El comisario Ignacio Badenas ha sido una víctima más de ese afán del Partido Socialista, y de sus satélites sindicales y culturales, de dividir el mundo entre ellos, los buenos y 'progres', y los del PP, fachas irredentos al servicio del mal.
Badenas ha sido víctima de la politización que sufrió la Policía en Canarias. Todos los que lo conocemos, incluidos jueces y fiscales, sabemos que es un profesional que aplica con rigor la ley, que no se casa con nadie. Quizás por eso levanta simpatías en la Judicatura y entre los que consideramos que por encima de los partidos, las ideologías y los intereses está la aplicación de las reglas del juego.
Es comisario por oposición, y como comisario le corresponde una jefatura. Ningún partido le ha dado nada que no le corresponda por méritos propios y sólo el PSOE, siempre sospechando de todo en sus casas de brujas, lo maltrató profesionalmente.
Narciso Ortega le quitó las investigaciones sobre los casos de corrupción, convertidos en auténticas causas generales en manos de la Brigada de Información. Tan desafortunada fue la decisión y las actuaciones de esa Brigada que Madrid obligó a Ortega a reponer a la Brigada de Policía Judicial en estas operaciones, al frente de la que estaba Badenas.
Ninguno de los actuales responsables de la Policía lo querían cerca del poder, cerca de aquellas brigadas que trabajaban en 'operaciones sensibles'. Por segunda vez vuelve a ser víctima, ahora de la actual jefa superior, en una operación para relevarlo de su puesto. Le ofrecen la Jefatura Provincial y la ocupa. Convocan el concurso y lo declaran desierto. Mientras Badenas ocupaba su despacho en la planta nueve como primer jefe de la provincia de Las Palmas, su puesto de inspector jefe de la Brigada de Policía Judicial era ocupado por otro destacado miembro del Sindicato Unificado de la Policía. Tuvo que ser la Justicia la que puso las cosas en su sitio, como así ha sido hasta que se supo que Badenas daba un portazo de la mano del Gobierno de Canarias a toda la tropa del Partido Socialista al frente de la Jefatura Superior de Policía.
Ahora sólo queda desearle suerte en su nuevo cometido. No será fácil poner en marcha un cuerpo en el que sólo están empeñados los nacionalistas. Está en un puesto en que tendrá que lidiar con intereses políticos y fuertes presiones, sobre todo de la casa que ahora deja. Con toda seguridad sabrá salvar, como lo ha hecho hasta la fecha, la profesionalidad.

Casas de brujas? Estás bonito, colega