputan en sus notas de prensa. Este es sólo un ejemplo de muchas perversiones a las que ya es hora de poner nombre. Y es curioso que quienes más han abusado de esta opción para condenar a inocentes, especialmente a políticos, son hoy los que más se rasgan las vestiduras con la actuación de la prensa con Diego Pastrana.
En esta pecera de pirañas, hace tiempo que quebró, no sólo la presunción de inocencia, sino la decencia. La información espectáculo no es una opción de comunicación exclusiva de los programas rosas y realities. El Gobierno de Zapatero practica y abusa de esta política continuamente. La masa se percibe como a pirañas hambrientas a las que hay que dar cada día una ración de sangre. Es ese el último triunfo de la ingeniería del marketing gubernalmental en la última etapa. Ofrecer espectáculo a costa de la corrupción, a costa de los grandes sucesos que conmocionan a las masas, además de introducir debates sobre aspectos religiosos o morales que afectan a la conciencia. Cada vez que esto se ha hecho, ha quebrado la presunción de inocencia en su dimensión más democrática, menos formal o jurídica, aunque creo que ambas son indisociables. La condena en sentencia firme, debe suponer la condena social, y no al revés.
En el caso de Pastrana se quebró la presunción de inocencia cuando la Guardia Civil envió a los medios de comunicación una nota informativa en la que daba cuenta de forma escabrosa del suceso. Después de relatar los hechos, de forma lacónica y con tono de narración de suspense, acaba con una lapidaria conclusión: «La víctima es una niña de tres años». Un punto y seguido que pone los pelos de punta y que activa, irremediablemente, todos los mecanismos de defensa humana de los menores. El espectáculo ha comenzado.

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La diplomacia española dio ayer otro espectáculo en el Aeropuerto de Lanzarote a cuenta de sus relaciones con Marruecos. Por sorpresa, sin previo aviso, el jefe de Gabinete del ministro de Asuntos Exteriores comunicó a la Plataforma de Apoyo a Aminatu Haidar que se había suscrito un acuerdo con Marruecos. Nadie conocía los pasos dados por la diplomacia española en este sentido. Sólo la presencia de Carolina Darias en la isla daba pistas de que alguna solución se gestaba. A las 18.00 horas un avión medicalizado esperaba ya en la pista de Guacimeta para trasladar hasta El Aaiún a Haidar de forma inmediata. La noticia recorrió el mundo y la alegría desbordó a los colaboradores de Haidar. La activista abandonaba el rincón de su exilio en camilla, con una amplia sonrisa, entre aplausos y haciendo el signo de la victoria. Acababa la protesta de una defensora de los derechos humanos en relación a su situación y se daba paso a la intervención y el acuerdo de dos Estados soberanos. El acuerdo contempla el traslado, su seguridad en el Sáhara y la posibilidad de documentarla en el futuro. La activista aceptó aunque, conocedora de las tretas utilizadas por Marruecos, no dejó la huelga de hambre, en la que sigue después de 15 días.
Marruecos exige en el último minuto el plan de vuelo del avión, que debió ser tramitado con 24 horas de antelación. El castillo de naipes se desmorona ante la mirada atónita de la prensa internacional. Era otra clara provocación de Marruecos para apurar las contradicciones y probar, de nuevo, la templanza y la debilidad de España.
En esta aciaga tarde de tensión diplomática, y al margen de la tibieza española, para Haidar es una victoria con la que demuestra al mundo que al país que quiere regresar sigue sin ser de fiar.

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Imagen Thumbnail para inés.jpgHace tiempo que nos conocemos. Nos perdimos la pista en el laberinto de la vida, pero nunca nos hemos perdido de vista. He seguido tu trayectoria como abogada, tu lucha por los derechos humanos y los merecidos reconocimientos internacionales. He leído todas las entrevistas que has concedido en estos años y en estos días he seguido cada uno de los pasos que has dado como abogada de Haidar. No quiero dejar pasar esta oportunidad para expresarte mi admiración por tu trabajo y por estar en el mismo sitio, con las mismas armas, con la misma elegancia y frescura en tu profesión, puesta al servicio de los más desfavorecidos de la tierra. De forma discreta has ido construyendo un imaginario en torno a mucha gente que necesita tu sabiduría como mujer y como abogada.
Ayer me quedé en el sillón pegado a la tele para verte en 59' y te reconozco que no me sorprendió que anunciaran que no estarías en el programa. Casi que lo intuí cuando supe que estaría en la mesa Zerolo defendiendo las tesis del PSOE. Fue una sabía decisión no someterte a un desgaste político en el que no estás, ni estarás, aunque algunas causas políticas estén más cercanas a tu ideario. No te perdiste nada y has ganado mucho más. Volviste a darnos una lección de prudencia y saber estar. Un abrazo y espero verte pronto.

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La opinión pública, las instituciones implicadas y sus políticos buscan desesperadamente un responsable único sobre el que verter toda la impotencia del mayúsculo error cometido con Diego Pastrana al imputarle la violación y los malos tratos a Aitana. Lo que más nos gustaría en este momento es ponerle rostro al médico que hizo el parte de lesiones que dio pie a la investigación y, literalmente, triturarlo. Tengo la sensación de que estamos incurriendo en el mismo error, repitiendo el mismo esquema, haciendo exactamente lo mismo que hicimos con Diego: señalarle públicamente antes de que las pruebas fuesen lo suficientemente contundentes, apuntarnos al espectáculo, ahora a cuenta de las responsabilidades. Si existen culpables, que los hay, deberán serlo después de investigarlos a instancia de la familia o de Sanidad, que guarda silencio en este extremo. Si la familia dice que irá a buscar responsabilidades en el sistema de salud y la opinión pública tiene dudas de su actuación, creo que se está tardando en abrir esa investigación.
Pero buscar responsabilidades en Sanidad no es suficiente. Estamos olvidando que fue la publicidad dada por la Guardia Civil la que disparó todas las alarmas en los medios de comunicación. Dijeron en una nota de prensa que detuvieron a un joven acusado de agresión sexual y malos tratos a una niña de tres años y pasearon al culpable ante las cámaras. La Delegación del Gobierno en Canarias, responsable de la comunicación policial, guarda un silencio sigiloso sobre este tema.
Al hilo de esta reflexión me hago preguntas que me angustian. ¿Si la Guardia Civil hubiese sido cautelosa al informar del caso estaríamos ante este problema? ¿Qué hubiese ocurrido con Diego si su hijastra no hubiese muerto y no se le hubiese practicado la autopsia que reveló que no fue maltratada?

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